—¿¡A-Ah!? ¿¡Me estás diciendo que tu madre tiene novio!?
—Grítalo un poco más fuerte, por favor. Creo que al final de la calle todavía quedó gente sin enterarse.
Por supuesto, Sakuya ignoró olímpicamente el sarcasmo. Se llevó una mano a la frente, intentando procesar la avalancha de información.
—P-Pensar que Maya-san conseguiría pareja... Bueno, fea no es, pero... ¡Un completo desconocido!
Siendo sincero, a Sakuya todo ese asunto de la atracción le resultaba de lo más incómodo. A veces extrañaba sus años de infancia, cuando a nadie le importaban esas tonterías y solo se preocupaban por jugar.
—¿Y qué más te ha dicho?
—Nos reuniremos con él en dos días en el parque de diversiones para hacer las presentaciones oficiales —explicó el rubio.
Al segundo siguiente, Sakuya sintió un tirón en la manga. Ryouhei lo había sujetado con un reflejo impecable. ¿En qué momento había aprendido a moverse tan rápido?
—Así que ven conmigo —suplicó el rubio, mirándolo con seriedad—. Te necesito allí.
—...
Sakuya suspiró. La historia del día anterior se repetía de forma exacta, solo que a la inversa.
—Pero... ¿no seré un estorbo en una cita así?
—Hablé con mamá y estuvo de acuerdo en que vinieras. Ir solo nosotros tres sería un bloque de hielo andante. Si vienes, ayudarás a aligerar el ambiente.
—¿De acuerdo...?
Qué rápido planeaban todo en esa familia. En fin, Sakuya no tenía cara para negarse cuando él mismo le había rogado casi el mismo favor el día anterior. Además, admitía tener cierta curiosidad. ¿Qué clase de tipo salía con Ameri-san? ¿Sería un sujeto de fiar o un peligro en potencia?
—Puedo ver en tus ojos que ya estás armando una teoría de conspiración. Regresa a la Tierra, Sakuya.
—Ah, sí... Lo siento.
Dos días más tarde...
—¿¡Tú!?
—Jaja. Hola, chicos.
La persona que los aguardaba en la entrada del parque de diversiones no era, ni de cerca, una desconocida. De hecho, era alguien a quien saludaban con regularidad en el vecindario.
Allí estaba Ren, solo que esta vez lucía el cabello un poco más corto y vestía ropa casual de civil. El uniforme de la policía no aparecía por ningún lado.
—Supongo que logré sorprenderlos. ¿¡Uahh!?
—¡Tramposo! —bramó Sakuya, abalanzándose sobre él como un felino rabioso—. ¿Cómo te atreves a ponerle las manos encima a Maya-san? ¡Nosotros confiábamos en ti! ¿Desde cuándo salen? ¡Responde, traidor!
Sakuya le clavó los dientes en el brazo sin contemplaciones. El pobre oficial chilló del susto, completamente intimidado por el repentino ataque del adolescente, mientras Ameri y Ryouhei se limitaban a sonreír a un lado, divertidos por la escena. A pocos metros, la imponente Briss observaba la escena moviendo la cola, sin la menor intención de mover una pata para rescatar a su dueño.
«Con que Ren-san...», pensó Ryouhei, cruzándose de brazos con una sonrisa satisfecha.
Si lo analizaba fríamente, no era una mala opción. Gracias a él y a los instintos de Briss, habían logrado frustrar el secuestro hacía cuatro años. De no ser por su oportuna intervención, Sakuya no estaría hoy allí, respirando y quejándose a su lado.
—¿Hace cuánto tiempo están saliendo formalmente, mamá?
—¿Hmm? Bueno... creo que ya va para un año y medio. Al principio no éramos muy conscientes de las intenciones del otro. Todo empezó con saludos casuales cuando lo cruzaba en la calle durante sus patrullas. Luego pasamos a conversar un poco más, y terminamos compartiendo algunas comidas. Supongo que, en algún punto, se transformó en esto.
—Hmm.
Ryouhei asintió. Así que las relaciones ordinarias también podían progresar de esa manera tan natural. Giró la cabeza hacia su amigo.
—¿Hasta cuándo piensas seguir mordiéndolo, Sakuya? Ren-san no ha hecho nada malo.
—¡Es que nunca nos dio ni una sola pista!
—Bueno, ya que estamos aquí y él insistió en invitarnos, propongo que aprovechemos para pedir un par de caprichos —sugirió Ryouhei con una sonrisa zorruna—. Después de todo, tiene que esforzarse por dar una excelente impresión como pretendiente, ¿no es así, oficial?
—¿¡Ah!? —Ren lo miró, sudando frío ante la mirada calculadora del hijo de su novia.
Definitivamente, el policía no se iba a salvar del "trato especial" del ingenioso Ryouhei.
Para la tarde, el presupuesto de Ren estaba temblando seriamente.
Los chicos no habían tenido piedad. Demostrando una energía incombustible, exigieron repetir la montaña rusa tres veces seguidas, dejando al pobre policía con el estómago revuelto y el equilibrio destrozado. Por si fuera poco, Sakuya parecía tener un radar para los puestos de comida más costosos del parque, arrastrándolos de un lado a otro.
Mientras los adolescentes se adelantaban a la fila de los churros, Ren se rezagó un poco junto a Ameri, observándolos con una sonrisa nostálgica.
—Casi se siente como si ya fuéramos una verdadera familia...
—¿Las familias se dedican a consumir los ahorros de los demás de esta forma? —bromeó el oficial, aunque su mirada era sumamente cálida—. Pero... me alegra ver a Sakuya así. Saber que logró superar las secuelas de lo que pasó hace cuatro años me quita un peso de encima. Verlo reír y correr libremente por el parque es un alivio.
Ella lo miró y asintió, conmovida.
—Mucho de eso se lo debemos a Ryouhei —comentó ella en voz baja—. Desde el día del incidente, mi hijo no dejó de visitarlo ni una sola semana. Se encargó personalmente de remendar su confianza y de recordarle que el mundo exterior no era un lugar inherentemente peligroso. Su persistencia con Sakuya es algo que sigo admirando a día de hoy.
A unos metros de distancia, detrás de un gran arbusto decorativo, dos cabezas se asomaban discretamente.
—¿Qué tal van las cosas por allá? —susurró Sakuya, aguzando la vista.
—Parecen estar en su propio mundo —informó Ryouhei, divertido—. Hablan con total tranquilidad, sin tartamudear ni ponerse nerviosos.
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Editado: 16.07.2026