Cambiando tu Destino Vol 1

19

El lugar irradiaba un estatus que rozaba lo hostil. No era solo lujo; era esterilidad. Cada centímetro del salón marfil parecía diseñado para recordarle a cualquiera que no perteneciera a ese mundo que estaba fuera de lugar. Sakuya caminaba con rigidez, sintiendo cómo el agarre de su padre en su brazo se volvía más tenso por momentos.

—¿Podrías dejar de temblar, papá? —susurró Sakuya, con la voz ahogada por la presión de las paredes—. Solo logras ponerme más nervioso.

—E-Eh, lo siento —murmuró Itou, con la mirada perdida en la perfección de las alfombras—. No estoy acostumbrado a lugares como estos... ¿Qué sucede si rompo algo caro? Aun si trabajara cinco vidas, no terminaría de pagarlo.

—Entonces, por favor, detente. Caminamos como si estuviéramos en un funeral.

El hombre que los guiaba no les prestó la menor atención, tratándolos como muebles que debían ser acomodados. Al llegar a la mesa, una mujer de cabello azabache y vestido negro los esperaba. Sus facciones, afiladas como navajas, estaban enmarcadas por una elegancia que a Sakuya le resultaba casi ajena.

—Llegan tarde —dijo ella, retirando un espejo de mano con parsimonia.

—Solo son cinco minutos —replicó Itou, su voz perdiendo toda seguridad frente a ella.

Karen movió los labios pintados de un rojo agresivo y les indicó que tomaran asiento. Sus movimientos eran precisos, calculados para incomodar.

—Me alegra que intentaran vestirse de acuerdo al sitio. Habría sido una vergüenza que aparecieran en shorts y sandalias.

Sakuya apretó los dientes, conteniendo una réplica en defensa de su padre, pero la mirada de ella ya se había posado sobre él.

—¿Ni un saludo a tu madre? ¿Olvidaste tus modales en casa?

—Eh... Buenas noches... mamá... —la palabra le supo a ceniza. No había ni una pizca de naturalidad en ello. Su mente, traicionera, recordó las veces que, en la casa de Ryouhei, había llamado "mamá" a la madre de su amigo, aquel error que le costó un mes de burlas pero que se sentía mil veces más real que estar frente a esta mujer.

Itou sonrió incómodo, buscando suavizar el ambiente.

—¿Cómo te ha ido en el trabajo, Karen?

—Más de lo mismo. Al menos gano más que tú.

—Jaja... Bueno, el hecho de que hayas podido invitarnos aquí lo prueba, no lo niego.

—¿Arrepentido de no tener lo mismo?

—No realmente. Aunque mi trabajo no me hará rico, me da el dinero y el tiempo suficiente para ver a Sakuya crecer.

Las mejillas de la dama enrojecieron tenuemente, un gesto que Sakuya no supo interpretar.

—Veo, aunque no pareces ser el mejor ejemplo de éxito para él. Necesita una figura extraordinaria que seguir, no una llanura fácil por la cual caminar.

—No soy quien, para hablar, pero no creo que necesite ser multimillonario para ser feliz. Por supuesto, si quiere ser el hombre más exitoso del mundo, no me opondré a la idea...

—Hmph... ¿No es así, Sakuya?

—Bueno... Estoy bien con un trabajo como el tuyo, papá.

Sakuya también había soñado con escribir, con ser algo más, pero sentía que aún no estaba listo para admitirlo ante esa mujer. El índice de Karen comenzó a repiquetear contra la mesa, un sonido rítmico que elevó la tensión en el aire.

—Eso es ser mediocre. Debes apuntar más alto que eso, Sakuya.

—Tampoco es que necesite hacerme asquerosamente rico, ¿verdad? —respondió Sakuya, intentando defender su postura.

—No me gusta ese modo de pensar. El dinero es muy importante. Si trabajar no te lo da en abundancia, ¿entonces de qué sirve? Necesitas apuntar bien alto, y no conformarte con las sobras patéticas que toma el resto.

Sakuya bajó la mirada, pero Karen no terminó ahí.

—Además de que deberías centrarte en serio en tus estudios y dejar de coquetear con chicas.

—¿Ah? ¿Coquetear con chicas? ¿Cuándo? —Sakuya estaba atónito. Apenas podía hablar con una sin sonar como una radio rota.

—Por supuesto hablo de esa chica de cabello lacio —añadió ella con desdén.

El asombro de Sakuya fue total. ¿Tsurugi? ¿De verdad pensaba que había algo ahí? Pero antes de que pudiera defenderse, el veneno de la mujer alcanzó su punto máximo.

—Mira a tu padre. Si te hubiera dado en adopción como le pedí, habría podido conseguir un trabajo mejor...

El silencio que siguió fue absoluto. Itou, que hasta entonces había intentado mantener una fachada de diplomacia, dio un golpe seco en la mesa.

—¡Karen! ¡No tenías por qué decir eso! —rugió, con la voz quebrada por la ira.

Sakuya sintió que el mundo se inclinaba. La burbuja de "abandono misterioso" que su padre había construido durante años explotó.

—¿Papá? —la voz de Sakuya era un hilo—. ¿Ella no nos abandonó sin aviso, como me dijiste?

Itou le rehuyó la mirada, un hombre vencido por su propia mentira.

—Apenas teníamos diecisiete años —continuó Karen, sin rastro de remordimiento—. Necesitábamos terminar nuestros estudios sin estorbos. Estaba planeado. La adopción iba a suceder eventualmente.

Sakuya guardó silencio. ¿Entonces fue su padre quien se opuso y decidió criarlo pese a todos?

—Te equivocas sobre eso, Sakuya —dijo Karen con una crueldad metódica—. Tu padre... él no estaba en desacuerdo sobre darte en adopción.

—¡Hk! —Sakuya abrió la boca, pero no salió sonido alguno.

—¿No es así, querido? —preguntó ella, observando cómo Itou se derrumbaba—. ¿O piensas negarlo? ¿Mentirás otra vez? Por lo que veo, te has pintado de blanco mientras me pintas de negro...

Itou cerró los puños hasta que sus uñas se clavaron en sus palmas, buscando refugio en el dolor físico.

—Es... verdad —confesó, con la voz quebrada—. Yo... estaba de acuerdo... al menos al principio.

La realidad de Sakuya se tiñó de gris. El lente a través del cual veía a su padre se fracturó.

—S-Sin embargo... cuando naciste y te vi por primera vez... no pude hacerlo... —intentó excusarse Itou, pero para Sakuya, el daño era irreparable.




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