Cambiemos nuestro destino

2-La casa

Los padres de Leo invirtieron mucho dinero en construir una nueva casa. Carla se quedó boquiabierta cuando aquella mansión estaba delante suya. Era un casoplón de considerable tamaño y con mucha elegancia. Leo miró a la hermosa mujer que sería su esposa en un futuro. Por ahora era su prometida. Sentía lástima por ella ya que, al fin y al cabo, los dos se iban a casar por un acuerdo.
- ¿Por qué te vas a casar conmigo?- lanzó la pregunta Leo.
Carla se quedó atónita con la pregunta directa de Leo. Ni siquiera le preguntó cómo estaba ni e presentó como normalmente se haría para empezar ha hablar con un desconocido.
- Eso a ti no te incumbe.
- Claro que me incumbe. Ni siquiera hemos hablado desde ese día.
Clara miró a Leo confundida y levantó una ceja. Él se dio cuenta que Carla no le recordaba y tal vez explicarle que de niños fueron buenos amigos sería extraño. Era mejor no insistir.
Leo procedió a abrir la puerta de la casa. Dejó a Carla entrar primera. Ella se llevó la impresión de que Leo solo intentaba hacerse el caballero para sorprenderla. Ella entró ignorando que él estaba ahí. La casa era moderna y limpia. Pasearon juntos a verla y Carla estaba descubriendo un nuevo mundo ante sus ojos. Era muy distinta a la casa que se crió. Leo no estaba para nada sorprendido.
Se sentó en el sofá del salón y suspiró agotado. Observó a Carla merodear por la casa como un fantasma. Ella admiraba cada rincón de la casa, pero él solo despreciaba cada rincón de la casa. Miró el reloj y se dio cuenta de que llegaba tarde a las clases de la facultad.
- Me tengo que ir. - se levantó de un salto del sofá.
-Pero si son las ocho de la mañana.
-¡Exacto! Ya llego tarde.
Carla se quedó sola en la mansión. Se sentó en el sillón y trató de relajarse. Pronto estaría casada con un hombre que desconocía. La idea la aterraba, pero debía hacerlo por el bien de su familia; de su madre. Se apoyó con la espalda en el respaldo del sillón y cerró los ojos. Empezó a recordar...

Se quedó dormida por un par de horas. Se levantó del sillón y empezó a pasear otra vez por la casa. Se dio cuenta de una cajas que no había visto antes. Las cajas contenían cosas de Leo. No había ninguna pertenencia de Carla. De hecho, nada era suyo, ni siquiera su futuro. Estaba condenada a casarse con aquel chico. No le culpaba a él, sino a sus padres. Si no fuese por la deuda que los padres de Carla debían a la familia de Leo, nada de eso hubiese pasado, ella no estaría obligada a venderse. Carla no tenía nada más que aceptar que nunca iba a vivir un romance de película que a ella tanto le encantaba y que sus sueños de ir a la universidad o viajar por el mundo ya no serían posibles. Solo tenía en su mente un futuro indeseado donde ella estaba atada a Leo.



#5625 en Novela romántica

En el texto hay: comedia, drama, matriminoforzado

Editado: 30.08.2025

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