Cambiemos nuestro destino

26- Un reencuentro inesperado

Marina volvía de su paseo de medio día, caminando con la ayuda de un bastón. Leo también volvía a casa más temprano de lo normal de su trabajo en la oficina. Ambos se encontraron ante la entrada del apartamento. Leo le dio un ramo a Marina, pidiéndole que las sujete para que él pudiese buscar las llaves.

-¿Vas a regalarle flores a tu mujer por el día de la madre?¡Qué poco original de tu parte!

-No son para Carla. Son para ti.- luego, extrajo una caja de bombones, de esos que Marina adoraba.-Y esto también, tus favoritos.

Un brillo apareció en los ojos de Marina, que ya perdían su color por la edad. Marina se emocionó y Leo la abrazó. Le abrió la puerta y la dejo entrar primera.

Leo busco a su esposa con los ojos. No había rastro alguno de Carla, tampoco de Sofía.

-¿Dónde está Carla?

-Se ha ido está mañana con Sofía a celebrar hoy con Isabel y Miriam.

-Perfecto.

Leo sacó una sartén y pastas. Luego inspeccionó la nevera en busca de queso parmigiano. Iba a preparar uno de los platos favorito de Carla. Italia era una culrura que le fascinaba a Carla, después de la cultura española. Marina miró a ese niño, que apesar de rondar casi en los 30, ella le seguía viendo como su bebé. Sonrió incocientemente mientras veía a su pequeño hacer la cena.

Leo, tarareaba una melodía mientras cocinaba. Marina se sentó en la mesa del comedor escuchando esa canción: la nana que ella le cantaba a Leo todo los días antes de irse a dormir en un lejano pasado que quedaba año cada vez más atrás.

- Aún te acuerdas.

-Sí. De hecho se la canté a Sofía hace unos días para que durmiese. Funcionó y desde entonces me pide que le cante todas las noches.

-Leo,¿No hechas de menos a veces a tu familia?

La pregunta de Marina fue directa y una punzada por detrás para Leo. Él decidió cambiar de tema, con el cuerpo tendo.

-¿Crees que Carla se alegre con pastas a la carbonara?

Marina se preocupó por Leo y se acercó a él.

-Leo, te he hecho una pregunta.

-Y yo a ti una.

-Leo, te he preg-

-¡¿Podemos cambiar de tema por favor?!-levantó la voz con agresividad repentina, algo muy poco común en él.

Marina dio un paso hacia atrás autada y se calló al suelo. Leo se disculpó de inmediato y vio si ella estaba bien. Marina le apertó.

-¡No me grites así!-le tiró de la oreja.-¿Te has enterado? Cómo vuelvas a levantarme la voz de corto la lengua.

-¡Perdón, perdón!

Le soltó la oreja y Leo gimoteó de dolor. Luego volvió a sus cosas. Salió al balcón del apartamento y limpió la mesa de crital que había fuera. Luego preparó una escena romántica poniendo un mantel sobre la mesa acompañado de velas, platos y cubiertos. También puso un jarrón con flores. No puso unas de verdad porque Carla era alérgica al polen de las flores.

Marina observó siempre lo detallita que fue Leo con Carla, desde el primer momento. A Carla nunca le faltó nada con Leo. De algún modo el conseguía todo lo que su amada esposa quería. Lo mismo pasaba con Sofía.

Hasta hace poco Leo estuvo matándose en trabajos pesados de la construcción. Si no fuese porque Marina se puso pesada para que canbiae de trabajo, Leo nunca hubiese aceptado ese puesto en la oficina del banco. Marina también jugó un poco sucio al convencer a Carla de que Leo se veía cada vez peor y que debía cambiar de trabajo. Con el trabajo de Carla como profesora de lengua en infantil sus ingresos no bajarían demasiado. Desde entonces Carla hecha currículum en toda las escuelas.

Si bien Leo se esfuerza por su familia todos los días, a veces es más de lo necesario. O al menos eso es lo que percibe Marina. Ella bien sabe que los traumas de la infancia dejan huella en la adultez de todos. Bien lo sabe porque ella fue así antes de perder a su esposo e hijo.

-Te ayudo-dijo apartando a Leo.

-Puedo solo. Tú relájate.

- Quita. Yo quiero ayudarte.

Leo suspiró frustrado. Siempre pasaba lo mismo.

-Siempre estás limpiando la casa y encargándote de Sofía cuando no hace falta.

-Sí que la hace.-apuntó con el dedo índice hacia la cocina.- Se te va a quemar la comida.

Leo soltó un grito muy agudo para un chico y corrió al interior. Tras uno minutos volvió informando a Marina que iba a hacer una compra de última hora, ya que faltaban ingredientes para hacer pastas a la carbonara.

-¿Ves cómo me tengo que encargar de estas cosas?-bromeó a medias.

Marina observó a Leo, desde la terraza, caminar por la calle. Desapareció en la esquina de al fondo. Se quedó en silencio pensando en las arrugas que le aparecieron a Leo en la cara y en sus manos, que se volvieron gruesas y ásperas. Ya no tenía la piel suave que solía tener. Además tenía cicatrices en sus brazos. Maldijo a Leo porque nunca usó los guantes que usaban los albañiles para protegerse las manos. Leo nunca quiso usar las protecciones y siempre ponía la tonta excusa de que le dificultaban el trabajo, que le molestaban.

Tocaron el timbre de la casa. Marina esperaba a Carla y Sofía. Para su sorpresa era otra persona. Ante su ojo e presentó una mujer que debía rondar lo 60 años o más,aunque aparentaba un poco menos. Tenía el pelo blanquecino, pero bien cuidado. Vestía un jersey gris oscuro de cuello alto, una falta negra larga y formal, tacones llamativos que contrastaban con los colore oscuros de la ropa y, por último, encima del jersey llevaba puesto un elegante trench coat rojo, como los tacones. Tenía lo ojos de Leo.

- ¿Clara?

-¡Marina!

La madre de Leo les había encotrado...



#8127 en Novela romántica

En el texto hay: comedia, drama, matriminoforzado

Editado: 26.12.2025

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