Cambiemos nuestro destino

27-Clara

Marina y Clara se miraron. Era difícil descifrar su rostro. Podrían estar mirándose con nostalgia, ira o incluso odio y desprecio. Clara se veía bien para su edad, aunque había envejecido más de lo que Marina se imaginaba. En cambio, Marina era ya toda una anciana. Lo único que no había cambiado era su cara, que seguía siendo la misma de siempre.

Mientras tanto, Carla y Sofía se encontraron con Leo por coincidencia. Max corrió hacia su dueño. Ladraba y correteaba en círculo alrededor de Lao, agitando la cola de lado a lado. Leo se tensó visiblemente mientras sostenía las bolsas de la compra

-¿Qué te pasa?

-Nada, nada.

Carla sonrió un poco y levantó una ceja.

-A ver,¿qué has hecho?

Leo se dio por vencido.

-Te he preparado una sorpresa por el día de la madre.-se sonrojó.-Para la mejor madre de todas.

-Si es que eres un trocillo de pan

Carla besó a Leo en la mejilla. Después entraron en el edificio y tomaron el ascensor para subir al apartamento. Durante el corto trayecto, Carla le contó a su prometido todo lo que hizo con Isabel y Miriam. Leo escuchó con suma atención a Carla. Sofía, en brazos de su madre, se veía exhausta.

Cuando abrieron la puerta, Leo dejó caer las bolsas al suelo y quedó congelado al ver a Clara entada en el sofá de su casa. Carla miró de inmediato a Leo con los ojo en blanco, preocupada de su posible reacción. Max se dirigió hacia Clara. Ella, que detestaba a los perros, se levanto de un salto cuando el animal, que babeaba, se subió al sofá.

-Quita, vete. ¡No, aléjate!- exclamó asqueada.-Hola hijo

-No me llames así.- le pidió Leo a su madre con una voz fría.

Carla dejó a Sofía en el suelo, pero no la dejó alejarse de ella. Miró a Marina.

-¿Podemos hablar?- preguntó Leo a Marina.-Carla, si quieres puedes...

-No hace falta. Me quedo aquí, tranquilo.

Leo se fue hacia el dormitorio de Sofía. Marina le siguió cabizbaja. Carla quedó a sola con Clara. Sofía miraba a su abuela, que no la conocía de nada. Carla no se cortó ni un pelo y la contempló con desprecio, rechazándola por completo.

-Se parece mucho a Leo.

Carla negó con la cabeza porque bien sabía que Sofía se parecía mucho más a ella. Compartía los ojos y el color de pelo negro de su padre, pero por lo demás, era idéntica de se madre. Clara no había cambiado en absoluto.

-Es idéntico a él.

-Pues todos los que yo conozco dicen que se parece más a su madre.-comentó Carla.-Supongo que algunas cosas no cambian, como que siempre me tuviste repudio. Aunque he de admitir que es mutuo.

Clara incómoda, miró hacia la ventana. Luego ojeó los muebles del apartamento. Era una vivienda pequeña, en la que cabían 4 personas y un perro de forma un poco justa. La cocina abierta junto a la sala de estar no era un espacio bastante reducido. Su tamaño disminuía aún más con el zapatero, el mueble de la tele y los juguetes de Sofía, además de la mesa comedor pegada al sofá por detrás.

-Acogedora casa.-inquirió la mujer intentando hacer del ambiente algo más amistoso.

-¿Quién es, mami?-pregunta Sofía.

-Cariño, vete al cuarto de mami y papi a dormir. Ahora vengo,¿vale?

Clara vio a su nieta alejarse. Se le hizo un nudo en la garganta penar que esa niña la desconocía por completo. Las cosas pudieron haber sido de otra forma. Más aún le dolía ver a lo que su hijo había llegado y cómo tenía las manos destrozadas por el breve tiempo que le vio antes de que él se fuera a hablar a solas con Marina.

-Es una niña muy bonita...-Clara sacó una cajita del bolsillo de su abrigo.- Le he traído un regalo, es un collar de oro de-

-Pues guárdate el regalo por donde te quepa. Mi hija no necesita nada de ti.

-¡Soy su abuela! Tengo derecho a conocerla, digo yo.

Carla suspiró, se apoyó en la encimera de la cocina y se cruzó de brazo, con una expresión de amargada.

-¿A qué has venido, Clara?

La pregunta de Carla dejó a su suegra pensativa. Buscaba las palabras correctas.

-A arreglar las cosas...Quiero disculparme.

-Bien, pues te perdono.Ya te puedes ir por donde has venido.

-Por favor, escúchame. Te lo ruego, Carla.

-Clara, me das asco desde el primer día que me despreciaste por venir de una familia de situación económica distinta a la tuya. Y admítelo, tu también lo hacías y seguramente lo sigas haciendo. No sé a que viene esto de repente, pero si decir perdón te ayudará a limpiar tu consciencias, pues te "perdono. Eso no quitará el daño hecho.

-Carla negó con la cabeza.-¿Hace falta que te recuerde cada comentario pasivo agresivo que hiciste, cómo me presentaste a la ex de Leo en esa fiesta, lo que ocurrió en la tienda de vestidos de boda? Ya no es por mi, sino por Leo. Hazle un favor y lárgate, Leo ya te odia suficiente como para hacerlo aún más.

Clara estaba pálida tras lo que Carla dijo. Cada palabra de su boca e sentía como punzadas en el corazón, especialmente las últimas. No obstante, Clara no pensaba irse así de fácil. Había muchas cosas que hablar, mucho que contar...Hecho que Leo desconocía por completo.



#8127 en Novela romántica

En el texto hay: comedia, drama, matriminoforzado

Editado: 26.12.2025

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