Camino a la locura - Segunda noche

En la fogata (06)

-Y yo que pensaba que los invasores y destructores de planetas llegarían desde afuera -comentó mi hermana una vez finalizado el relato.

-Bueno, eso es relativo. Por supuesto que vendrán desde afuera, pero la historia tiene una gran enseñanza: nosotros, la raza humana, somos destructores e invasores por naturaleza. Es cosa de ver cómo hemos tratado a nuestro planeta, y a lo que lo hemos llevado con nuestras acciones. -Mi padre avaló el concepto principal del cuento.

Me desperecé y me levanté para ir a orinar.

Los demás se quedaron conversando a la luz de las llamas mientras yo me alejaba lentamente entre los troncos y arbustos.

La voz dentro de mi cabeza, siempre susurrando pero tratando de ignorarla, se hizo de pronto más fuerte.

“Mátalo…”

La maldad en cada una de sus palabras era notable y reflejaba una enorme ira.

“¿Qué quieres de mí?”, susurré.

“Muerte, sangre, dolor…”

“Déjame en paz, ¡lárgate!”, lo obligué a callarse.

-¿Todo bien, hijo? -la voz de mi padre apareció sorpresivamente tras de un árbol.

-Oh, si papá, es que un animal estaba molestando.

-Caminemos un rato, te mostraré algo.

Nuestras linternas iluminaban el camino a medida que nos adentrábamos cada vez más en la espesura. El sonido de los pasos resonaban en el silencio del lugar en el que estábamos.

“!Mátalo, ahora!”, el demonio seguía sediento en mi cabeza.

Habíamos caminado varios minutos hacia el interior, pero yo ya me estaba preocupando de que nos fuéramos a perder en aquel laberinto de árboles y penumbras.

-Papá, no creo que sea bueno que…

-No temas, hijo, conozco este bosque muy bien. Toda la vida hemos venido acá de vacaciones con tu madre y tus hermanos. De hecho, ya que estás tan interesado en tu infancia, acá fue donde te encontramos.

Asombrado, me di cuenta de que efectivamente, en lo alto de un enorme árbol, los restos de lo que fue antiguamente una casa de madera permanecían allí. Calcinados…

Voces, rostros y recuerdos llegaron en oleadas intensas a mi mente, como si de pronto quisieran salir de un baúl que permanecía cerrado.

-Papá, todo esto… Gracias.

Mi papá se volteó para sonreírme y abrazarme. Luego seguimos avanzando varios minutos, hasta que llegamos a una casa abandonada. Las luces que salían desde nuestras linternas le daban un aspecto tétrico.

-Supuestamente, hijo, esta fue la casa en la que vivías. Decidimos dejar todo tu pasado en el olvido, y comenzar a vivir con lo que eras y lo que queríamos que fueras a futuro. Un hombre de bien.

Me quedé boquiabierto frente a la casa de dos pisos. No pude recordar grandes cosas, pero no pude más que seguir adentrándome y finalmente pararme frente a la puerta principal.

Miré a mi padre, que permanecía tras de mí. Luego de brindarme una sincera sonrisa y asentir solemnemente, giré la manilla para entrar…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.