Camino de otros días

Capítulo 10. Cuerpo y alma

  • Eres mía y serás mía. No creas que escaparás de mí para siempre. O que tu Jorgito te estará protegiendo todos los días. Solo depende de ti para permanecer en el colegio y no lamentar ciertos "accidentes".

Eso fue lo último que le dijo Carlos aquel miércoles extrañamente caluroso estando en pleno invierno. Volvió a tocarle el trasero y ella volvió a darle una bofetada. Sin embargo, él fue más rápido, le sujetó las manos y la arrinconó por la pared. Lucero temió que pasara lo peor, pero él solo se limitó a lanzarle la amenaza y marcharse, directo a su clase, como fiel profesor que era.

Los niños de primero tendrían clases de plástica, por lo que Lucero tenía una hora libre. Ni siquiera podía ir junto a Jorge, dado que él se encontraba dando clase. Por lo que se quedó ahí, en la sala de profesores, llorando de la rabia.

La puerta se abrió. Lucero, temiendo que fuese de nuevo Carlos, se levantó como para mandarlo al demonio. Pero solo era la profesora guía de segundo grado, llamada Daniela. Era una mujer gordita, con rulitos y lentes de marco fino ovalado.

  • ¿Te pasa algo, Lucero? - le preguntó Daniela, al verla con los ojos rojos.
  • No es nada- dijo Lucero, respirando hondo- creo que no dormí lo suficiente esta semana.
  • Es Carlos. ¿No?

Lucero miró a Daniela, sorprendida. No esperaba que ella se diese cuenta de su situación, más que nada porque apenas se intercambiaron saludos formales cada vez que se cruzaban en el pasillo.

Daniela se acercó a Lucero, se sentó junto a ella y le ofreció un caramelo de menta. Lucero aceptó y le agradeció el gesto. Ya tenía la garganta seca de tanto llorar.

  • Jorge me lo contó- dijo Daniela- aunque no lo creas, Jorge y yo éramos novios.
  • ¿Ustedes dos? - dijo Lucero, sorprendida.
  • ¡Vamos! ¡No contrastamos tanto! Pero bueno, eso ya es pasado. Ahora somos muy buenos amigos. Hace poco me contó de tu problema con Carlos y que se está repitiendo la misma historia. Supongo que habrás escuchado sobre Martita, la antigua profesora de primer grado.
  • Sí. Escuché de ella.
  • Todo eso fue el año pasado. Lastimosamente, yo estaba de viaje y, cuando regresé, ella ya había renunciado. Por un tiempo, y a falta de suplentes, yo tuve que encargarme también de los niños de primero. ¡Fueron días difíciles! ¡Dos grados es demasiado! Jorge ya habló y volvió a hablar con Carlos, pero no está funcionando. Confía en mí. ¿Qué te ha dicho?

Lucero tardó un rato en responder. La verdad no esperaba que otra persona, que no fuese Jorge, se preocupara por su situación. Jorge le recomendó que se socializara con los otros para, así, conseguir más gente a su favor a la hora de testificar contra Carlos. Por lo tanto, y sin derramar ninguna lágrima de indignación, dijo:

  • Me amenazó con accidentes, con que me expulsarían del colegio... solo para que sea suya. No lo entiendo. Cuando estamos solos se comporta tan... salvaje... ¡Es un monstruo!
  • Carlos no es un tonto. Jamás actuaría de esa manera frente a otros. Siempre se muestra amable, es puntual, paciente con sus alumnos y sabe relacionarse con los otros. Es por eso que nadie pudo probar que abusó de Martita. Al final, el victimario se convirtió en víctima y todos apoyaron a Carlos. De solo pensar que todo eso ocurrió aquí, en este colegio, me da asco.

Lucero sonrió. No se atrevió a mirarse a un espejo porque se vería penosa. Lamentó mostrar ese aspecto frente a Daniela, quien demostró estar de su lado y ayudarla con el problema.

Minutos después, ambas empezaron a analizar las tareas de sus respectivos alumnos, mientras hablaban sobre sus vidas, familias y proyectos que tenían. Así, Lucero supo que Daniela, luego de separarse de Jorge, conoció a un médico con el cual se casó y tuvo un hijo. Lucero le comentó que era soltera y sin compromisos. Daniela rió y dijo:

  • Entonces Jorge tiene una oportunidad.
  • Solo somos amigos.
  • "Así empezaron mamá y papá". Además, se nota a leguas que Jorge está enamorado de ti.

Lucero casi soltó la tarea de los chicos. La verdad, Jorge siempre había sido amable con ella, aunque a veces no controlaba lo que decía y tendía a ser crudamente sincero. Daniela volvió a reírse ante la reacción de Lucero y dijo:

  • Así es. Jorge te ama. Aprovecha y sal con él. A lo mejor así Carlos te deja en paz.
  • No lo creo. Es más, querrá desquitarse con Jorge.

Daniela tomó los hombros de Lucero con delicadeza, la miró fijamente a los ojos y, con una expresión segura, le dijo:

  • Tu rostro es muy hermoso y, si no fuera por tus ojos llorosos, ahora serías como una Top model. Vamos, solo inténtalo. ¡Qué importa el idiota de Carlos! Si siempre vives con miedo, tu alma se corromperá y afectará gravemente a tu precioso cuerpo.
  • Gracias, Daniela. Si no fuera por ti, todavía estaría aquí llorando y lamentando mi mala suerte.
  • No existe la mala suerte. Solo la predisposición de cambiar las cosas.

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  • ¿Hasta cuánto me mantendrás aquí?
  • Hasta que te saques de la cabeza la idea de proyectarte a ese mundo material para visitar a tu amiga.

Con su nave, Mijail encerró a Uryan, concentró la densidad de la energía de la misma y, así, su hermano no pudo salir. Cada vez que lo intentaba, ocurría una pequeña descarga que amenazaba con descomponer la consistencia de su cuerpo.

Aún no se explicaba el porqué Mijail lo apresó, como si tuviese algo de malo el querer visitar el mundo material. Pero de algo estaba seguro: quería alejarlo por completo de los "negativos" y evitar, a toda costa, que siguiera buscando información sobre ellos.

  • Solestelar está en peligro- le dijo Uryan a Mijail, luego de ser encerrado- las chicas de la otra vez la buscaban para convertirse en seres energéticos puros, pero en realidad están emparentadas con Speranwa. En cambio, otros "negativos" buscan a Solestelar para malos propósitos. Me lo dijo un nativo del sol. Debo protegerla.
  • ¿Ah, sí? - le dijo Mijail, mirándolo con enfado- ¿Y crees que ella podrá hacer algo al respecto? ¡No sabes lo difícil que es habitar en un envase corpóreo material! Lo mejor será que no sepa nada, que siga su vida sin recuerdo de nuestro mundo. Mientras menos se manifieste su alma, más difícil será encontrarla. En cuanto a Speranwa, ella siempre se sintió mal por la suerte de los "negativos" y más porque fue madre de esas dos chicas. ¡Si! ¡Lo supe todo el tiempo! ¡Incluso fui yo quien le sugirió a Speranwa que las dejara con su padre material! Pero ella prefirió esconderlas en este mundo, así como muchos de nosotros hicieron con otros "negativos". Cuando Speranwa se marchó, me enteré de que muchos buscaban a Solestelar. No sabes cuanto luché para que Solestelar no se diera cuenta de nada, que siguiera jugando contigo sin preocupaciones ni recuerdos dolorosos. Aún así, eso no evitó que se le agotaran las energías y dejara de existir en este mundo.




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