Camino de otros días

Capítulo 18. Lindo y feo

Lucero evitaba, a toda costa, estar a solas con Carlos. Cada día se volvía más obsesivo con la idea de "obtenerla", por lo que la joven docente decidió tomar medidas para que la dejara en paz.

Por suerte, ya contaba con la ayuda de Jorge y Daniela, quienes no paraban de advertirle a Carlos sobre sus acciones. Pero no era suficiente. Deberían unirse más docentes para defender a Lucero y desprestigiar la imagen de Carlos.

Un viernes de tarde, los tres se encontraron en la cafetería y empezaron a plantear varias soluciones para intentar resolver el problema. Lastimosamente, Carlos contaba con muchas influencias que lo defenderían a capa y espada, sumando con el plantel de docentes que seguían asegurando que él era un hombre amable con todos. Y como Lucero era nueva en el plantel, aún no estaban seguros de si debían fiarse de ella o no.

  • Esta situación terminará mal- auguró Jorge- necesitamos que "otra más" vea la clase de persona que es Carlos.
  • A quien debemos encarar es a la directora- dijo Daniela- ella siempre lo ha defendido a muerte.
  • ¿La directora sabe lo que le pasó a la docente anterior? ¿La que también fue acosada por Carlos? - preguntó Lucero.

Jorge y Daniela se quedaron pensativos ante esa pregunta. Jorge recordó que, un día después de que la profesora renunciara, la directora lo llamó y le preguntó si realmente era cierto lo que Carlos hizo con ella. Jorge lo negó, dado que Carlos lo amenazó con arruinar su carrera y tenía las influencias necesarias para ensuciar su imagen para siempre. La directora prohibió a todos que hablaran del asunto y, desde esa vez, el hecho se convirtió en un rumor sin fundamentos.

Jorge miró a Lucero y, una vez más, se preguntó hasta qué punto priorizaría su carrera. Lucero no merecía la ruina.

  • ¿Y si lo filmamos? - sugirió Lucero.

Jorge y Daniela la miraron, sorprendidos, sin dar créditos a sus palabras.

  • He visto en muchas películas cómo filmaban al villano para delatar sus delitos- insistió Lucero- estoy segura de que podemos usar una cámara oculta para que Carlos me deje en paz.
  • No es tan sencillo- le dijo Daniela- es difícil incorporar una cámara sin que se vea. No sé... la realidad siempre supera a la ficción...

Lucero volteó la cabeza hacia un chico que estaba sentado cerca de ellos. Tenía en sus manos un celular, último modelo, con cámara y filmadora capaz de grabar en un tiempo prolongado. El chico tenía el uniforme del colegio, por lo que supuso que estaría en la secundaria. Lucero se levantó, se acercó al muchacho y le preguntó a qué curso iba.

  • Estoy en séptimo grado- le respondió el muchacho- ¿Y usted es...?
  • Lucero. Soy docente de primer grado. Solo quiero preguntarte algo, sobre alguien. Será breve. Este... tu nombre es...
  • Gabriel- dijo el muchacho, invitándola a sentarse.

Lucero se sentó junto a él. Gabriel guardó el celular y miró a Lucero con curiosidad.

  • Bueno, Gabriel. En realidad, soy nueva en el plantel de docentes y quisiera saber si conoces a Carlos, el profesor guía de cuarto grado
  • Yo también soy nuevo- dijo Gabriel- me mudé a mitad de año. No conozco a ningún profesor de primaria.
  • Ah, perdón. No lo sabía.

Lucero hizo amago de levantarse, cuando Gabriel volvió a hablar.

  • Carlos... ¡Ah! Mis compañeros me contaron sobre la "leyenda urbana" del colegio. me dijeron que él violó a una profesora y que ésta intentó asesinarlo.

Lucero casi cayó del asiento por la sorpresa. La verdad, nunca había escuchado esa versión de la historia.

  • Si. Ese tal Carlos no es tan querido por mis compañeros ni por el resto de la secundaria. Dijeron que siempre se fijaba en el trasero de las chicas y a una hasta le insinuó que "su pollera le sentaba bien". Bueno, eso no sé si es cierto. Profe Lucero... ¿Acaso Carlos te ha...?
  • ¡No hablaré de eso!
  • Perdón, no quise ofenderla. Pero, por tu actitud, deduje que él te estaba acosando y que ya se le ha insinuado.

Lucero se sorprendió por lo rápido que captó Gabriel la situación. Siempre le habían dicho que los adolescentes vivían en las nubes, pero Gabriel era diferente. Enseguida se dio cuenta de que Lucero solo buscaba a alguien del colegio, que ya pasó por cuarto grado para que testificara sobre la personalidad y el carácter de Carlos. Lastimosamente él era nuevo y no podía aportar mucho. Pero, gracias a él, supo que no todos los alumnos se sentían cómodos ante la presencia de Carlos. E, incluso, muchas alumnas ya se traumaron con sus insinuaciones y miradas de mal gusto.

  • Profesora, no creo que mis compañeros puedan ayudarte- dijo Gabriel- los profesores nos mienten. Dicen que están para escucharnos, pero, al final, a la hora de la verdad, nuestras voces no valen.
  • Eso está mal- dijo Lucero- los niños y jóvenes deben ser escuchados. Ustedes ya pasaron por ese trauma y hay muchos niños que son sus alumnos. O lo serán dentro de poco. Estoy segura de que no querrán que ellos pasen lo que ustedes pasaron. Yo lo estoy viviendo. Y haré todo lo posible para proteger mi integridad y la integridad de mis alumnos. Perdón por la molestia, regresaré con mis colegas.

Lucero se levantó y volvió a sentarse con Jorge y Daniela, que aún no entendían qué intentó Lucero al conversar con ese chico.

Un minuto después, Gabriel se acercó a ellos, les mostró su celular y dijo:

  • Necesitarán más de estos para delatarlos. Ayudaré en lo que pueda.

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  • Bien. Según las indicaciones de Mijail, debemos buscar a un corpóreo que tenga dentro suyo a otro corpóreo... no, este... desde el momento de la concepción, los átomos materiales van uniéndose, las... ¿células?... se multiplican y así se va formando el envase donde, en cuestión de segundos, se deposita el alma.
  • ¿Sabes, Uryan? Estás leyendo en un idioma extraño.




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