Camino de otros días

Capítulo 25. Ficción y realidad

Solestelar abrió los ojos. Estaba frente a un lago negro. Poco a poco, le vinieron los recuerdos en su mente. Y hasta se dio cuenta de que Uryan, Speranwa y Mijail lograron residir en el mundo donde ella renació como un ser material.

De las aguas del lago salió Balzú, tal como era en su vida de negativo. Se acercó a Solestelar y, sin apartar la mirada, le dijo:

  • Te he estado buscando. Quiero tu poder para lograr mis objetivos.
  • ¿De qué me hablas? ¿Cuáles son tus objetivos?
  • En realidad, originas del sol. Tu esencia, tu alma, son idénticos a los nativos de las estrellas. Y si obtengo ese poder ilimitado de energía estelar, acabaré con todos los energéticos puros del universo.

Solestelar no tuvo la oportunidad de conocer a los seres negativos, pero gracias a su mamá del mundo material, conocía la historia de que los ángeles engendraron con los humanos en el pasado y que esos ángeles, en realidad, eran extraterrestres. A medida que iba creciendo en el mundo material, tomó esas historias como meras fantasías. Y, sin embargo, Balzú estaba ahí, queriendo apoderarse de su alma, cuerpo y mente desde que ingresó a ese colegio como la profesora Lucero. Incluso sus amigos, que en esos momentos eran solo criaturas, conocían la historia. Y, en el fondo, sintió que ellos investigaron mucho sobre el tema antes de desaparecer en el mundo energético.

  • ¿Hay más como tú? - le preguntó Solestelar, sin moverse de donde estaba.
  • Miles. Lastimosamente, yo fui derrotado por Mijail, pero por suerte nací en el mundo al cual residiste, solo que perdí la memoria. Conocí a otros dos, Mefiseles y Meymi, que gracias a su consistencia negativa pudieron adaptarse bien al mundo material. Y ahora basta de charlas, que es hora de lograr mis objetivos.

Balzú rodeó a Solestelar con sus brazos, sin darle posibilidades de escapar. Sin embargo, Solestelar no sintió miedo por él. Solo quería reencontrarse con sus amigos, saber si no fueron lastimados, si ellos aún se acordaban de ella.

Ante esos pensamientos, dio un empujón a Balzú y logró que éste lo soltara. Se elevó por los aires, al principio con dificultad, dado que hacia mucho que no volaba. Balzú saltó, pero algo lo estaba deteniendo. Miró hacia abajo y descubrió que una mano, que salía del lago, lo sujetaba fuertemente de un pie.

  • ¿Quién demonios eres?

Dio un estirón y, para su sorpresa, descubrió que era Lucel. Ya no estaba en su envase corpóreo falso, sino con su verdadero aspecto: un hombre de cabellos blancos y ojos grises.

  • ¿Por qué me detienes? - le preguntó Balzú, desconcertado.
  • Ahora sé tus propósitos- le dijo Lucel- incluso averigüé los propósitos de Mefiseles y Meymi. Los tres planeaban traicionarse y usar el poder de Solestelar por sí mismos. ¿No? Fue una suerte que Sharman se haya encargado de ellos y los mandara a un mundo distante.

Solestelar bajó a tierra, pero se mantuvo a una distancia prudente. Primero observó a Balzú. Luego a Lucel. A ninguno los conocía, pero sabía quiénes eran en realidad. Lucel fue un "ángel" que engendró con los antiguos humanos y Balzú sería un descendiente de ese caótico cruce de energéticos con materiales. Recordó de nuevo aquellas historias, en que decían que "Dios inundó las tierras para acabar con todos los que osaron desafiarlo", así como también que "los ángeles liquidaron a los descendientes de los hijos de Dios con las hijas de los hombres". Esos descendientes la querían por su alma, pero no estaba segura de si podría ayudarlos.

Del lago salieron otros más. Eran Mijail, Speranwa y Uryan, tal como los recordaba. Los tres empezaron a observar a su alrededor. Solestelar fue corriendo directo hacia Uryan y lo abrazó. Uryan se emocionó tanto que empezó a llorar.

  • No sabes cuánto te eché de menos- le dijo Uryan- parte de mis recuerdos se quedaron, pero no pude reconocerte.
  • Lo mismo me pasó a mí- le dijo Solestelar- solo que "crecí" y lo tomé como un sueño.

Speranwa y Mijail se acercaron. Empezaron a contarse las anécdotas y todo lo que vivieron tanto en sus vidas de energéticos como en sus vidas de materiales.

Balzú intentó soltarse de Lucel, pero Lucel era muy fuerte.

  • No lo entiendo. Creí que estabas de mi lado.
  • No estoy del lado de nadie- le dijo Lucel- a mí no me importa tanto Solestelar. Solo quise experimentar con sus almas. Ahora solo deseo pelear contra Mijail, quien me expulsó de mi mundo solo porque pensaba diferente.

Lucel arrojó a Balzú al lago y fue directo hacia Mijail. Mijail, al percatarse del ataque de Lucel, logró esquivarlo.

  • ¡Debí suponerlo! - dijo Mijail, con rabia- solo unos pocos energéticos lograron adaptar la tecnología de los mundos materiales con las energías cósmicas del mundo energético. Si no, ¿Cómo llegaríamos hasta aquí?
  • Para que sepan, los conecté a mi computadora- explicó Lucel- si quieren liberarse, tendrán que derrotarme.

Mijail lanzó un ataque a Lucel. Lucel hizo lo mismo. Ambos empezaron a batallar intensamente.

Balzú aprovechó y atrapó a Solestelar por la espalda. Speranwa intentó acercarse, pero Balzú le lanzó un ataque y Speranwa cayó al lago. Uryan entonces observó fijamente a Balzú, buscando algún punto donde atacar sin dañar a Solestelar.

  • Bien. De todas formas, logré mi objetivo. ¡Al fin Solestelar es mía! - dijo Balzú, riéndose a carcajadas.
  • Uryan, lanza tu ataque- le pidió Solestelar a Uryan.
  • Pero si te lastimo...
  • Descuida, no pasará nada. Estaré bien. La verdad, nunca tuve problema en que usen mi poder. Pero no permitiré que lo usen para malas intenciones.

Solestelar empezó a arder en llamas. Balzú la soltó de la sorpresa. Al fin Solestelar daba muestra de su gran poder, proveniente de una estrella, capaz no solo de abastecer de energía a un sistema solar, sino también de destruir todo lo que se encontraba a su paso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.