Camino de tinieblas

CAPITULO 2

El Guardián de la Penumbra

El sendero parecía interminable.

Los árboles se inclinaban sobre Ariann como las columnas de un antiguo templo olvidado. El viento silbaba entre sus ramas con un lamento constante, mientras cada paso resonaba sobre la tierra húmeda, como si el bosque entero escuchara su avance y observara cada uno de sus movimientos.

La Sombra flotaba a su lado en absoluto silencio.

No tenía una forma definida. Su cuerpo cambiaba constantemente, deshaciéndose y reconstruyéndose como humo atrapado en una corriente invisible. Su presencia era tan intensa que parecía llenar cada rincón del sendero.

Ariann evitaba mirarla.

Temía descubriría en ella algo familiar.

Algo que le perteneciera.

-¿Dónde me llevas? -preguntó al fin, rompiendo el silencio.

La Sombra giró lentamente hacia ella.

-Yo no guía, Ariann. Solo muestro el camino. Eres tú quien decide recorrerlo.

La respuesta la inquietó.

¿Era un acertijo?

¿Una advertencia?

¿O una verdad que todavía no estaba preparada para comprender?

Decidió no insistir.

Continuaron avanzando.

Con el paso del tiempo, Ariann perdió toda la noción de la realidad. No sabía si habían caminado durante minutos, horas o incluso días. La oscuridad permanecía inmutable. Allí no existían el amanecer ni el anochecer. Solo aquel sendero interminable que serpenteaba entre las sombras.

Entonces el bosque comenzó a cambiar.

Los árboles se volvieron más retorcidos y sus raíces emergieron del suelo como enormes dedos que intentaban aferrarse a los viajeros. Entre ellas aparecían objetos abandonados: un muñeco de porcelana con el rostro agrietado, una lámpara cubierta de óxido, fragmentos de espejos y páginas arrancadas de libros antiguos que el viento arrastraba con una inquietante delicadeza.

Ariann se agachó y reconoció una de aquellas hojas.

La tinta apenas era legible.

-¿Qué es todo esto?

La Sombra respondió sin apartar la vista del sendero.

-Recuerdos.

Ariann frunció el ceño.

-¿Recuerdos?

-No solo tuyos. También de quienes caminaron aquí antes que tú. Todo viajero deja algo atrás... aunque no siempre sea consciente de ello.

Un escalofrío recorrió su espalda.

Volvió a observar los objetos esparcidos entre las raíces.

¿Cuánto tendría que abandonarla antes de llegar al final?

La pregunta quedó suspendida en su mente.

Después de un largo recorrido, el sendero se diseñó en una inmensa encrucijada.

Tres caminos se abrirían frente a ellos.

El primero era estrecho y estaba cubierto de espinas negras que parecían moverse lentamente.

El segundo era ancho, recto y tan vacío que resultaba inquietante.

El tercero permanecía oculto tras una espesa neblina que impedía ver lo que había más allá.

En el centro del cruce permanecía inmóvil un hombre.

Era alto y vestía un largo manto oscuro que parecía confundirse con las sombras. Su rostro estaba oculto tras una máscara de madera agrietada y sostenía un báculo tallado en raíces retorcidas.

La Sombra se detuvo.

-El Guardián... -murmuró.

Ariann sintió que el corazón le golpeaba con fuerza el pecho.

El hombre levantó lentamente la cabeza.

Aunque sus ojos permanecían ocultos, Ariann tuvo la certeza de que la observaba fijamente.

-Has llegado al cruce -dijo con una voz grave que parecía surgir de las entrañas de la tierra-. Ningún viajero puede continuar sin elegir.

Ariann se sujetó con fuerza el relicario que colgaba de su cuello.

El Guardián señaló el primer sendero con su báculo.

-Este conduce al dolor que aún no has enfrentado.

Luego indicó el segundo.

-Este lleva al olvido eterno.

Finalmente, apuntó hacia la neblina.

-Y ese revela un destino que nadie puede predecir.

Ariann permaneció en silencio.

Dolor.

Olvido.

Lo desconocido.

Ninguna opción parecía ofrecer salvación.

La Sombra se acercó hasta quedar junto a ella.

-Elige con cuidado -susurró-. Toda decisión deja una cicatriz. Y no todos los caminos permiten regresar.

Ariann cerró los ojos.

Las voces del pasado despertaron en su memoria.

Risas.

Promesas.

Lágrimas.

Nombres que todavía le dolía pronunciar.

El dolor la aterraba.

Pero el olvido le parecía aún más cruel.

¿Quién sería si perdía todo aquello que la había convertido en quien era?

Cuando abrió los ojos, la neblina del tercer sendero comenzó a agitarse lentamente.

Como si respirara.

Como si la estuviera esperando.

Sintió una atracción imposible de ignorar.

Una fuerza silenciosa la invitaba a dar el siguiente paso.

-Elijo el tercer camino.

El Guardián inclinó la cabeza.

Golpeó suavemente el suelo con el extremo del báculo.

La neblina empezó a abrirse, revelando un corredor oscuro que parecía extenderse hasta el infinito.

-Entonces... acepta sus consecuencias.

La Sombra dejó escapar una risa apenas audible.

-Una elección valiente...

Hizo una breve pausa.

-O la más insensata de todas.

Ariann respiró hondo.

Y avanzó.

Al atravesar la neblina sintió un frío intenso, como si acabara de cruzar el velo que separaba dos mundos.

Detrás de ella, el paisaje desapareció.

Solo quedó la oscuridad.

Y el eco lejano de sus propios pasos.

No sabía qué la esperaba al otro lado.

Pero comprendía una verdad.

Acababa de cruzar una frontera de la que quizás nadie regresaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.