Entreabrí los ojos y fruncí el ceño con una mueca. La luz se colaba entre los pequeños huecos de la persiana, y uno me daba de pleno en toda la cara. Bostecé como si no hubiese despertado en días y me erguí de golpe, llevándome por delante las sábanas.
Por un momento, un recuerdo confuso se iluminó en mi mente.
Espera… ¿y la fiesta? ¿Dónde demonios estaba?
Eché un vistazo periférico.
¿Estoy en una cama? Una cama que no es mía.
Todo estaba borroso, y el brillo de la luz no ayudaba.
Eché un vistazo alrededor. Una cómoda. Ropa tirada por el suelo. Demasiada.
Pero no, no era mía, ese era un buen punto.
¿Eso de ahí no es una guitarra? Nick me mataría si le dijera que he visto una idéntica a la suya.
Sigamos.
Mi calzado a los pies de la cama, y un estante, repleto de cómics…
Fruncí ligeramente el ceño.
Había algo en ese desorden… algo extrañamente familiar.
Entonces mi pulso dio un pequeño vuelco.
No.
Se me secó la boca.
Esperé encontrar cualquier cosa que contradijera lo que empezaba a formarse en mi cabeza.
Entonces lo vi.
El póster.
Por un momento, se me heló la expresión.
—¿Matrix…? —murmuré, casi sin voz.
La idea cada vez encajaba mejor en mi cabeza.
Joder.
Sin duda, aquel era el cuarto de Nick.
Sin embargo, no lo había visto por ningún lado.
Un segundo…¿Qué se supone que hacía yo ahí?
Oh, no.
Mierda.
¿Acaso él y yo…?
Sentí un vuelco en el estómago, y tenía perfectamente claro que no se debía a la resaca.
Relaja, fiera. ¿Por qué no te levantas primero?
Ah, sí. Levantarme.
A todo esto, ¿qué hora es?
Rebusqué mi móvil entre las sábanas, ya que no lo había divisado encima de ningún mueble.
La cama estaba hecha un desastre, y los montones de ropa no ayudaban mucho.
Todo se veía un desastre. No entiendo cómo no me dí cuenta en el primer momento de que era su cuarto.
La pantalla del móvil se encendió.
Las once de la mañana. Ya era bastante tarde para mí.
Eché un vistazo a las notificaciones.
Tres llamadas de Melissa.
Oh, dios. ¡Mel! ¿Estará bien? Seguro debe de estar muy preocupada.
Aiden la habrá llevado a casa en la noche.
Cierto. Y además me encuentro en su casa, posiblemente se lo haya dicho.
Me apresuré a ponerme de pie y…
Mierda.
Como si se tratase de un mal recuerdo, corrí hacia el baño antes de que fuese demasiado tarde.
—¿Aubrey? —escuché la voz de Aiden desde el pasillo, también sentí que se reía —. Veo que ayer lo pasaste estupendamente.
Él se acercó con la intención de ayudarme a ponerme en pie, ya que debía de notarse plenamente el mareo en mi rostro.
Me acompañó a la cocina, en donde me acomodé sobre uno de los taburetes de cuero.
Un dulce olor se dispersaba por toda la cocina. Me quedé de piedra al verlo allí. Nick agarraba una sartén mientras le daba vuelta a lo que parecía ser una tortita.
¡Qué hambre de pronto!
—¿Y bien? Podéis empezar a hablar sobre lo ocurrido anoche —nos interrogó Aiden, apoyado sobre la barra, a mi lado.
Miré a Nick por el rabillo del ojo.
Era extraño.
Su rostro, a la vez que me parecía absolutamente indescifrable, simulaba indiferencia.
No era solo la forma en la que estaba callado, sino la manera en la que evitaba mirarme.
¿Entonces sí había ocurrido…?
No. Era imposible.
Tenía que serlo.
—Yo… La verdad es que no recuerdo nada —rompí el silencio con una mirada inocente.
—Debiste de haber bebido mucho — Aiden soltó una carcajada.
Mientras tanto, nada. Nick continuaba con la sartén en la mano, dejando la última masa circular sobre el plato.
—Toma —habló por fin, solo que con un tono seco que muy pocas veces había escuchado —. Seguro que tienes hambre.
Apoyó la bandeja sobre la barra y pasó por el umbral de la puerta.
Aiden, que sostenía una taza de café, me miró y la separó de los labios .Me dedicó una pequeña sonrisa y salió a su paso.
Yo ya no sabía qué pensar. ¿Había sido eso? ¿Tal vez solo se trataba de otro asunto y yo no lo sabía?
Comencé a comer, intentando desviarme de la idea por un rato.
De pronto recordé las llamadas perdidas de Mel. Dejé la vajilla en el fregadero y agarré el móvil.
—¡Mel! ¿Cómo estás? ¿Te dejaron en casa anoche? —pregunté de sopetón, tan rápido como respondió la llamada.
—Antes de nada, buenos días. Y sí, estoy en casa. Aiden me trajo después de que terminase la fiesta —explicó con un tono calmado —. ¿Y tú cómo te encuentras? Aiden me comentó también que tú y Nick os habíais marchado antes de que acabase el DJ.
—¿Eso te dijo? Porque yo no recuerdo nada.
—Pues menudo resacón tenemos, ¿eh? —escuché su dulce risa desde la otra línea.
Y era tan cierto… ¿Sería esa la razón por la cual Nick se comportaba de esa manera? A él no le agradaba nada verme borracha.
Mi cuerpo se destensó y, por primera vez en la mañana, suspiré de alivio.
Aunque, para ser honestos, también me molestó aquella idea.
Bien que luego era él quien se metía en líos. ¿Y si lo hacía yo, él se enfadaba conmigo?
No era justo. Aquella era mi vida y yo era quién debía de tomar las decisiones. No era culpable de que no le gustasen.
Él solamente se preocupa por tí.
Maldita conciencia.
Era verdad.
Nick era un buen amigo, siempre se preocupaba por mi bienestar, pasara lo que pasara.
Lo mejor sería hablarlo con él.
Me despedí de Melissa y posteriormente fui en busca de Nick. Pero antes de poder salir de la cocina, Aiden bloqueó mi paso.
—Aubrey, vamos. Te llevo a casa en mi coche.
Espera, ¿qué?
¿Y Nick? ¿No vas a hablar las cosas con él?
Estuve a un instante de preguntarle por él, pero solo lo dejé pasar y asentí.