Caminos Trazados

CARTA A MAMA

Mami:

Sólo por hoy me han dejado que hable contigo; ¡ahora que puedo hablar son tantas las cosas que quisiera decirte! ¿recuerdas aquella primera vez, cuando tú y mi papi, querían adoptar y llegaron donde yo estaba? Desde que te vi, supe que serías mi mami, yo te elegí. ¿Recuerdas cuando me viste el labio inflamado y con sangre, y tu creías que tenía un problema de muela?, ¡jamás olvidaré cómo agarraste ese carro y corrimos donde el doctor, sólo para que te dijera que era una espina enterrada en mi encía!, por traviesa y… ¿aquella vez en que me llevaste también porque creíste que tenía un barro cerca de mi nariz? y era que me había picado una abeja – Ja jajá cuando vivíamos cerca de la abuela, me gustaba despertarte con la chancla en tu rostro, porque no le hacías caso al despertador, yo no sabía dónde tenías que ir, pero si lo habías puesto, creía que era importante y yo, ¡solo quería ayudarte! – Y… ¿Recuerdas, también aquella vez?, cuando me enfermé creo que, del estómago, tú creías que era algo grave, pero es que ¡eran tan ricas aquellas plantitas que encontré en el nuevo jardín de la casa!

Sabes, recuerdo cuando mi papi y tú se separaron, peleaban porque los dos querían quedarse conmigo, pero tu ganaste y yo me alegré; pues quería a mi papi, pero te quería más a ti.

Luego fue pasando el tiempo, y no sé por qué, pero cuando estaba molesta contigo porque no me hacías caso o me habías castigado, te daba donde más te dolía; con tus amados zapatos, pues yo pensaba: ¡después de todo tiene tantos! – y fingías estar enojada, mientras yo te pedía perdón a lengüetazos. Poco a poco entendí que con tus zapatos no debía meterme.

Y mi abuela, ah mi abuelita; siempre me ha amado tanto como a una verdadera nieta; así como tú me has amado como una hija de verdad. Nunca te había dicho cuánto me gusta mi baúl con ropita, toda la que siempre me has traído de tus viajes. Me emocionaba tanto cuando te veía abrir la maleta, ¡esperaba ansiosa a ver que me habías traído!

Luego cuando empecé mis viajes a la veterinaria, para que me pusieran bonita; me gustaba tanto que desde que yo entraba ellos me decían: “bienvenida señorita, pase adelante” …. Y, bueno tu sabes que en los salones siempre hay habladurías y, fue ahí donde me di cuenta por primera vez, que cuando nos hacemos viejitos, a veces ya no nos quieren porque somos más gasto o más cuidado. Me daba lástima cuando contaban, que algunos de los compañeros o compañeras estaban en adopción porque sus papis ya no los querían en casa, a veces por traviesos, a veces por el gasto y a veces, porque ya estaban viejitos y no querían jugar con los niños. Yo siempre pensé “mi mami nunca hará conmigo eso, ¡me lo prometió!”- Siempre me he sentido tan segura contigo!

Recuerdo también aquella vez, cuando estábamos en aquel lugar de turistas, donde yo podía correr libremente, tú me dejabas, pero yo sabía que ahí estabas cuidándome. Recuerdo…. una vez que veníamos saliendo de aquel lugar, yo sentí un olor extraño, un olor a muerte y dolor, debía obligarte a que fuéramos a ayudar, no me sentía tranquila, finalmente de tanto insistirte que no fueras por ese lado, sino que por el otro, lo hiciste te acuerdas?, fuimos a aquel puente donde había caído un autobús y había gente gritando, recuerdo que por miedo a que yo me bajara y me pasara algo, me dejaste en el carro y me dijiste: “te estas quietecita, ya vengo”, bajaste un poco las ventanas y empezaste a ayudar a sacar heridos de aquel puente, Jajaja me acuerdo cómo obligaste a aquel señor que tenía un pick-up, para que ayudara a llevar heridos al hospital, él no quería y sólo recuerdo el rostro que vi desde el carro: “mami ese hombre te tuvo miedo y al final te hizo caso, también te vi darle dinero”

También recuerdo a mi hermanita Yanka, cuando llegó me alegré tanto, pero a veces me daba miedo porque era mucho más grande y traviesa que yo. ¡Yo tenía que cuidarla! – Tú te diste cuenta que ella necesitaba más espacio y, por su bien le buscaste otro dueño. Después contaste, que la habías visitado y que estaba ¡tan alegre!, que había comenzado a cazar conejos y que el primer día que llegaste de visita, de la alegría te llevó uno a los pies.

Y, mis tías y los primos; ¡Jajaja a Ale siempre le encantaba tirarse al suelo y abrazarme, y a mí me gustaba tanto también!

Mami, perdón, pero recuerdo a tus novios y amigos, y con muchos discutiste por mi culpa, siempre les dijiste que yo era primero que nadie, ¡que yo era tu hija querida, como si fuera carne de tu carne! – Amaba escuchar aquellas palabras, pero me daba tanta risa, cuando veía la cara de aquellos pobres, quizá creían que estabas loca; yo sabía que te querían, pero como ellos no me querían a mí, tú dejabas de quererlos a ellos.

Después, recuerdo tantas veces que te empezaste a enfermar…. “me preocupaba tanto, que no podía ni comer, a menos que viera que había alguien cuidándote” …. Tus operaciones, tus idas al médico, las veces que salías con esa maleta y yo sabía que ibas a tardar en regresar, no podía dormir tranquila y por las noches lloraba, queriendo saber de ti, pero nadie me decía nada, nadie me explicaba. Yo…. sólo debía esperar que regresaras a mi lado.

Mami, recuerdo cuando te dijeron que tenía algo en mi pancita y me hablaste a los ojos y me explicaste que debías operarme, que era por mi bien. Estabas tan preocupada, me llevaste y me cuidaste día y noche para que yo no me rascara la herida.

Y…. la vez que aquella muchacha me descuidó, yo atravesé la calle y me atropellaron, recuerdo que el doctor te dijo que tal vez perdiera mi patita, tú dijiste que no lo haría, compraste tantas medicinas y cosas, y me dijiste: “ya vas a ver mi hija, quedarás como nueva”. Cuando me hablabas así, viéndome a los ojos, yo todo te creía, nunca dudé de ti.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.