Recuerdo muy bien haberlo conocido un día de mayo, cuando acudió a la oficina por información de trámites legales. – No sé aún qué fue lo que me atrajo, pero había algo en él, que me hacía volar los pensamientos y me daba escalofríos en la piel. El, creo que sintió lo mismo o algo parecido, pues me miró profundamente como queriéndome desnudar con los ojos, yo bajé la mirada y me sonrojé. Le di el folleto con la información que solicitaba y sólo me dijo “gracias señorita”. Al tomar el folleto, rozó con sus dedos la piel de mi mano y una especie de corriente eléctrica me hizo vibrar hasta los huesos. No sé cómo, en qué momento yo ya estaba subiendo a su auto, me había invitado a tomar un café, pero en el camino, yo pensaba ¿dónde vamos, este no es el camino a la cafetería? Callé, miraba al frente y sin hablar, trataba de disimular mi nerviosismo, mi ansiedad, mis dudas, todo me daba vueltas en la cabeza. Llegamos a un edificio de condominios, se parqueó y me dijo que sólo quería arreglarse un poco antes del café, y yo le dije que estaba bien. Dio la vuelta al auto y me abrió la puerta, amablemente para que me bajara del auto. Yo, como autómata, sólo tomé su mano y caminé tras el. Entré al apartamento y me senté con la copa de vino que me sirvió. Era, me dijo, para que yo esperara mientras él se cambiaba la ropa.
Me senté preguntándome qué hacía yo ahí, miraba la sala de estar donde me encontraba, el pequeño comedor de vidrio, el escritorio donde seguramente trabajaba y las lámparas en el techo, con esa luz tan tenue. El ambiente era tan romántico y acogedor que el tiempo se me pasó, y de repente salió arreglado. Se miraba tan atractivo, alto y delgado, con una camiseta sport y blue jeans, su pelo entrecano pero abundante y liso, caía sobre su frente de una manera tan sexy. Me besó nuevamente y me dijo “te quiero mía, sólo mía”- yo asentí con la cabeza. Pero… un momento ¿qué hacía? ¿Qué estaba a punto de hacer? - No sé en qué momento, ya estábamos en su habitación y a medida me desvestía, besaba la parte de mi cuerpo que quedaba descubierta, recuerdo los besos en mis pantorrillas, las piernas, sus manos en mi cintura desnuda, su cuerpo desnudo junto al mío, y pronto como si el mundo no hubiera girado ni un instante, de repente estábamos abrazados, desnudos en la cama. ¡Después de todo, a mi edad, aún era deseada, aún era admirada, aún sentía! – Fue una romántica tarde de ensueño.