Sé que fui a una fiesta ayer y regresé cerca de las 10 pm. Desde que tenía 19 años y trabajo para mantenerme, siempre he vivido sola.
Al llegar a mi casa abrí la puerta de la entrada de mi apartamento y me senté en el sillón de la sala, encendí la televisión sólo para pasar el tiempo un rato, fui a la cocina a poner la tetera, regresé y me recosté en el sillón, tomé el control y me puse a cambiar canales buscando algo interesante que poder ver.
Recuerdo, ese día, haberme sentado en el sillón con mi taza de té y una galleta; miraba mi programa favorito, una serie detectivesca. Estaba tan cansada, que pronto me quedé dormida y cuando desperté, estaba asustada, vi el reloj de la pared de la sala - ¡eran las 4 de la mañana! Sólo tenía 2 horas para, tal vez dormir un poco más, salir a las 6 y poder estar en la oficina a las 7 en punto.
Me levanté del sillón, apagué la televisión y fui a mi habitación, dispuesta a descansar un rato, debía colocar la alarma. Sentada en la cama al girarme hacia la izquierda, donde se encontraba mi radio/alarma, observé sobre la alfombra, cerca de la mesa de noche una corbata azul negro.
¿Corbata?, pero… ¿de dónde habría venido una corbata, yo nunca he traído hombres a mi casa?, ¡yo amo mi privacidad!
Si bien es cierto, de vez en cuando he salido con algún que otro compañero del trabajo o amigo de la universidad, han sido sólo dos ocasiones y los dos únicos novios que he tenido, con quienes me he ido a sus apartamentos a pasar la noche.
Pero…. esa corbata… ¿de dónde pudo haber salido?
La recogí del suelo y al olerla me di cuenta que estaba limpia, acaricié la tela y me percaté que era seda, pero vi que era de hombre ¿Qué hace una corbata de hombre en mi apartamento? ¡Yo no he traído hombres a mi casa nunca!
Coloqué la corbata sobre el tocador que está a la par de la ventana y me acosté un rato, queriendo dormir, pero no pude pues seguía pensando ¿de dónde había salido esa corbata?, entre un sí y un no, finalmente logré conciliar el sueño un rato. ¡De repente, abrí los ojos asustada! – ¿me quedé dormida, otra vez?, ¿Por qué no habrá sonado la alarma? ¡Hoy si indudablemente llegaría tarde a la oficina! Al mirar el radio/reloj sobre la mesa de noche me di cuenta…. ¡Tenía el tiempo justo para bañarme, arreglarme, tomar un café y salir de casa! Después de desvestirme, me coloqué la bata de baño y, justo cuando estaba dispuesta a entrar al baño, alguien tocaba el timbre de mi puerta…. Pero…. ¿Quién podía ser a esas horas de la mañana? ….
Ya vino el casero a cobrar la renta, los recibos mensuales me los deja el cartero en el buzón, no esperaba a nadie a esta hora, entonces…. ¿Quién podía ser y más a esa hora?
Mientras caminaba hacia la puerta, la cabeza me daba vueltas pensando quien podría ser y el timbre no dejaba de sonar, me acerqué y me asomé por la mirilla de la puerta. Era una señora como de sesenta y algo que no conozco. ¿quién sería? ¡Nunca antes la había visto por aquí! ¿que podría querer?
Mientras pienso tantas cosas, me acerco a la puerta, la abro y la señora me dice: “Buenos días señorita Lee, ¿quisiera saber si por casualidad en alguno de sus dormitorios o en el balcón, no habrá encontrado una corbata?, estaba tendiendo la ropa de mi marido en la azotea, cuando vino una ráfaga de viento y la hizo volar, no la encuentro y es la favorita de mi esposo, es de seda y color azul negro”.