Don Neto, fue único hijo y, teniendo aún 17 años conoce a una jovencita de su misma edad, con quien comienza a compartir su vida. En su convivencia y con toda su pobreza, lograron procrear un hijo, que fallece a la tierna edad de un año, por una infección que, debido a la falta de medicamentos no pudieron tratar. Ambos, soportaron esa terrible pérdida y aunque su corazón estaba hecho pedazos, tuvieron que aprender a vivir con ese dolor.
Ella trabajaba haciendo oficios varios en residencias y él, hacía trabajos de albañilería, carpintería, maestro de obra, jardinería, etc.
Vivieron toda una vida juntos y, a la edad de 65 años muere Doña Julia, dejando a Don Neto muy solo y triste. Se deprimió muchísimo, pues se sentía solo en el mundo. Su única compañía ahora, serían sus dos perritos que lo seguían como su sombra. Don Neto ahora con su avanzada edad, no encontraba trabajos como en su juventud y tampoco tenía una pensión, seguro ni ninguna prestación se salud; así que vivía de lo que recogía en los basureros, personas que en mi país son llamados “pepenadores”.
Mientras otros recogían vidrio, papel periódico o cartón, Don Neto vivía de todo tipo de plásticos que hallaba en las acumulaciones de basura en las comunidades marginales, donde salir y regresar con vida por la noche es un milagro, pues la delincuencia domina los territorios a su antojo y sin ninguna injerencia de la autoridad.
El, todos los días en una cafetera de aluminio que había encontrado en la misma basura, se hacía su café, comprando en la tienda cercana (donde ya era conocido) una bolsita de café de 10 centavos y un pedacito de pan dulce de 35 centavos; mismo que compartía con sus dos peludos inseparables y quienes también eran su cobertor por las frías noches en la cima del cerro donde le habían dejado vivir los dueños de un terrenito.
El, salía todos los días desde las cinco de la mañana, con Poppy y Rubí a recorrer las calles y basureros; pepenando botellas, juguetes arruinados que, alguien había botado porque los consideraban inservibles. Se llevaba huacales, vasos plásticos y platos, así como las bolsas en las que, se vendían por las calles agua para aliviar la sed a los transeúntes.
Don Neto, desde que enviudó, vivía en una pequeña casita hecha toda de cartón y ladrillos para que el techo del mismo material no saliera volando con los vientos, su puerta era un pedazo de lámina quebrada. Los platos de sus peludos, eran unos platitos plásticos que milagrosamente había encontrado y no estaban quebrados ni tenían huecos, y su taza para el café también pepenada de ahí en algún basurero.
En punto de las 6 am todos los días, fuera de mi colonia, yo me lo encontraba en el basurero reuniendo su valioso material para luego irlo a vender y obtener algo de dinerito y sobrevivir. Sus cumpleaños, navidades, día del padre y año nuevo, los pasaba en las calles, como cualquiera día, porque eso eran para él esos días; un día como cualquiera.
Cierto día, cuando iba yo a mi trabajo y esperando el transporte público, me encontré con Don Juan, quien se encargaba de pepenar cartón y como me sorprendió no ver a su amigo Don Neto; le pregunté por él. En mi casa, habíamos decidido, que al menos nosotros, para ahorrarles el meterse en la basura y buscar sus materiales reciclables, nos dábamos a la tarea, al menos una vez por semana, de reunirles separadamente en dos bolsas todos los plásticos y el papel y cartón que no nos servía.
Pregunté por Don Neto, para entregarle los plásticos que le habíamos reunido, pero Don Juan bajando la mirada, me dijo que su amigo de andanzas; Don Neto, ya no estaba en este mundo, pues la noche del 31 de diciembre, había atravesado la calle sin darse cuenta, cuando pasó rápidamente un autobús del transporte colectivo.
Poppy y Rubí se habían quedado en la acera, y vieron como el pobre Don Neto salía volando por los aires y caía sin vida en la orilla de la calle. Ahora los dos perritos huérfanos, cuidaban a Don Juan y él cuidaba de ellos.
Don Neto ya no estaba más para ellos ni para nadie; ahora ya no tenía más preocupaciones. Él ahora está donde todo es descanso, paz y alegría. Ahora, después de tantos años se ha reunido con su único amor Doña Julia.