Mi padre, el primer hombre de mi vida;
tan sensible, bondadoso y caritativo,
como inteligente y en extremo meticuloso.
Conmigo aprendiste a la fuerza y de sorpresa
lo que significaba estar a cargo de otro ser humano,
haciendo pachas, cambiando pañales,
cantando canciones de cuna
mientras te paseabas en las madrugadas,
esperando a que me durmiera.
Conmigo aprendiste, a dar clases de matemáticas,
de moral, de cívica, patriotismo, urbanidad
y muchas otras cosas más.
Conmigo sentiste por primera vez el dolor de dejar ir y ver que tu hija,
viva su propia vida, con el temor, a que volviera lastimada.
Yo, contigo aprendí lo que es tener un padre,
el único, el mejor pues sin ti, no fuera lo que ahora soy.
A los hijos los hacen padre y madre;
y mucho le debo yo a mi madre,
pero siempre habrá cosas,
que el único que puede enseñarlas es el padre.
Gracias papá, por haberme dado la vida,
por haber hecho de mi quien ahora soy,
por quererme siempre como era,
con mis alti-bajos, como somos las mujeres.
Gracias porque al final de tu vida,
pudimos ser más que padre e hija; “amigos”
gracias por todas esas largas madrugadas,
de charlas sin cesar, hasta que de tanto tú hablar,
yo me dormía sin querer.
Y tú,
esperando, como espera el padre,
que su bebé en la cuna
se duerma con tranquilidad.
Hablábamos, hasta de cómo pudo haberse formado el mar,
filosofando a la vez, de aves y de estrellas.
Gracias papi por haber existido en mi vida,
gracias por haberme leído tus poemas,
todas esas madrugadas, mientras yo,
no podía conciliar el sueño.
Hasta la vista papá,
para cuando un día,
me llame a mí el señor,
y ese día, pueda yo partir,
tomada de tu brazo,
como los padres,
que llevan del brazo a sus hijas al altar.
Te estaré esperando, cuando llegue mi hora
Te estaré esperando, justo aquí donde me dejaste sola ……