Anita estudiaba la secundaria en la escuela, cuando repentinamente su madre murió en un accidente de tráfico, en ese entonces apenas tenía quince años. La muerte de Leticia devastó a don Jorge, que se encerró en si mismo. Anita, también estaba muy preocupada por su padre, y aunque la muerte de su madre la entristeció, ella siempre con quien mejor se llevaba era con su padre.
A raíz de la profunda depresión en que entró don Jorge, Anita dispuso a llevarlo donde una psiquiatra que le recomendaron, Miriam. Era muy buena doctora, al poco tiempo don Jorge fue cambiando de semblante, ya se le notaba de mejores ánimos y pudo regresar al trabajo.
Anita, se sintió mejor, al ver que su padre había salid de la depresión, pero nunca imaginó la sorpresa con la que un día su padre le llegó. Después de dos años de la muerte de su esposa, don Jorge había decidido casarse, y nada mas ni nada menos que con Miriam, su psiquiatra.
Anita, al ver que su padre era feliz, lo aceptó a regañadientes, pues entendió que su padre se sentía solo y después de todo, ella misma haría su vida lejos de el. Aceptó a Miriam como la nueva esposa de su padre, pero nunca le dijo madre, y su relación con ella no era muy buena, pues Anita sentía como si era una intrusa en su hogar.
Transcurrieron cinco años, cuando repentinamente su padre enfermó, le diagnosticaron un soplo en el corazón, su situación era delicada. No había operación para ello, pues por su avanzada edad, la operación era muy riesgosa y le recetaron reposo y tranquilidad. El médico le dijo que, si seguía sus instrucciones y comía sano, le esperaba una buena vida aún. Ella por primera vez, vio que Miriam de verdad amaba a su padre, pues lo cuidaba con fervor. Lo atendía y lo acompañaba en las tardes a descansar, para que el tuviera una vida tranquila.
Don Jorge, había sido un hombre muy trabajador y, cuando comenzó lo de la bolsa de valores en el país, él quiso aprender sobre ese trabajo y lo logró. Poco tiempo después era de los especialistas en esa área, poco valorada en el país. Así, don Jorge había logrado una pequeña fortuna. Y si bien es cierto no eran millonarios, vivían cómodamente y Anita a sus casi veintiún años, nunca había tenido necesidad de trabajar. Tenían servicio doméstico en su casa y Miriam, sólo se dedicaba a cuidar a Don Jorge. Muchas veces ella misma le dijo, que posiblemente lo estresante de ese trabajo había hecho que enfermara del corazón, y él sólo reía, como no queriendo aceptar que era posible.
Así, un día don Jorge recibió una llamada. Sus padres, aunque muy ancianos ya, aún vivían, algo lejos para su parecer, pero ahí estaban. La llamada era de su madre que al otro lado del teléfono lloraba mucho, se trataba de su padre, se había caído de la ducha y había muerto de un fuerte golpe en la cabeza. Don Jorge, al recibir la noticia se tocó el corazón; ahí estaban Miriam y Anita que corrieron a auxiliarlo. Mientras Miriam le sostenía la cabeza, arrodillada en el suelo con él, Anita llamaba una ambulancia, pero la respiración de Don Jorge era cada vez más dificultosa. Él se estaba despidiendo…
Cuando llegó por fin la ambulancia, exhaló su último suspiro y murió. Miriam gritó y lo abrazó arrodillada junto a su cuerpo, Anita abría la puerta a los de la ambulancia cuando eso sucedió.
No estuvo junto a su padre en su último suspiro. Anita corrió y se abrazó a su cuerpo… “no papi, no me dejes por favor, no tú, no tu” – decía Anita.
Miriam sostenía su cabeza y lloraba en silencio. Después que el médico de la ambulancia diagnosticara la hora de la muerte y firmara el Acta respectiva, Miriam comenzó los preparativos del sepelio, llamando a la funeraria.
Anita ahora había quedado sola, sin su madre y sin su padre. Estaba sentada en un rincón de la sala, mientras el cuerpo de su padre yacía en el suelo aún. Anita lloraba en silencio y pensaba iba a ser de ella ahora. Miriam sentada en otro sillón, firmaba papeles a la funeraria, para que se llevaran el cuerpo. Don Jorge ya no estaba más para ambas.
Después que se llevaron el cuerpo, Anita salió al corredor de la casa y se sentó en una mecedora, con la mirada dirigida al vacío. “papi, ahora que será de mi” – se decía por dentro. Ya no lloraba, ahora su soledad era más grande que su dolor por la ausencia.
Dos días después, en el cementerio, parada junto al féretro de su padre, lloraba en silencio y creía taparse con las gafas oscuras que habían sido de su madre. Pensaba…” primero mamá y ahora papá, que será de mi ahora”
Anita estaba cursando el tercer año de la Universidad estudiando leyes. Cuando joven platicaba mucho de eso con su madre y le decía que iba a ser defensora de los inocentes en los juzgados. Ahora, … hasta eso perdía sentido. Ya no estaría tampoco su padre para la graduación.
Una semana después del sepelio, tocaron la puerta de la casa. Era el abogado de la familia. Entro y se presentó, lo hicieron pasar a la sala y dijo que llegaba a leer el testamento de Don Jorge. Miriam y Anita se sorprendieron mucho, pues ni siquiera supieron nunca que él había preparado un testamento.
El licenciado, muy ceremonioso comenzó la lectura, mientras Anita con la mirada perdida sólo alcanzó a escuchar las últimas palabras... “…. Es mi voluntad que Miriam herede todos mis bienes, desde terrenos, dinero hasta la casa en que habitamos, todo pasará a ser de ella si yo muero” …. Anita abrió enormemente sus ojos y miró a Miriam.
Miriam no dijo una palabra, se puso seria y preguntó al licenciado, el porqué de eso. – “Señora, lo lamento, esa es una pregunta que no puedo responder, esta fue la última voluntad de Don Jorge” -