1 de octubre 1995
Alicia llegó a su casa, después de la Universidad y no encontró a nadie, estaba desecha y terriblemente cansada de tanto llorar. Entró en su habitación y llorando se quedó dormida.
Siempre había sido una buena hija, había sido obediente a sus padres y abuelos, pero, esa mañana su vida ya no tenía sentido, algo extraño le pasaba, había amanecido diciendo que un hombre que estaba en su cuarto la amenazaba con un revólver. Su madre salió corriendo a ver, para poder convencerla de que ahí no había nada, pero se encontraba muy asustada de lo que su hija le decía. La acompañó para convencerla, y efectivamente no había nadie. Pese a eso pudo comprobar horrorizada los moretones en la espalda de Alicia, que parecían hechos con una pistola de balines o con muchas piedras pequeñas. Ese día estaba demasiado exaltada y describía con increíble detalle el rostro de su atacante, el cual ella juraba que se encontraba encerrado y escondido en su cuarto. Su madre entró, verificó el cuarto y hasta vio por debajo de la cama; no había nada.
Alicia había comenzado el tortuoso camino de la demencia. Algo en ella había detonado en la locura. Su madre se resistía a creerlo, visitó doctores, brujas y hasta lectores de cartas y mano, para ver si a su hija le habrían hecho alguna especia de brujería o magia negra.
Alicia, hablaba de alguien que había encendido velas rojas y que pronunciando palabras extrañas mencionaba su nombre, eso asustaba aún más a su madre doña María.
La señora agotó todas las instancias esotéricas y de quiromancia, para luego tener que convencerse en la consulta psiquiátrica, cuando a su hija le diagnosticaron Esquizofrenia.
Esta es una enfermedad psiquiátrica que se caracteriza a menudo por conductas que resultan anómalas como; alteraciones o falta de percepción de la realidad, disfunción social y por último mucha dificultad para mantener la conciencia. Los síntomas varían, y entre los más comunes están las alucinaciones auditivas, sentimientos de ira repentinos, soledad y profunda tristeza al mismo tiempo.
Doña María estaba destrozada, pues su hija apenas tenía 26 años y cursaba el tercer año de odontología. El médico le explicó a la señora, que este tipo de enfermedades son de carácter genético y siempre existe un detonante por lo que la persona termina padeciendo la enfermedad. Ella quería descubrir cuál había sido ese detonante, qué lo había causado pues, su hija era una buena estudiante, contaba con un entorno familiar estable y hasta donde ella sabía, su hija ni siquiera había tenido novio. El doctor le dijo que, conocer el detonante de su enfermedad era casi imposible de saberlo, el mismo día ella fue recluida en un hospital para enfermos mentales, sin que doña María pudiera hacer nada. - Alicia nunca regresó.
31 de septiembre 1995
Estaba por finalizar el ciclo y Alicia estaba triste porque tendría que dejar la Universidad, a ella le gustaba mucho el estudio y especialmente su carrera. Sus dos hermanas estudiaban carreras vinculadas a los números, pero a ella siempre le había llamado la atención odontología. Por ser una carrera tan especializada, eran pocas universidades en el país las que contaban con ella y a Alicia sus padres habían tenido que inscribirla en una universidad privada de las más caras. Era muy estudiosa y aprovechaba hasta el último segundo de su tiempo para siempre estar inmersa en el estudio, sus tareas y compromisos universitarios. Tímida y apartada, contaba con pocas amigas y ningún amigo varón. Se ponía muy nerviosa cuando algún chico se le acercaba por motivos académicos, ya que ella era muy estudiosa y se mantenía al día con sus clases y sus tareas. Para ella era un sueño el poder llegar un día a tener su propia clínica odontológica.
Un día estando ella en la cafetería de la universidad mientras estudiaba con algunas compañeras, se le acercó Saúl, un chico que a ella le gustaba mucho, pero con el cual nunca había cruzado palabras. Una de sus amigas lo sabía. Saúl se le acercó al oído y le dijo que quería platicar con ella a solas, Alicia se puso muy nerviosa, se puso de pie y lo acompañó a otra mesa.
Saúl le tomó las manos y le dijo, pese a que muchos los observaban, que la amaba y que quería que fuera su novia. Alicia, sentía muchos nervios y parecía que mariposas revoloteaban en su estómago, sin embargo, muy emocionada tomó fuerzas y aceptó, apretando sus manos en las de él. Ya estaba dicho, había quedado sellado, aunque aún faltaba el beso. Eso sucedió a primeras horas de la mañana y Alicia estaba que volaba por los aires, pues nunca se imaginó que los sentimientos que ella tenía por Saúl, fueran correspondidos. Saúl era un par de años mayor que ella y estaba ya acostumbrado a andar en motocicleta desde los 18 años que entró a la Universidad. Ese día se despidió de Alicia y le dijo que debía ir a su casa, pues había olvidado un libro de texto que necesitaba para la próxima clase. Se despidió con un casto beso en la mejilla y se fue.
Ella volvió a la mesa con sus compañeras, contándoles emocionada lo sucedido, sin embargo, su felicidad fue temporal. A los pocos minutos venían unos compañeros corriendo a decirle que Saúl estaba gravemente herido, que acababa de ser atropellado al querer salir del parqueo de la universidad. Alicia corrió, quería verlo por sus propios ojos, no podía creerlo, si apenas acababa de estar con él, apenas le acababa de declarar su amor. No era posible que la vida le diera tan duro golpe.
Alicia llegó hasta el lugar del accidente y pocos minutos después los enfermeros de la ambulancia hacían esfuerzos sobrehumanos para arrancar de los brazos de Alicia el cuerpo sin vida de Saúl, que había muerto instantáneamente al chocar su cabeza con el pavimento, pues había olvidado colocarse el casco. Era tanta su alegría y su prisa por regresar a la universidad al lado de Alicia, que sencillamente lo olvidó. Saúl había muerto, casi sin darse cuenta.