Caminos Trazados

FIESTA DE DIFRACES

Ya estaba decidido, iba a ir a la fiesta de disfraces. Era la víspera de Halloween y con su amiga Lety, habían planeado esa fiesta hacía mucho.

Ana María se sentía tan deprimida, después de la muerte de su perro, Duke. Había sido un Golden Retriever color dorado, la raza ya por sí misma es grande, pero él superaba aún los estándares de peso y tamaño. Había estado con Ana María desde antes de cumplir un mes y vivió con ella toda su vida, 18 años. Lo cual es muchísimo para un perro.

Ella, al final de sus días, lo vio cómo iba decayendo, cada día le costaba más levantarse a hacer sus necesidades básicas, y ella le daba su comida remojada con agua y con una pequeña cucharita. Después de casi un mes de agonía, Duke amaneció muerto. Esa mañana, ella creyéndolo desmayado lo llevó de inmediato al veterinario, pero ya era tarde, él había fallecido de un paro cardíaco.

Cuando regresó a su casa con él envuelto en una sábana, decidió enterrarlo en el jardín de la casa, junto a un enorme rosal que había junto al muro. Sara su nana y el jardinero le ayudaron a cavar el hueco y lentamente, lo colocaron y taparon la tumba.

Ana María vivía en una enorme casa que le había quedado de sus padres. Ellos habían partido al extranjero y habían decidido quedarse a vivir en Europa. Como ella era hija única, quedó ahí sola viviendo con Sara la señora de la servidumbre y a la vez su nana.

Duke murió el 24 de octubre, ¡hacía tan poco tiempo!, – no se sentía cómoda yendo ahora a una fiesta de disfraces, pero su mejor amiga Lety, no se lo perdonaría si faltaba, aunque ahora ella sólo quería quedarse en cama, llorando la pérdida de su mejor amigo.

A regañadientes se cambió, usando el vestido de bruja que habían acordado con Lety y, antes de irse, pasó por el patio tirando el beso acostumbrado hacia el rosal donde yacía su querido Duke.

Era sábado y ella, ya se había acostumbrado darle libre a Sara los fines de semana, así que estaba completamente sola. - Antes de salir dejó encendida algunas luces de la casa, cerró la puerta con doble llave y subió a su auto, rumbo a casa de Lety.

Ya en la fiesta, pasó la noche tratando de divertirse, sonreía cuando le sonreían, pero… sencillamente no se sentía cómoda, ni con ánimos de fiesta. Lety lo notó y la mandó a descansar a su cuarto un rato. Ana María estaba tan rendida, que casi instantáneamente se quedó dormida pensando y hablando cosas como, mi casa, mi cama, que alcanzó a decir y luego cerró los ojos.

Cuando regresó de la fiesta, Duke estaba esperándola en el garaje, como siempre, sentadito sobre las gradas de la entrada de la casa, ella entró y le dio su beso en la frente como acostumbraba, pero… ¿Qué pasa? ¿Duke, que te pasa le dijo, muy asustada?... no se explicaba cómo, pero su perro, la halaba del pantalón y la llevaba hacia el jardín de la casa, ¿pero, ¿qué pasa? - Ana María se sorprendió cuando se vio entrando en un enorme hueco, hecho en el jardín, y él saltaba empujándola hacia adentro.

“Vamos, Duke, ¿qué te pasa, que haces? ... el perro continuaba saltando sobre ella, ella sentía los golpes en su pecho, y sentía que se hundía cada vez más en el hueco...

“Duke!...

Duke!...

déjame tranquila, por Dios…

¿pero qué te pasa?, ¡no puedo respirar!

De repente y sin más, abrió los ojos. Lety estaba sobre ella golpeándole el pecho con fuerza, y a la par de ella había un médico… ó al menos eso parecía. Abrió los ojos con esfuerzo y sintió que le dolía mucho el pecho. Lety se calmó, se sentó a la par de ella, sobre la cama y suspiró con tranquilidad.

-“Lety, amiga, pero qué pasó, ¿por qué me golpeabas, y que hacia ese médico aquí?-

“Oh vamos Ana Maria, ese no era médico, era mi novio disfrazado de médico, recuerda que la doctora soy yo y trataba de resucitarte. - ¡Vine a verte y cuando te toqué, te sentí tan helada que me asusté, te tomé el pulso y verifiqué que no respirabas, mujer sí que me asustaste!

“¡Oh, pensó Ana María, menos mal, todo fue sólo una pesadilla!

Ya era pasada la una de la madrugada, se levantó, se despidió, dio las gracias a su amiga, se subió al auto y en menos de 20 minutos estaba en su casa. Tal como la dejó, luces encendidas.

Entró y fue directo a su cuarto. - Pero…. al comenzar a desvestirse, se vio al espejo…. “Oh, por Dios ¿qué es esto?, se dijo”

Sobre su traje negro, se observaban huellas de perro, como si hubiera pasado por la tierra y luego sobre su pecho. Rápidamente corrió al jardín y observó la tumba de Duke, el rosal… todo estaba normal. No pudo más y se hincó sobre la tumba, lloró desconsoladamente hasta que no tuvo más lágrimas diciendo: “Duke perdóname, perdóname, no pude evitar que partieras, también a mí me haces mucha falta”




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