¿Dónde estoy? - ¿Por qué no puedo moverme, pero… que pasa? - Oh Dios, me duele todo el cuerpo como si me hubiera pasado un camión encima, pero… ¿Por qué está todo obscuro? - ¡Dios, estoy ciego!
¿Volver? ¿Pero de dónde? ¿Y este médico y la enfermera a quien se refieren, a mí? - Pero, oh que pesados siento los ojos, y…. veo nublado, ¿será que tengo sucios los ojos? ¡Oh, estoy en una cama de hospital! – (¡mírenme, hey doctor, señorita Álvarez, aquí estoy, ya abrí los ojos, examínenme por favor!)
Oh sólo recuerdo, ir en mi auto y repentinamente esa fuerte luz frente a mí, creo …. Que era un camión. Recuerdo haberme visto entre el volante y el asiento y por toda la calle, regadas cientos de cañas por todos lados. Escuchaba un grito pidiendo auxilio, creo que era el motorista del camión. Yo mismo creo que grité por ayuda, pero nadie nos escuchaba y luego me desmayé. ¡Oh Dios, pero hace cuánto de eso! ¿Cuánto llevo aquí tendido en esta cama? ¿Y mi familia donde está, por qué estoy solo aquí?
(pero vamos, por supuesto que le escucho, que no me ve, le estoy respondiendo, que más quiere que haga. Y, por cierto, no vuelva a pasar ese objeto en mis pies, pues tengo frío). — ¿pp… ero que me pasa? Sé que hablé, pero no me escuché. ¡No puedo moverme! - ¡Sólo mis ojos responden, no puedo abrir los labios para hablar! - ¡No puede ser, que me pasa! ¡Alguien que me diga, por favor que diablos me sucede!
El señor Pérez, movió sus ojos hacia los lados. El doctor se acercó y le -dijo:
(Mi mente, mi cuerpo, ¿de qué demonios está hablando usted?, mis hijos mi esposa ¿Dónde están? ¿Oh Dios, como me comunico? ¿Cómo les digo que quiero ver a mi familia? Dios, no quiero vivir así, por favor.
El Señor Pérez, cerró sus ojos y pronto la máquina que registra sus signos vitales se volvió loca. La enfermera corría a llamar a un equipo de emergencias, el doctor Merino golpeaba el pecho del señor Pérez con fuerza, para que su corazón volviera a latir. Cuando llegó el equipo de emergencia, ubicaron la maquina al lado de su cama, abrieron la camisa y colocaron la máquina, dándole unos shocks eléctricos que podrían revivir a un muerto, pero …. Nada.
El doctor Merino, viendo su reloj dijo:
“hora de muerte: cuatro cuarenta y cinco pm”