Belén conoció a Roberto en el trabajo, ambos eran reporteros en el periódico de más renombre en Nueva York. Ella era una chica de cabello negro ondulado y unos preciosos ojos verdes, sin embargo, sus facciones no eran tan bonitas y su cuerpo era más bien redondeado. Era muy simpática, afable, con un excelente sentido del humor por el cual muchos en el periódico la querían mucho. Venía de buena familia, aunque sus padres eran poco preparados y toscos por naturaleza. Siempre le habían dicho que si no rebajaba nunca se casaría.
Roberto era un chico rubio y ojos azules, con un cuerpo estupendo, muy preparado y simpático. Los padres de Roberto eran de descendencia humilde pero digna y con muchos sacrificios habían pagado sus estudios, pues tuvo la suerte de ser hijo único, lo cual lo benefició para ello.
Roberto y Belén eran muy buenos amigos, se querían mucho, y aunque en el trabajo los molestaban con que terminarían casados, al menos Roberto no veía a Belén como la madre de sus futuros hijos.
Ella, sin embargo, llevaba en su corazón un profundo amor por Roberto, que trataba de esconder a toda costa. Y no le era difícil pues con su carácter tan jovial y jocoso, todo se lo tomaba a broma. Temía ilusionarse, pues creía que Roberto, por ser tan guapo merecía una chica linda y no como ella. Sus padres siempre se habían encargado de que ella se sintiera como la chica más fea del mundo, pues, con eso de que era gordita y su pelo era ondulado, se creía menos que nada.
Roberto quería muchísimo a Belén, era su mejor amiga y le contaba todos sus andares con las chicas. Salían juntos a comer, iban al cine e incluso se reunían a veces para sólo ir a un parque a platicar. Belén era la confidente de Roberto. Su amistad cada día se estrechaba más y eso era la comidilla en la empresa. A ellos no les importaba lo que ahí se decía, ellos se querían mucho.
Un domingo por la tarde, mientras caminaban en el parque Belén le contó a Roberto que tenía un pretendiente. Era un chico que había sido su compañero de estudios en la universidad. Roberto se sorprendió mucho y la hizo hablar. Ella le contó cómo Manuel el viernes por la noche le había llamado a su casa y la había invitado a cenar un día de la siguiente semana; aún no quedaban en un día, pues ella le había dicho que dependía del trabajo en la oficina y que ella le diría que día y a qué horas. Claro esto no era más que una excusa para contarle a Roberto y escuchar su opinión.
Roberto se había puesto muy serio, hasta parecía celoso. La actitud le extrañó sobremanera a Belén que no entendía por qué él le decía que no saliera con Manuel; aunque internamente le alegró.
Roberto le dijo que era muy extraño que después de tantos años sin verla, ahora la estuviera buscando. Ella sonrió y le dijo coqueta “es que se ha dado cuenta que me ama” a lo que Roberto respondió “si, y ¿por qué hasta ahora, después de tantos años?”. Así continuaron la plática, hasta que se dio la hora de cenar y pasaron a un restaurante de comida rápida, hamburguesas y papas fritas; la comida favorita de Roberto, y ella lo sabía.
Roberto estaba pensativo y callado, comía su hamburguesa sin decir palabra y Belén muy extrañada le dijo “hey, qué te pasa Roberto, ¿Por qué tan callado?”-
Roberto sólo meneó la cabeza y le dijo que no era nada, que pensaba en un artículo que debía hacer al día siguiente.
Belén comenzó a salir con Manuel y pronto se hicieron novios, por lo que ella se alejó un poco de Roberto, pues todos los días Manuel pasaba a traerla a la hora de almuerzo y también a la salida del trabajo.
Belén y Roberto se habían distanciado mucho, pues a Roberto, Manuel no le caía nada bien. Así transcurrió un año de noviazgo, hasta que un día Manuel le dijo a Belén que la amaba y quería casarse. Ella emocionada le comentó a Roberto, el cual se molestó muchísimo y le dijo que algo le decía que ese hombre no le convenía, que había algo en él que no le pasaba. Belén pensó que sólo eran celos de amigo.
Comenzaron los preparativos para la boda y un día, Manuel quedó de pasar por Belén para ir a escoger los anillos de boda. Todos los preparativos para la boda ya estaban listos, las tarjetas, la iglesia, el salón para la recepción, los invitados ya habían confirmado su asistencia. Era martes y Belén estaba muy ansiosa, esperaba a Manuel para ir por los anillos de boda, esperó dos horas y él nunca llegó, ella le llamó al móvil muchas veces, pero este estaba apagado. Ella estaba muy preocupada pues pensaba que algo malo le habría pasado y llamó a Roberto.
Roberto llegó por ella casi de inmediato y fueron al apartamento de Manuel a buscarlo. Subieron al tercer piso del complejo de apartamentos y al llegar a la puerta del apartamento, encontraron pegado un sobre en la puerta que decía “Para Belén”- ella lo tomó y lo abrió extrañada, pues no entendía.
Al abrirlo, dentro del sobre una pequeña tarjeta le decía “Lo siento no puedo casarme contigo”.
Belén soltó el sobre y la tarjeta, estaba perpleja, no comprendía por qué de ese cambio tan brusco, por qué Manuel la estaba dejando plantada. Cayó ahí mismo hincada y lloraba ahogada. Roberto, se agachó junto a ella y la abrazó, le acarició suavemente el pelo y le pidió calmarse, tomó la tarjeta y la leyó gritando improperios contra el cobarde de Manuel.
¿Pero cómo es posible que ni siquiera haya dado la cara para hacerte semejante cosa? - ¿lo ves, había algo en el que no me la hacía?
Roberto muy amoroso, mientras Belén lloraba desconsolada, la cubrió con su saco, la abrazó y la llevó hasta el elevador. Caminaron juntos, él no decía nada mientras apretaba los botones del ascensor. Subieron al auto y Roberto la llevó hasta su casa, donde la esperaban sus padres preocupados pues ya casi eran las 12 de la noche.