Caminos Trazados

TERESA

Oscar era de un pueblo en La Unión y se había trasladado a vivir a la capital para estudiar Leyes. En la universidad conoció a Teresa y quedó perdidamente enamorado desde que la vio entrar por primera vez al aula de clase. Ese primer día cuando ella entró, él limpió un pupitre cercano al suyo para que ella se sentara, pero ella se sentó en otro lugar. Así Oscar, cada vez que veía pasar a Teresa suspiraba, su corazón se aceleraba y como de costumbre su imaginación volaba y se imaginaba a Teresa como su novia. Cada vez en clase, él con su mismo ritual, limpiaba el pupitre que destinaba para que se sentara a su lado y sin embargo ella, se iba de paso sentándose en otro lugar.

Teresa era una chica de ciudad y de buena posición, llegaba a estudiar en su propio auto y, como era puntual a sus clases, siempre estacionaba su auto en el mismo lugar, cerca del salón de clases. Un día como todos, salió de clases y justo antes de entrar al auto, vio sobre el parabrisas una rosa roja. Ella la tomó, aspirando su delicioso aroma, vio hacia todos lados para ver si se encontraba el autor de ese detalle, pero no vio a nadie, entró a su auto y se marchó a casa con la rosa. Y así todos los días, al salir de clase, encontraba en su parabrisas la rosa roja esperándola. Ella la tomaba, aspiraba su aroma y miraba hacia todos lados buscando quien se la había colocado, pero nada. Tenía que ser alguien que la conocía, pero… ¿ella lo conocía? - Así, el semestre terminó y ella todos los días, después de clases, iba a casa con su rosa roja.

Por otro lado, Oscar todos los días, esperaba a Teresa, con la esperanza de que algún día ella se sentara a su lado, pero eso no sucedía.

Después de tantas rosas del admirador desconocido, Teresa se dijo a si misma que debía descubrir quién era su admirador secreto, que tan constante había sido, además sin siquiera presentarse o acosarla con insinuaciones. Ella divagaba pensando quien sería ese personaje.

Un buen día pensó que debía averiguar quién era el autor de sus rosas y pensó que la mejor forma, era esconderse y esperar pacientemente hasta que él llegara a colocar la rosa sobre su parabrisas y, así lo hizo. Salió de clases un poco antes de que el profesor terminara su ponencia y ya en el estacionamiento, se escondió tras un arbusto, hasta que lo vio y descubrió quien era.

Ambos terminaron sus respectivas carreras universitarias y Teresa ahora tiene tres hijos y tres hermosos nietos. Oscar y ella, ya cumplieron cuarenta años de casados, y ella aún guarda en una pequeña cajita de madera, todas las rosas ya secas, que tan amorosamente Oscar colocaba, en el parabrisas de su auto todos los días, de ese inolvidable semestre en la universidad que, cambió sus vidas para siempre.




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