Son casi las ocho de la noche y estos datos parecen interminables. Han pasado cinco días desde que volví del campamento y el trabajo ha aumentado al triple. ¿Cómo es posible que se acumulen tantas digitaciones en una semana?
Me encontraba transcribiendo un informe de cincuenta páginas con fecha de entrega mañana. Los otros documentos tenían más plazo, pero este era el que me robaba el sueño. Al teclear la última palabra del informe, mi celular timbró.
— Buenas noches —Contesté con tono cansado.
— Buenas noches, Larisa, soy Mark.
Mark es un cliente independiente a quien le realizo partidas contables y presupuestos. Es extraño que me llame por la noche.
— Buenas noches, Mark.
— Llamo para preguntar cómo va el presupuesto de este mes. Debo entregar el informe al contador en dos días.
Me congelé. ¿Dos días?
— ¿Dos días? —Pregunté en voz alta sintiendo que la sangre se me helaba.
— Sí, ese trabajo le fue asignado hace un mes, ya debería estar terminado.
Olvidé por completo realizar ese presupuesto. No he analizado los ingresos ni cuadrado los movimientos contables. En otras palabras, no he hecho nada.
— Hola, ¿Larisa?
No me había dado cuenta de que Mark seguía al teléfono.
— Sí, lo siento. Mañana por la tarde envío el documento.
— Muchas gracias, sabía que podía confiar en usted. —Con eso dicho, Mark terminó la llamada.
¿Qué acabo de decir? El presupuesto toma mínimo un mes para realizar el balance. ¡Es imposible que lo tenga para mañana!
Mi mirada tornó al reloj: eran las 8:00 p.m. Mi plan de tener un buen descanso estaba cancelado.
No sé cuánto tiempo estuve trabajando, pero al menos logré analizar los movimientos mensuales de la empresa. Ahora solo queda cuadrar el balance, la parte más sencilla, pero también la más tediosa.
Un golpe insistente en la puerta de mi apartamento interrumpió mi concentración. Me levanté de mi lugar de trabajo y observé por la mirilla. Abrí inmediatamente.
— Hola, Layla, pasa —Susurré de manera exhausta.
A pesar de mi cansancio, pude ver la expresión sorprendida de Layla.
— ¿Saludaste? —Preguntó con tono de sorpresa, cerrando la puerta y sentándose junto a mi escritorio desordenado.
— Un buen scout siempre saluda a sus pares —Respondí con tono sarcástico.
— ¿Qué haces aquí tan tarde en la noche? —Pregunté, sintiéndome desorientada.
— ¿Noche? ¡Son las 8:00 de la mañana! Traje el desayuno; Frank y Marcus vendrán en unos momentos para platicar contigo.
Mi cerebro tardó en procesar la hora.
— ¿8:00 de la mañana? —Mi tono mostraba sorpresa, pero el cansancio era prominente.
— ¿Dormiste anoche? —Cuestionó Layla al ver la pila desordenada de papeles y mi expresión miserable.
— Estaba analizando y cuadrando los movimientos contables de la empresa de Mark. Dije que lo tendría listo mañana... —Recordé que ya era el día siguiente
— Quiero decir, hoy en la tarde. Creo que perdí la noción del tiempo trabajando.
El sonido del timbre de mi puerta interrumpió nuestra conversación. Layla abrió. Dos muchachos entraron rápidamente, cerrando la puerta detrás de ellos.
— Hola Larisa, buenos días, Layla —Saludó felizmente Marcus.
— Buenos días, Larisa. ¿Cómo...? —Frank se detuvo en seco al ver mi rostro y el apartamento.
— ¿Qué tipo de terremoto pasó por este lugar? —Preguntó Frank, sorprendido.
— ¡Olvida el apartamento! Larisa, ¿qué sucedió contigo? Parece como si no hubieras dormido ni comido en días —Mencionó Marcus, con tono preocupado.
— Eso es porque no durmió anoche por estar trabajando y estoy segura de que tampoco ha comido lo suficiente para tener energía.
Agradecí mentalmente a Layla por responder las preguntas; no tenía energía para dar explicaciones. Layla sirvió el desayuno para los cuatro en un pequeño espacio de mi mesa desordenada.
— Larisa, queremos proponerte algo —Habló Marcus, mostrándome un pequeño folleto.
— Nuestro grupo Scout quiere abrir una escuela para los nuevos guías que quieran ingresar al grupo. Aquí aprenderán sobre cómo convivir con los jóvenes campistas y les enseñaremos supervivencia.
— Suena genial, pero ¿yo qué tengo que ver con esto?
— Queremos que tú seas una de las instructoras de esta escuela. Sabemos lo mucho que te gusta acampar y posees todas las insignias. Eres perfecta para este trabajo. Además, obtendrás un salario por instruir en la escuela.
Al escuchar la propuesta laboral me emocioné. Era una oportunidad única donde podría disfrutar de mis tareas diarias, haciendo algo que realmente me gustaba.
— Pero... —Al escuchar la voz de Frank, mi ánimo se desplomó.
— El salario será menor a tu salario actual. Estamos iniciando el proyecto y no tenemos capital suficiente para pagarte un salario igual o mayor al que recibes actualmente.
Con mi salario actual a duras penas puedo pagar los servicios y la comida. Si mi salario se reduce, no seré capaz de cubrir mis gastos básicos.
— No tienes que responder en este momento —Layla interrumpió mis pensamientos.
— Te dejaremos pensarlo por algunos días y estaremos en espera de tu respuesta. Sea cual sea tu decisión, nosotros siempre te apoyaremos —Culminó mi amiga con una sonrisa.
— Gracias —Sonreí, dedicándoles una pequeña mirada a cada uno.
Al terminar el desayuno, mis amigos entendieron que necesitaba descansar.
— Creo que debemos irnos, te dejaremos descansar. Nos vemos más tarde —Mencionó Frank.
— Adiós Larisa, hablamos luego —Se despidió Marcus.
— Que duermas bien, Lai, y piensa en lo que hablamos —Dijo Layla con una sonrisa.
Los tres cerraron la puerta. Le dediqué una última mirada al folleto. En comparación a mi trabajo, este parecía ser mucho más divertido. Un trabajo donde podría aplicar mi pasión, pero que no me permitiría sobrevivir.
No sé qué hacer. Tengo que decidir entre el trabajo y mi pasión.