—Dime, ¿cuál es tu nombre?
Es lo último que recuerdo antes de despertar del sueño, no pasó hace mucho tiempo, pero tampoco hace poco. Creo que fue el martes cuando tuve ese sueño, en el me encontraba extraviado en un gran bosque del cual no encontraba salida, vague por lo que creo que fueron horas hasta encontrar un claro en el bosque, adentrándome por este camino llegue a un muro de espinas.
Al principio pensé en regresar y buscar otro camino, pero sentí algo extraño, era una sensación que me decía que debía atravesar ese muro sin importar lo que pasará. Con todo el coraje reunido o tal vez estupidez empecé a abrirme paso separando las espinas con una rama que encontré en el piso, para mi sorpresa no fue tan profundo como parecía. Detrás del muro encontré un gran prado abierto en el que se veía una pequeña colina y en esta observé una figura.
La curiosidad me llenó el cuerpo y antes de que me diera cuenta ya estaba caminando en su dirección, no me tarde mucho en llegar a la cima y en esta encontré algo muy inusual o debería decir a alguien. En la cima de la colina se encontraba una bella joven descansando en lo que parecía ser una cama improvisada, por su apariencia no creo que sea mayor a los 15 años, tanto su pelo como la piel eran de un tono tan blanco como la nieve, usaba una extraña vestimenta para dormir, algo que más recordaba a un traje para el campo que una prenda para la cama. Pero lo que más me llamó la atención se encontraba en su cabeza más concretamente en sus orejas, ocultas detrás de su frágil cabello había un par de orejas puntiagudos, no me refiero a que el borde pareciera triangular, sino que estás se estiraban en la parte de atrás hasta formar la figura de una hoja.
Una malformación al nacer o tal vez algo intencional, me pasé varios minutos observando sus orejas preguntándome la razón de estas, aunque no sé porque le di importancia si después de todo solo era un sueño, así que decidí acercarme para poder detallarla mejor pero cuando estaba a pocos centímetros de esta algo paso.
— ¿Qué estás haciendo?
— ¿eh……?
Fue lo primero que pensé al escuchar su voz, en ningún momento recordé que estaba observando a una persona y cuando mis sentidos volvieron a mí, giré mi cabeza unos centímetros para darme cuenta que me estaba observando. Cuando nuestros ojos se cruzaron volví a estar en trance, pero esta vez debido a sus ojos, cuando los vi lo primero que recordé fue una historia que escuchaba de niño acerca de un mar de plata que se encontraba en el fin del mundo, aquellos ojos de un color plateado eran aquel mar que siempre quise encontrar.
— ¿eres idiota o estás teniendo un diálogo interno como si fueras un personaje de novela?
No me importo que me hubiera insultado pues no podía ofenderme si esas palabras salían de tan dulce voz, fijándome mejor me di cuenta de que cada aspecto de ella era hermoso, si tuviera que definirla de alguna manera diría que me recordaba a una muñeca de porcelana.
— Podrías dejar de verme tan fijamente, me pones nerviosa.
Aunque me lo pidiera no podría cumplir tan simple petición después de todo me encontraba frente a la persona más bella que he visto en mi vida, si en este momento muriera estaría contento pues… ah.
— te dije que dejaras de verme, por eso odio a las personas que sueñan despiertas.
Aunque me haya dado un golpe en la cara y la verdad sí que me dolió, tengo que decir que tiene todo el derecho a hacerlo, creo que esa no fue la mejor primera impresión, será mejor no seguir arruinándolo.
— lo siento, pero me quedé sumergido en mis pensamientos mientras te observaba.
— por favor, vete.
Sentía que un frío me recorrió cuando escuché esas palabras, aunque me quisiera quedar más tiempo creo que lo correcto es marcharme para no seguir incomodando.
— está bien, pero antes de irme me podrías decir tu nombre
— Ahh.... -suspiro- está bien. Mi nombre es...
En ese momento desperté.
— ¿Entonces, la razón por la cual no has cumplido con tus obligaciones es debido a un sueño que tuviste hace más de una semana? —preguntó mi criado mientras ajustaba el cuello de mi camisa.
— Si lo dices de esa forma, parece que estuviera haciendo algo malo—respondí, Sabía que sonaba absurdo, pero no podía evitar sentir que aquel sueño había sido más real que cualquier cosa en mi monótona vida.
—Mi señor, con todo respeto, ¿en serio está dejando que un sueño lo distraiga de sus deberes? ¿Qué tiene de especial ese sueño, aparte de ser... bueno, un sueño?
No sabía cómo explicárselo. ¿Cómo hacerle entender que aquella joven de cabello blanco como la nieve había dejado una huella que no podía borrar? Que cada día me sentía más atrapado en las obligaciones interminables de mi posición, como si fuera un actor en una obra de teatro que nunca terminaba. Lo único que quería era volver a ese bosque, a ese prado, a esa colina... a ella.
—Mi señor —me interrumpió a mitad de mis pensamientos—. No sé qué pasó en ese sueño, pero no puede dejar que lo consuma. Usted tiene obligaciones con estas tierras, con su gente y con usted mismo. Si sigue así va a perder cosas que de verdad son importantes. Lo único en lo que estoy de acuerdo con la chica de sus sueños es que al parecer le gusta dormir despierto.