Cantame cien veces

44| Buena para la tecnología.

Y tiras de tu cabeza atrás riendo

Como un niño pequeño.

Me parece extraño que pienses que soy divertida.

Porque él nunca lo hizo.

Y he estado los últimos ocho meses.

Pensando que todo lo que el amor hace Es romperse, quemarse y terminar.

Pero un miércoles, en una café

Lo vi comenzar de nuevo.

El último acorde de piano resonó y contuve el aliento. La butaca de piano en la que estábamos sentados de pronto se volvió más estrecha, habíamos decidido compartir el mismo micrófono y durante la canción, su boca y la mía habían permanecido muy cerca, con su respiración mezclándose con la mía, lo suficientemente cerca como para impregnarme su aroma y sentir sus nervios.

Cuando los plausos comenzaron a hacerse presentes, él levantó la vista y se encontró con la mía, me percaté de rápidamente sus ojos azules bajaron a mis labios. De hecho, nos quedamos mirando el uno al otro durante unos segundos que parecieron eternos y en los que no dijimos nada.

Y por un segundo, durante un pequeño instante. Recé para que él apartara ahí mismo la distancia y me besara, delante de toca aquella gente, en medio de un escenario rodeados de aplausos.

Ese habría sido el desenlace perfecto que cambiara mi opinión a último momento.

Pero no lo fue.

Apenas los aplausos cesaron, los dos nos bajamos del escenario, él con una sonrisa un poco más grade que la mía, yo con el corazón un poco más compungido que el suyo.

Pero eso no quitaba el hecho que todo ya había concluido. Que la competencia había terminado y que solo había que esperar un poco más para saber los resultados. Y eso era emocionante, volcando en adrenalina e incluso excitante. Quedaba muy poco para saber si en realidad era merecedora de que mi sueño de visitar Londres se hiciera realidad.

—¡Enhorabuena, chicos! —fue lo primero que oí al bajar del escenario, al lado de las escaleras la profesora Bett nos sonreía con orgullo. —Estuvieron fenomenales. Me alegra que hayas decidido cantar, Hayden.

—No habría podido hacerlo sin ella—sus brazos fueron a parar alrededor de mis hombros descolocándome.

Sonrió con fuerza y sus ojos chocaron con los míos. Por un segundo lo olvidé todo, olvidé por qué me sentía incomoda y porqué había decidido que lo mejor ahora era distanciarnos.

Lo olvidé todo y todo lo deseé.

—¡Estoy segura que los dos pasamos! —Escuché que alguien gritó detrás de mí.

Pero me equivoqué.

En un pestañeo fui consciente de como apartaban a Hayden de mí y como Kate tiró de él para abrazarlo.

El no dudó ni un segundo en aceptar el abrazo.

Y mientras la profesora Bett se quedaba hablando con ambos, deseándole la mejor de las suertes y tranquilizándoles los nervios, yo me alejé en silencio, buscando a mis amigas, dejando de lado el eco de felicitaciones que me rodeaban. Y cuando la puerta de salida se hacía cada vez más cercana, la voz de él llamándome a la distancia me detuvo.

—¡Ash!

Giré sobre mis pies.

—¿Qué sucede?

—¿No te quedas para saber los resultados?

—Creo que prefiero ir a salir a tomar aire un rato.

—¿Estás enfadada conmigo por lo de ayer? —Preguntó y dejó escapar un suspiro—Lo que sucedió en mi casa fue...

—Un error. —Acepté.

Y también desee que me mirara con sorpresa, que algún gesto en su rostro me demostrara que él no esperaba esa contestación. Pero solo vaciló algo que no fui capaz de comprender y se quedó ahí. Decidí que eso era suficiente para dejar de desear cosas que no iban a suceder e insistir. Sin esperar algo más, me di la vuelta y tratando de recomponer los últimos pedacitos de mi dignidad, caminé hacia fuera del anfiteatro. Lejos de él, de todo lo que había pasado.

De lo que había significado para mí y me hubiera gustado que significase para él.

Y por primera vez, no escuché sus pasos detrás de mí.

El corazón se me estrujó un poquito más cuando crucé por completo el pasillo y me di la vuelta para comprar que efectivamente él no estaba detrás.

No puedo evitar sentirme estúpida por haber mantenido las esperanzas de que lo hiciera hasta el último segundo.

Afortunadamente, todas las personas se encuentran dentro del anfiteatro, lo que hace que todos los corredores estén vacíos y yo no tenga que seguir fingiendo que las ganas de llorar son nulas.

—¡Ashley! —escuché que alguien me llamaba.

Pero no era él.

Me quedé quieta en mi lugar observando a Brenda la distancia. Llegó hasta mi corriendo, y jadeó un poco cuando se detuvo a pocos pasos de donde me encontraba.

—¿Por qué te fuiste así? —respiró profundo —Pensé que te había pasado algo.

—Solo quiero estar sola.

—¿Qué sucedió?

—Tenías razón, él todavía está enamorado de Kate.

Y fue suficiente para que me abrazara con fuerza. No podía evitar sentir celos y una rabia inmensa hacia alguien que no debía estar culpado por todo esto. Pero era inevitable pensar que desde que llegó, Kate Winkler arruinó una por una todas las cosas que me hacían esbozar una sonrisa. Se llevó a Max, a mis amigas, a mi equipo de animadoras y ahora también se estaba llevando a Hayden.

Aunque quizá a este último siempre lo había tenido. Solo que necesitó ver que estuvo a punto de perderlo para quererlo de vuelta.

—No merece la pena sentirse mal por alguien que no supo valorarte. Que no supo darte tu lugar.

—Expresó, y acorta la distancia para pasar uno de sus brazos por mi hombro.

—Él es diferente a Maxwell.

—Pero eso no quita el hecho de que te esté lastimando.

—Deberías encontrar a una persona que te quiera y valore como tu mereces. Y mírale el lado bueno, si no fuera por esa acosadora de redes, como tú dices. Todavía seguirías cegada por un amor que no te hacía bien.

—Jamás voy a agradecerle algo a esa tal Lady Femmé. —espeté—Ella se dedicó todo el año completo a destruir cada cosa que tenía significado para mí.




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