Cantos de la Sangre Inmortal: La hija de la luna Oscura

Entre dimensiones.

Caminamos hasta la biblioteca del internado, un refugio de tranquilidad que necesitaba. Las actividades académicas habían terminado y los parciales ya habían comenzado; lo mejor era aprovechar el tiempo libre para estudiar si quería graduarme.

—Por favor, Victoria, cuéntanos —insistió Emily mientras nos acomodábamos en una mesa. Yo respiré hondo, tratando de digerir lo sobrenatural que me rodeaba.

—Ya se los dije… hablaron de Ethan. Al parecer, desapareció desde anoche, y sus padres están molestos y preocupados.

Mi voz sonó afligida; la angustia se apoderó de cada fibra de mi ser. No quería imaginar que la figura malévola que vi en el cuarto de Ethan tuviera algo que ver con su desaparición. Me levanté de golpe.

—¿A dónde vas? —preguntó Emily, alarmada.

—No puedo quedarme aquí de brazos cruzados. Debo saber el paradero de Ethan —respondí, con determinación, aunque un miedo frío me recorriera la espalda.

—¡Ah, sí! ¿Y cómo piensas hacerlo? —manifestó Lucy con visible preocupación.

—No lo sé… pero algo se me debe ocurrir. ¡Me estoy muriendo aquí, sin saber nada! —mis palabras se quebraron, y ambas se acercaron para calmarme.

—Vicky, disimula —susurró Lucy con el ceño fruncido.

Alcé el rostro con desconcierto. Allison había entrado junto a Jenny. La segunda parecía más serena, aunque su expresión se desmoronó apenas cruzó la mirada conmigo. Intentó marcharse, pero Allison le sujetó del brazo. Su incomodidad era tan evidente que bastó para encender todas mis alarmas.

—Quiero irme a mi habitación, necesito pensar —murmuré, deseando escapar de aquel aire espeso.

—Si eso quieres —dijo Emily—, aunque aún es temprano para encerrarnos.

—Yo voy contigo —añadió Lucy, forzando una sonrisa—. Me muero de sueño, y de paso quiero aprovechar que la loca de Margot estará en la enfermería.

—Gana la mayoría —repuso Emily con un intento de ligereza—. Pero mantén el celular prendido, Lucy. Si notas algo raro, avísanos enseguida.

—Descuida —respondió ella con ternura—. No estaré sola esta noche.

Mientras nos despedíamos frente a su habitación, mis ojos se desviaron, casi por instinto, hacia la puerta del cuarto de Margot. Una sensación helada me recorrió. Sin pensarlo, avancé hacia allí.

—Vicky, ¿qué haces? —susurró Emily, tensa.

No respondí. Coloqué la mano sobre la puerta y cerré los ojos. Una oscuridad espesa me envolvió; podía sentir cómo respiraba del otro lado. Las palabras de Margot, repetidas por Lucy, cobraban un sentido aterrador. Arturo estaba allí.

—Esto… no tiene sentido. ¿Qué te propones hacer, Arturo? —murmuré.

Intenté retirar la mano, pero no pude. Mi piel parecía soldada a la madera. Giré el rostro hacia Emily y le dediqué una mueca de calma, aunque por dentro mi pulso golpeaba con fuerza. Al volver la vista hacia delante, el aire se desgarró. El pórtico se había abierto.

Él estaba allí.

Su cuerpo bloqueaba toda salida. La penumbra le delineaba el rostro y, sin embargo, ya no era aquel ser de belleza imposible que me había seducido en la casa de mis tíos. Ahora su forma era otra: una sombra con facciones distorsionadas, una bestia de mirada vacía y piel cadavérica. Cada respiración suya olía a tierra húmeda y ruina.

—Mi amada niña… no me obligues a sacar mi peor parte —susurró con voz rota, extendiendo una mano hacia mí.

No tuve tiempo de nada. A mi lado, Emily se movía con lentitud, como si el aire se hubiera vuelto espeso. El miedo me paralizó, pero recordé el brazalete y las palabras que me había enseñado Lucy. Empecé a articular aquellas frases antiguas, en una lengua que no comprendía, cada sílaba pesando como plomo en mis labios.

De pronto, Emily alcanzó mi otra mano y alzó el brazalete. Un destello blanco recorrió el pasillo. Todo se disipó. Pero ese evento fue algo que Emily no podía ver, solo yo.
Solo la puerta permanecía allí.

—¿Cómo pude haberme quitado el brazalete aquella noche?… cuando él me hizo todas estas marcas —murmuré, con un nudo en la garganta.

—¿Qué te pasa, Vicky?

—Vámonos… ahora mismo.

Emily no insistió. Caminamos juntas por el pasillo largo y silencioso del piso donde dormía Lucy. Antes de salir totalmente del corredor, no pude evitar voltear hacia atrás. La puerta ya no estaba bloqueada por el cuerpo de Arturo; simplemente era una puerta normal. Sin embargo, su aire, su respiración, seguían impregnando cada poro de mi piel.

Un escalofrío me recorrió de arriba abajo. Ahora no solo yo lo percibía; Margot se había adentrado en este mundo paralelo donde él reinaba, y nadie sabía con qué propósito maligno la había involucrado. Arturo definitivamente quería recordarme su poder, y lo hacía sin piedad.

Me aferré al brazo de Emily, sintiendo cómo mi corazón latía con fuerza desbordada. Sabía que no podría ignorarlo, que cada instante en el que cerrara los ojos, él estaría ahí, observándome.

—Victoria… —susurró Emily, con una voz temblorosa—. ¿Estás segura de que quieres seguir investigando?

Asentí sin dudar, aunque un temblor me recorrió el cuerpo. Sí, estaba segura. No podía darme el lujo de huir. No mientras Ethan y Margot corrían peligro, y mientras Arturo estuviera allí, entre dimensiones, esperando el momento de actuar.

Al salir al pasillo principal, una sensación de irrealidad me acompañó. Todo parecía normal, pero algo dentro de mí sabía que aquel encuentro no había terminado… y que lo peor estaba por venir.




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