Caótica Navidad

❄️72 horas antes de Navidad❄️

Apenas había dormido 4 horas cuando mi padre llamó a mi puerta. Íbamos a ir a patinar, así que debía estar lista en menos de una hora para poner rumbo a Vieux Port.

 

Decidí hacerme una coleta alta y maquillarme un poco, sobre todo para tapar mis enormes ojeras. Me puse mi conjunto de invierno favorito y bajé cuando todos estaban dirigiéndose a la puerta a punto de salir. 

 

— ¡Que hermosa estás, cariño! —exclamó mi madre, dándome un abrazo. Le sonreí y la seguí hacia el auto.

 

Me pareció sentir que Antonhy me observaba, pero decidí no mirarlo. Los dos estábamos disimulando muy bien nuestra incomodidad luego de lo de anoche.

 

 

Pero, ¿qué pasó anoche? ¿Hubo un acercamiento entre nosotros o sólo fue percepción mía? 

 

— ¡Ey, niñita! 

 

Su grito interrumpió mis pensamientos, estábamos todos patinando excepto mis abuelos. Yo me había alejado y estaba patinando lentamente, sumergida en mis propias cavilaciones. 

 

Hasta que me volteé al escuchar su voz, apenas me volteé una gigante bola de nieve aplastó mi cara haciendo que me tropiece y caiga de espalda.

 

Me levanté con torpeza, intentando quitar la nieve de mis ojos. Podía oír las carcajadas de él y mi hermano. 

 

— ¿Estás bien? —dijo él, teniéndome la mano mientras se reía. Detrás de él estaba Jasper, doblandose de la risa.

 

Miré a mi alrededor, la gente me observaba, algunos contenían la risa, otros negaban con la cabeza. No tomé su mano y me alejé, con los ojos llenos de lágrimas, la cabeza me dolía. 

Me había humillado delante de todo el mundo y no conforme con eso se había reído de mí. 

 

Al salir de la pista y quitarme los patines corrí sobre la nieve, ante la mirada atónita de mis padres que estaban distraídos y no habían notado lo que había sucedido. 

 

— ¡Niñita, espera!

 

Escuchaba los gritos de Antonhy, y sus pasos corriendo tras de mí. Pero no me detuve, continué caminando. Quería estar lejos de él, lejos de todo el mundo. 

 

— ¡Por favor, para! ¡Le dije a tu hermano que fue muy brusco!

 

Seguí caminando, ni siquiera sabía dónde iba, no conocía Vieux Port, pero no podía detenerme.

 

— ¡Fue sólo una broma! Que sensible eres...

 

No, no dijo eso, realmente NO. LO. DIJO.

 

— ¿Sensible? —dije, dándome la vuelta para enfrentarlo.

 

La furia salía por mis poros, tenía las mejillas enrojecidas y los ojos hinchados. Él retrocedió un poco al verme 

 

— Sólo estábamos jugando... —susurró.

— ¡Me golpeé la cabeza! —grité— Podría haberme lastimado solo porque dos idiotas de diecisiete años no tienen nada mejor que hacer que comportarse como niños e ir por ahí jodiendo a los demás y riéndose como si sus estupideces fueran graciosas. 

 

Él se quedó en silencio, pero yo no podía parar.

 

— ¿Cuándo piensan madurar? ¿No se dan cuenta que nos avergüenzan? Estaba contenta de saber que no vendrías, porque por fin tendría un respiro de ti y de mi hermano, dos simios con inexistente materia gris. ¡Ojalá no hubieras decidido venir!

— Okay... —susurró él, asintiendo con la cabeza. 

— Ya ves... Ni siquiera eres capaz de defenderte porque tengo razón —respondí, bajando el tono de voz y cruzándome de brazos.

 

Antonhy asintió con la cabeza y se dio la vuelta, regresando a la pista de patinaje.

 

Soy patética, pensé, absolutamente patética.

 

Llegamos a casa de mis abuelos tan tarde que todos los adultos estaban agotados, yo había vuelto a la pista luego de estar sentada en un banco intentando serenarme por más de media hora.

Imaginé que Antonhy debió de haberles dicho algo, porque ninguno se acercó a preguntarme nada, sólo me miraron mientras me volvía a colocarme mis patines y dejaba que las luces de la ciudad cegaran mi vista. 

 

— Sé que todos están muy cansados, pero este es el momento perfecto para decorar el pino —dijo mi abuelo, apretando mi hombro cariñosamente y dándome un beso en la frente. 

 

Le sonreí en respuesta y ayudé a mi madre con las decoraciones, todos nos enfrascamos en la tarea de dejar bonito el enorme pino que habían elegido ese año. Parecía interminable de decorar, pero mi padre y mi tío Tom comenzaron a contar anécdotas graciosas de su infancia lo que lo hacía todo más ameno.

 

El ambiente era tan agradable, que nadie notó como ignoraba deliberadamente a Antonhy, sobre todo cuando me ofreció la estrella para que la colocará en el árbol. Y yo me limité a mirar hacia otro lado. 

 

— ¡Miren lo que tengo aquí!

 

Anna entró a la habitación con una cesta de mimbre, dentro de ella había múltiples hojas y flores.

 

— Muérdago —dijo mi madre sonriendo.

— ¿Cómo olvidar nuestro primer beso? —comentó mi padre, besando los labios de su amada.

 

Yo le hice un gesto de vómito a mi hermano mientras él se reía. 

 

Tom sostuvo el muérdago sobre su cabeza y se acercó a su esposa, pero Antonhy se lo quitó de las manos y lo guardó en el bolsillo de su chaqueta.

 

— Eso es en nochebuena... —murmuró incómodo.

 

Sus padres se rieron y besaron cada uno un lado de su mejilla. Él reaccionó horrorizado ante esto y corrió hacia el otro lado de la habitación.

 

Luego de la cena me quedé en el sofá viendo Home Alone; era una de mis películas favoritas y quería aprovechar la tranquilidad de la casa, ya que todos estaban durmiendo.

 

— ¿Puedo... ver?

 

Asentí con la cabeza al oír a Antonhy, sin apartar mi mirada de la película.

 

— Lo siento, Jules —susurró él, luego de un rato.

— Shhh... Estoy viendo la película...

 

Él sonrió, y no dijo nada más. Miramos la película en silencio, cuando terminó, me levanté para subir a mi habitación pero él atrapó mi mano repentinamente provocando que me volteara.




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