Capricho (arte y Destino)

18

Tuvo suerte.

Si no hubiera convencido a Daniel de prestarle dinero, no le hubiera alcanzado para el taxi y talvez no hubiera llegado a casa. Y no pensaba subirse en un transporte público, según él esas cosas ni siquiera deberían existir.

- Luego dicen que yo soy el inmaduro – dijo enojado

Algo le tenía preocupado. Ni bien llego a casa corrió al único lugar que en esos momentos le importaba, algo le decía que la advertencia no acababa ahí.

- No puede ser

No se equivocaba. Su padre se había encargado de llevarse todos los automóviles que coleccionaba por placer.

- “Lo siguiente es la casa”

Era el mensaje que su padre le dejo con otro lindo ramo de rosas. Pestañó varias veces involuntariamente, un tic que tenía cuando estaba tan impresionado que no podía hablar.

- Mis niños – susurró finalmente

Trató de contactarse con su padre, mas este no contestaba sus llamadas.

- Mierda

Dio una patada a la pared en su rabia, sentía que la sangre le hervía

- Ah – gritó adolorido – el pie malo de nuevo – daba vueltas como si con eso pudiese aliviar su dolor – Necesito un trago – dijo finalmente frustrado.

Ingresó por la puerta de atrás, el que le llevaba a la cocina, raras veces ingresaba por ahí, hasta se había olvidado de ella y avanzó cojeando hasta la sala.

- ¿Un taser?

No recordaba haber comprado uno. Este se encontraba en uno de los pequeños mesones al lado de sus muebles.

- Debieron olvidarse en la fiesta de ayer.

No le tomo demasiada importancia, decidió guardarlo en uno de sus bolsillos y continuar con la búsqueda de su pequeña reserva, con suerte los chicos no lo habrían encontrado la noche anterior.

- Fantástico

Todo estaba intacto. Solo que noto un extraño detalle, las botellas se encontraban ordenadas según el porcentaje de alcohol que presentaban.

- Ok, ¿Esto es raro? Probablemente es trabajo de Sophia – pensó

Agarró la botella y la coloco en una de las mesitas, luego se dirigió a la cocina en busca de un vaso, y aprovecho para sacar una bolsa de hielo del refrigerador el dolor de su pie le resultaba molesto. Volvió a encontrarse con algo un poco más extraño que el anterior, pestaño varias veces, los helados estaban ordenados con notas de papel en ellos

- “Apunto de expirar” – Decía uno – “Por orden de contenido”

Ahí se encontraban los que se había comenzado, pero no se había terminado.

- ¿Sophia?

Sacó el hielo y cerró rápidamente el refrigerador. Sintió ansiedad al abrir una de las gavetas de la cocina, ya no estaba seguro de querer el vaso, aun así, lo hizo.

En uno encontró cubiertos ordenados de acuerdo al material, en otro tapers y las gavetas y cajas seguían y seguían. Vasos, tazas platos, platillos, ollas ordenados perfectamente por tamaño, color, material y utilidad.

- Ok

Se alejo lentamente del lugar, definitivamente algo extraño estaba ocurriendo.

.-.-.-

- No, aquí no me gusta - Era la décima vez que decía eso – No, aquí tampoco

Estaba empezando a impacientarse.

- Tengo que apresurarme – sacó su reloj de uno de sus bolsillos – ya es tarde.

Estaba perdiendo mucho tiempo en algo prácticamente innecesario y lo sabía.

- ¿Recibiste una tarjeta?

- Si – contestó ella

- Cuando termines con tu trabajo, coloca esa tarjeta con tu nombre o tu alias en un lugar visible.

- ¿Mi nombre?, ¿Para qué?

- Para que el dueño sepa quien aseo su casa y si tienes suerte podría solicitar de nuevo tus servicios.

La paga era buenísima no podía negarlo y solo por eso estaba buscando un lugar visible para colocar la dichosa tarjeta.

- Aquí tampoco. No puedo tardar más – se decía a si misma - solo faltan 5 minutos para que toque la alarma - miraba su reloj - si me atraso tendré que organizar nuevamente mi horario nocturno y tardare en eso – caminaba de aquí para allá - Creo que esta noche no dormiré – dijo resignada – tal vez así pueda terminar todo para mañana.

Estaba preocupada por eso, que le paso algo que le sucedía muy a menudo cuando usaba vestido.

.-.-.-

Trataba de ignorar todo lo sucedido y tomar un trago tranquilamente sentado en uno de los muebles. Repentinamente sintió como si alguien estuviera caminando arriba, no se preocupó generalmente en la noche se escuchaba el techo tronar, algo normal.




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