Capricho (arte y Destino)

39

Era aburrido no tener otra cosa que volver a casa. Esperó que el semáforo diera la luz verde, mientras tanto, se distrajo viendo en sus redes sociales. Cuando levantó la mirada, divisó a un pato que pasaba por el paso de peatones apresurada.

  - ¡Jajajaja! ¡Que disfraz! – Se burló.

Tardo cinco segundos en darse cuenta de quien se trataba, volteó rápidamente en su dirección. No había tiempo que perder estacionó su auto y corrió en dirección en la que había desaparecido aquella mujer.

 - ¡Prueben estos caramelos, no se arrepentirán!

Wara caminaba por toda la feria, de vez en cuando se detenía para dar pequeños saltitos, que le hacían ver adorable y aprovechaba para saludar a los niños que pasaban por ahí. Solo tenía que esperar un poco más y lograría vender todos sus caramelos. Era consciente que lo poco que había reunido no sería suficiente, nunca lo era, pero siempre era bienvenido.

Nathan por su parte corría por toda la feria mirando de un lado a otro, no la dejaría escapar esta vez. Se subió a la pequeña fuente que había en la plaza, de ahí obtuvo una mejor vista.

 - ¡Ahí está! – caminó sin perderla de vista.

No se percató que más de uno se dio cuenta de su presencia, pues no se preocupó por cubrirse o disfrazarse. Esta vez quería que ser cuidadoso, por lo que avanzó lentamente cuando ya la tenia cerca. No pudo explicar lo que sucedió después. La mujer se volteó repentinamente en su dirección, ambos quedaron congelados y Nathan pestañeó varias veces.

 - ¿Pero qué? – la miró asustado – ¡Tiene ojos en la nuca! – pensó Nathan

No estaba seguro si realmente ella se había dado cuenta de su presencia, no lo podía notar a través del traje.

 - ¡Ay!, que mal – la oyó decir – Esta bien Wara – trató de calmarse – no pasa nada, él no sabe que eres tú, podrías ser cualquier pato.

Nathan supo entonces que ella lo vio. Aunque no se explicaba cómo.

 - Esta chica da miedo – pensó - ¡Oye! – le señalo con el dedo – ¡No te atrevas a escapar!

 - Me delate solita – dijo haciendo caer sus hombros – tranquila

Él empezó a avanzar a grandes pasos en su dirección. Ella empezó a retroceder. Nathan se apresuró y logró agarrarla de una de sus alas, es decir su muñeca, antes de que escapara. Por su parte Wara en un reflejo levantó la bandeja, haciendo caer los caramelos que le quedaban, provocando que Nathan retrocediera y le soltara la muñeca por miedo a que lo golpeara como la última vez. La mujer aprovechó, se dio la vuelta y comenzó a correr

 - Es una buena oportunidad para disculparme y aclarar las cosas – pensó Wara.

Para cuando se dio cuenta ya se encontraba corriendo, sin saber porque lo hacía exactamente.

 - ¡Ey! ¡Espera! – él la siguió

 - ¿Qué estoy haciendo? – pensó ella – estoy segura que esto se puede solucionar hablando, no hice nada malo – volteó a verlo.

Él estaba a un paso de alcanzarla. Sintió miedo, solo tenía que detenerse, pero no podía, había algo que le impulsaba a seguir corriendo.

 - ¡Ay! parece enojado – tal vez era por eso – Ah – susurró - ¡Ahh! – gritó – a yu yu, ¡Ayuda!

Notó algo extraño mientras corría. Había muchas personas grabándoles, el espectáculo que debieron estar protagonizando, no quería ni imaginarlo. El disfraz le dificultaba ver con claridad, y el hecho que haya oscurecido, era un punto en contra, fue por eso que no pudo darse cuenta de lo que había más adelante y por lo tanto no pudo prevenir lo que vendría después.

 - ¡Nathan! – gritaban corriendo a su detrás.

Él se detuvo en seco, dándose cuenta lo que había provocado. Estaba concentrado en atraparla que no se percató que lo seguían. Muchos lo grababan y le sacaban fotografías. Eso significaba una cosa, problemas. Chitó su legua, rascándose la nuca.

 - ¡Ahhh! – se escuchó un grito, volteó en su dirección rápidamente.

Todo ocurrió en cámara lenta para ella, no supo lo que sucedió hasta que todo dejo de moverse. Se había rodado por las gradas.

 - Que mala suerte tengo – dijo ella, tendida en el suelo en una posición incomoda

Estaba agradecida de que cada cierto bloque de gradas se intercalara, pues caso contrario quien sabe hasta donde hubiera rodado.

 - ¡Ah! – se quejó cuando empezó a moverse.

No podía ubicar el dolor, simplemente le dolía todo, probablemente con la adrenalina no sintió el impacto.

 - ¡Qué bien!, No estas muerta – bajó divertido, tratando de ocultar su preocupación.

 - ¡Que desconsiderado! – pensó, lanzándole una mirada seria. Mientras lentamente trataba de acomodarse.

 - ¿Lina? – Saltó Nathan al reconocerla, abriendo sus ojos de par en par.

Wara buscó asustada la cabeza del Sr. Cuac Cuac, la encontró tirada un poco mas adelante. Bajó la mirada, no tenía caso seguir ocultándose y corriendo, eso era estresante y tenía asuntos más serios en las que ocuparse. Ahora trataba de alcanzar la cabeza.

 - ¿Porque no me dijiste que eras tú? – preguntó Nathan – debió verme la cara de imbécil – pensó enfadado.




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