Mariana iba por su tercera taza de café antes de las diez de la mañana y todavía no se sentía preparada para aquella reunión.
No ayudaba que fuera su primera gran presentación como community manager del Grupo Santamaría: una red médica enorme, prestigiosa y absurdamente exigente.
Y tampoco ayudaba que, según Valeria, ese día conocería al hombre más intimidante del hospital.
—Respira —dijo su amiga mientras le acomodaba el cuello de la blusa frente a la sala de juntas—. Sonríe. Y, por favor, no discutas con él.
Mariana arqueó una ceja.
—¿Por qué dices eso como si esperases una tragedia?
—Porque te conozco. Y porque el doctor Adrián Santamaría tiene la personalidad emocional de una piedra elegante.
Mariana soltó una pequeña risa.
—Soy profesional, Vale. Además, ¿qué tan serio puede ser un médico?
Spoiler: muchísimo.
Cuando entraron a la sala, Adrián Santamaría ya estaba sentado al fondo de la mesa revisando documentos.
Ni siquiera levantó la vista al escuchar los pasos.
Todo en él transmitía control: el traje impecable, el reloj sobrio pero claramente costoso y esa expresión serena que parecía advertirle al mundo que no tenía paciencia para estupideces.
Mariana sintió inmediatamente el impulso irracional de querer discutir con él.
Excelente comienzo.
—Buenos días —saludó ella con amabilidad profesional—. Mariana Vega. Voy a encargarme de las redes y la campaña digital de la fundación.
Adrián finalmente levantó la vista.
Sus ojos oscuros se detuvieron en ella apenas un segundo más de lo necesario.
—Doctor Adrián Santamaría —respondió con voz grave—. Espero que podamos avanzar rápido. El evento es en menos de un mes.
Encantado de conocerla.
Aunque claramente sin el menor entusiasmo.
La reunión comenzó entre estadísticas, presupuestos y planificación médica.
Cuando llegó el turno de Mariana, las pantallas se llenaron de propuestas visuales, testimonios y campañas emocionales.
—La gente conecta con historias —explicó mientras avanzaba diapositivas—. Si queremos impacto real, necesitamos humanizar el mensaje.
Adrián cruzó los brazos.
—No estoy convencido de convertir algo tan delicado en contenido emocional para redes sociales.
Mariana sostuvo su mirada.
—No es contenido emocional. Es empatía.
—La empatía también puede volverse espectáculo.
El ambiente se tensó apenas unos grados.
Valeria, sentada junto a Mariana, prácticamente dejó de respirar.
Pero Mariana sonrió.
Y Adrián descubrió rápidamente que aquella sonrisa podía ser peligrosa.
—Con respeto, doctor —dijo ella con calma impecable—, hoy las personas no reaccionan ante comunicados fríos. Reaccionan cuando sienten algo.
—Yo prefiero los hechos.
—Y yo prefiero recordar que detrás de los hechos hay personas.
Silencio.
De ese tipo de silencios que parecen una competencia.
Adrián la observó unos segundos más antes de asentir apenas.
—Está bien. Trabaje el enfoque como considere conveniente. Pero quiero revisar el material antes de que se publique.
Mariana sostuvo la sonrisa profesional.
—Perfecto. Prometo no volverlo una coreografía de TikTok.
Por primera vez, algo parecido a una expresión divertida cruzó fugazmente el rostro de Adrián.
Duró menos de dos segundos.
Pero ella lo notó.
La reunión terminó oficialmente veinte minutos después.
La tensión no.
Apenas salieron del edificio, Valeria giró hacia Mariana con dramatismo.
—Te dije que no discutieras con él.
—No discutí.
—Mariana…
—Solo defendí mi propuesta con argumentos sólidos y un nivel razonable de sarcasmo.
—Sí. Justamente eso me preocupaba.
Mariana soltó una risa mientras se acomodaba el bolso.
Sin embargo, algo en la mirada de Adrián seguía molestándole.
Porque era el tipo de hombre que parecía convencido de tener siempre la razón.
Y peor aún…
probablemente muchas veces la tenía.
Esa noche, agotada después del trabajo, Mariana abrió la aplicación de citas casi por reflejo.
La notificación apareció enseguida.
MrLogic te ha enviado un mensaje.
Y, para su propia desgracia, sonrió.
Últimamente, aquellas conversaciones se habían convertido en la parte más inesperadamente agradable de sus días.
CoffeLover: Hoy conocí a un hombre insoportablemente serio en el trabajo.
La respuesta llegó rápido.
MrLogic: Curioso.
Yo tuve exactamente el mismo problema con una compañera nueva.
Mariana soltó una pequeña risa.
CoffeLover: Déjame adivinar. ¿Ella cree que sabe más que tú?
Del otro lado de la ciudad, Adrián sonrió mirando la pantalla.
MrLogic: Eso parece.
CoffeLover: Qué difícil debe ser para tu ego.
Adrián negó con la cabeza, divertido.
MrLogic: Mi ego está perfectamente saludable. Gracias por preocuparte.
CoffeLover: Entonces definitivamente eres el problema.
Mariana dejó el teléfono sobre la mesa todavía riéndose.
Tenía la sensación de que MrLogic debía ser alguien absurdamente estructurado… pero también extrañamente encantador.
Mientras tanto, Adrián releía los mensajes con una sonrisa leve.
Porque, curiosamente, la misteriosa TeaLover era lo mejor que le había pasado en semanas.
Lo que no sabía…
era que también acababa de conocer a la única mujer capaz de discutir con él en una sala llena de médicos sin retroceder un solo paso.