El lunes amaneció con aroma a desastre… y a café recién hecho.
Mariana había dormido apenas cuatro horas después de terminar los guiones para la campaña de la fundación y llegó al edificio médico funcionando únicamente gracias a la cafeína y a la terquedad.
Llevaba el termo en una mano, el bolso colgando del hombro y la esperanza optimista de sobrevivir el día sin colapsar.
Spoiler: no ocurrió.
—Necesito mínimo tres cafés más antes de cualquier interacción humana —murmuró mientras revisaba unos folletos recién impresos sobre el escritorio.
—Tienes cara de haber peleado con la vida y perdido —comentó Valeria entrando a la oficina.
—La vida hizo trampa.
Mariana apenas estaba organizando el material cuando alguien la llamó desde la oficina contigua.
Giró automáticamente.
Error fatal.
La taza de café escapó de sus manos y el líquido salió disparado en cámara lenta directamente sobre los folletos.
—¡No, no, no, no, NO! —exclamó horrorizada.
El café se extendió por la mesa como una tragedia perfectamente coreografiada.
Manchó papeles. Carpetas. Su mano.
Y, por supuesto, sus jeans claros.
Mariana cerró los ojos un segundo.
—Excelente. Maravillosa manera de empezar la semana.
—Definitivamente artística —opinó Valeria intentando no reírse.
Y entonces ocurrió lo peor posible.
Adrián entró justo en ese momento.
Perfecto.
El universo realmente estaba comprometido con destruirle la dignidad.
El doctor Santamaría observó la escena: los folletos arruinados, el café derramado y a Mariana sosteniendo una servilleta como si estuviera negociando una crisis internacional.
—¿Todo bien? —preguntó con tono tranquilo.
Aunque la ligera tensión en sus labios delataba que estaba conteniendo la risa.
Mariana lo señaló todo con dramatismo.
—Depende de qué tan flexible sea tu definición de “bien”.
Adrián tomó uno de los folletos empapados y examinó el desastre.
El logo de la fundación parecía haberse derretido emocionalmente.
—Definitivamente es un crimen contra la comunicación institucional.
Mariana soltó un suspiro resignado.
—Lo sabía.
Pero entonces él añadió, casi divertido:
—Aunque podría interpretarse como una representación bastante honesta de la vida. Mucha improvisación… y manchas inevitables.
Ella levantó una ceja.
—Vaya. El doctor Santamaría haciendo metáforas. Esto merece quedar registrado oficialmente.
Adrián bajó la mirada hacia los jeans manchados de café.
—Lo que sí parece irreparable es el atentado contra el código de vestimenta.
Mariana abrió la boca, indignada.
—¿Acabas de burlarte de mis pantalones?
—Técnicamente, sí.
Valeria, que ya estaba riéndose sin disimulo, sacó el celular de inmediato.
—Esperen, esto tiene demasiado potencial como para no grabarlo.
—Valeria, no te atrevas…
Demasiado tarde.
Cinco segundos después, el pequeño video del desastre existía oficialmente.
Y Mariana presentía que aquello terminaría muy mal.
Terminó muchísimo peor de lo esperado.
Para la tarde, el clip ya circulaba por varios grupos internos del hospital acompañado del título:
“Departamento de comunicación: trabajando con pasión líquida.”
Mariana quería desaparecer.
—Voy a renunciar y empezar una nueva vida en otro país —anunció dramáticamente mientras veía los mensajes acumulándose.
Valeria casi lloraba de la risa.
—Vamos, admítelo. Es divertido.
—Mi humillación no debería ser contenido corporativo.
—Eso diría alguien que no entiende el engagement.
Mariana le lanzó una servilleta.
Sin embargo, lo verdaderamente irritante era otra cosa.
Cada vez que se cruzaba con Adrián en los pasillos, notaba esa pequeña expresión divertida en su rostro.
Como si el video le causara demasiada gracia.
Y peor aún…
a ella empezaba a molestarle descubrir que verlo sonreír también le causaba algo parecido.
Esa noche, agotada física y emocionalmente, Mariana abrió la app buscando distraerse un rato.
La conversación con MrLogic seguía siendo el único espacio donde podía relajarse sin sentirse observada.
Escribió primero.
CoffeeLover: Día terrible.
El café decidió traicionarme públicamente frente a mi jefe.
La respuesta llegó rápido.
MrLogic: Necesito contexto inmediato.
Mariana sonrió apenas.
CoffeeLover: Digamos que hubo víctimas.
Documentos, ropa y probablemente mi reputación profesional.
Del otro lado de la ciudad, Adrián soltó una risa silenciosa mientras releía el mensaje.
Qué pequeñas eran las coincidencias.
MrLogic: ¿Tu jefe sobrevivió al incidente?
CoffeeLover: Físicamente sí.
Emocionalmente no puedo asegurarlo.
Adrián negó con la cabeza, divertido.
MrLogic: Quizá no fue tan grave.
Mariana miró el techo dramáticamente antes de responder.
CoffeeLover: Si mañana descubro que me convertí en meme institucional, te aviso.
Él sonrió mientras escribía:
MrLogic: Entonces prometo ser el primero en darle like.
Mariana soltó una carcajada cansada.
Y, por primera vez en todo el día, logró relajarse de verdad.
Lo que no sabía…
era que el hombre detrás de aquella pantalla ya había visto el video unas seis veces.
Y seguía riéndose cada vez que aparecía ella intentando salvar los folletos como si fueran pacientes en urgencias.