La conversación comenzó antes de las siete de la mañana.
Como ya era costumbre.
CoffeeLover: ¿Tú también crees que los lunes deberían venir con manual de supervivencia?
Adrián, sentado en su oficina con la primera taza de café del día, sonrió apenas antes de responder.
MrLogic: Manual no.
Protocolo de emergencia.
Incluyendo café intravenoso y silencio obligatorio antes de las 9 a.m.
La respuesta apareció casi de inmediato.
CoffeeLover: ¿Eres de los que no funcionan hasta la tercera taza?
MrLogic: Cuarta.
Y solo si nadie me habla de “vibras positivas”.
Mariana soltó una risa mientras esperaba el ascensor.
CoffeeLover: Uy, entonces definitivamente no seríamos compatibles antes del desayuno.
Adrián apoyó la cabeza contra el respaldo de la silla, divertido.
MrLogic: Después del desayuno quizás podríamos discutirlo racionalmente.
Mariana mordió apenas su sonrisa.
Y, sin darse cuenta, terminó entrando al edificio pensando en él.
En el desconocido sarcástico detrás de la pantalla.
No en Adrián Santamaría.
Definitivamente no en Adrián Santamaría.
La mañana transcurrió entre reuniones, edición de contenido y llamadas interminables.
Mariana llevaba horas revisando material para la campaña de la fundación cuando Valeria apareció en la oficina intentando contener la risa.
Lo cual nunca era buena señal.
—Tengo una pregunta importante —dijo dejando el celular sobre el escritorio—. ¿Cuánto quieres demandarme si te digo que quizá nos volvimos virales accidentalmente?
Mariana levantó lentamente la vista.
—¿Qué hiciste?
—Técnicamente… fui innovadora.
Eso fue suficiente para activar todas las alarmas internas de Mariana.
Tomó el teléfono.
Y casi dejó de respirar.
Era un clip del detrás de cámaras de la campaña solidaria grabado el día anterior.
Un video que claramente NO debía publicarse.
En la grabación, Mariana intentaba mantener una presentación seria frente a la cámara mientras un gato callejero aparecía de la nada y saltaba sobre el pequeño set improvisado.
Después de eso, el caos.
Papeles cayendo.
Valeria riéndose.
Y Adrián Santamaría apareciendo al fondo intentando atrapar al gato usando una bata médica como si fuera una red improvisada.
El video terminaba con Mariana soltando una carcajada genuina mientras Adrián murmuraba, agotado:
—Definitivamente necesito otra carrera.
Mariana cerró los ojos.
—Dime que eso no está publicado.
Valeria hizo una pausa demasiado larga.
—Tiene… ochenta mil reproducciones.
—¿QUÉ?
—Y subiendo.
Mariana volvió a mirar la pantalla horrorizada.
Los comentarios avanzaban sin parar:
"El doctor persiguiendo al gato es lo mejor que vi hoy."
"Necesito saber si están enamorados o si se odian."
"Cuando Cupido trabaja en un hospital."
"El médico guapo intentando mantener la dignidad: 0% exitoso."
Mariana dejó caer la cabeza contra el escritorio.
—Voy a perder mi trabajo.
En ese momento entró un mensaje del jefe de prensa.
“¿Podemos mantener el video?
Está funcionando increíblemente bien.”
Mariana levantó lentamente la mirada.
—…O quizás me asciendan.
La cafetería del hospital estaba extrañamente animada ese día.
Demasiado animada.
Los empleados cuchicheaban mirando sus teléfonos mientras Adrián entraba buscando café después de una cirugía particularmente larga.
Todavía no sabía nada.
Y Mariana, honestamente, no estaba segura de si advertirle o huir del país antes de que descubriera el video.
Entonces alguien murmuró demasiado fuerte:
—¿Ese no es el doctor del gato?
Adrián se detuvo.
Frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué video?
Silencio.
Un interno, probablemente demasiado joven para valorar su estabilidad laboral, le mostró el celular.
Adrián observó el video completo sin expresión alguna.
El gato.
El caos.
La bata.
Mariana riéndose al fondo.
Y él mismo persiguiendo un animal como si hubiera perdido completamente la dignidad profesional.
La cafetería entera contuvo la respiración.
Mariana apareció justo entonces con su café en mano.
Perfecto timing.
Sus miradas se cruzaron.
Ella levantó una mano inmediatamente.
—Antes de que digas algo, quiero aclarar que no fui yo quien lo publicó.
Adrián arqueó una ceja lentamente.
—Claro. Los gatos editan videos ahora.
Mariana soltó una risa nerviosa.
Y, para sorpresa de todos, Adrián también empezó a reír.
No esa pequeña sonrisa controlada que apenas aparecía a veces.
No.
Una risa real.
Cansada, genuina y peligrosamente atractiva.
Eso desarmó completamente la tensión.
—Para ser justos —dijo Mariana intentando defenderse entre risas—, el gato sí parecía muy comprometido con sabotear la campaña.
—Y claramente ganó.
—Definitivamente.
Varias personas alrededor empezaron a grabar discretamente.
Porque aparentemente el hospital entero ya estaba demasiado involucrado en aquella historia.
Más tarde, ya solo en su oficina, Adrián volvió a abrir el video.
Dos veces.
Tal vez tres.
Y descubrió algo ligeramente preocupante:
cada vez que Mariana se reía en pantalla, él terminaba sonriendo también.
Fastidioso.
Muy fastidioso.
Su teléfono vibró entonces con una nueva notificación.
CoffeeLover te ha enviado un mensaje.
Adrián abrió el chat de inmediato.
CoffeeLover: Hoy fue un gran día para los gatos.
No tanto para los humanos.
Él se quedó mirando la frase unos segundos.
Porque, extrañamente…
sonaba exactamente como algo que Mariana Vega diría.