Caprichos del algoritmo

Capítulo 10: Match en pantalla grande

El universo tenía un sentido del humor extraño.

Y claramente disfrutaba arruinar vidas sentimentales en alta definición.

Mariana lo confirmó la mañana en que llegó a la reunión más importante del mes con el cabello medio desordenado, tres horas de sueño encima y una autoestima emocional comparable a café sin azúcar.

Amarga y funcional.

Entró a la sala de conferencias cargando su laptop y activando automáticamente esa sonrisa diplomática que solo aparecía en situaciones corporativas críticas.

El Grupo Santamaría había organizado una presentación interna para mostrar los resultados de la campaña Por Cada Vida, y Mariana debía proyectar el famoso video viral que había convertido accidentalmente a un cirujano serio y a una community manager sarcástica en celebridades médicas de internet.

La sala estaba llena.

Directivos.

Representantes de la fundación.

Médicos.

Personal administrativo.

Y, por supuesto, Adrián Santamaría.

Impecable como siempre.

Sentado al frente revisando unas diapositivas con expresión tan seria que parecía estar leyendo un diagnóstico terminal.

Mariana respiró profundo.

No iba a pensar en:
sus conversaciones nocturnas,
el déjà vu emocional,
ni el hecho de que ahora sospechaba peligrosamente que MrLogic podía ser él.

Definitivamente no.

—Buenos días, licenciada —saludó Adrián levantando apenas la vista—. ¿Todo listo con el video?

—Listísimo —respondió ella demasiado rápido.

Y evitó mirarlo porque últimamente sostenerle la mirada empezaba a sentirse peligrosamente íntimo.

Lo que ninguno de los dos sabía…

era que el destino acababa de preparar el espectáculo final.

La presentación comenzó normalmente.

Demasiado normalmente.

Mariana conectó su laptop al proyector mientras explicaba métricas, impacto social y alcance digital.

Todo iba bien.

Hasta que dejó abierta una pestaña.

Una sola.

Pequeña.

Mortal.

Porque en segundo plano seguía abierta la sesión de CoffeeLover.

Y justo entonces apareció una nueva notificación.

Enorme.

Brillante.

Imposible de ignorar.

Proyectada directamente en la pantalla gigante de la sala.

MrLogic:
“¿Sigues pensando en el café de ayer o soy solo yo?”

Silencio absoluto.

Silencio de funeral corporativo.

Mariana sintió cómo su alma abandonaba lentamente su cuerpo para irse a vivir a otro continente.

Nadie respiró.

Nadie pestañeó.

Adrián levantó la vista hacia la pantalla.

Luego lentamente hacia ella.

Y algo en su expresión cambió.

No fue exactamente sorpresa.

Fue reconocimiento.

—Eso… —dijo él con calma peligrosamente controlada— no formaba parte de la presentación, ¿verdad?

Mariana quería morir.

Desaparecer.

Evaporarse.

—Definitivamente no —balbuceó cerrando la ventana a toda velocidad—. Debe ser… un virus.

Varias personas soltaron pequeñas risas nerviosas.

Adrián arqueó apenas una ceja.

—Interesante virus. Tiene muy buen timing.

Ella lo fulminó con la mirada mientras intentaba recuperar la dignidad y continuar la presentación.

Spoiler:

la dignidad no sobrevivió.

Porque aunque el video siguió avanzando normalmente…

ella podía sentir la mirada de Adrián sobre ella durante el resto de la reunión.

Una mirada distinta.

Más atenta.

Más intensa.

Como si estuviera conectando piezas demasiado rápido.

Y lo peor era que Mariana estaba haciendo exactamente lo mismo.

La reunión terminó cuarenta minutos después.

Los cuarenta minutos más largos de la vida de Mariana.

Apenas salió al pasillo, caminó rápido intentando escapar de la humillación histórica que acababa de protagonizar.

—Mariana.

La voz de Adrián la detuvo inmediatamente.

Ella cerró los ojos un segundo antes de girarse.

—Si vas a burlarte, hazlo rápido para que pueda fingir dignidad lo antes posible.

Pero Adrián no estaba riéndose.

Bueno… no mucho.

Parecía nervioso.

Lo cual era todavía más extraño.

—No voy a burlarme.

Se acercó un poco más.

Sacó lentamente el teléfono del bolsillo.

Y abrió una aplicación.

El corazón de Mariana literalmente se detuvo.

Porque conocía perfectamente esa interfaz.

Ese fondo oscuro.

Ese chat.

Ese nombre.

MrLogic

El aire desapareció de sus pulmones.

—No puede ser…

Adrián soltó una pequeña risa incrédula.

—Créeme, mi nivel de shock también está teniendo problemas para procesarlo.

Mariana lo miró fijamente.

Luego volvió a mirar el teléfono.

Luego a él.

—Todo este tiempo… ¿eras tú?

—Y tú eras CoffeeLover. La mujer que describió las apps de citas como “una coreografía emocional del ego”.

Ella se cubrió la cara con las manos.

—Dios mío.

—Para ser justos… no estabas completamente equivocada.

Mariana soltó una carcajada nerviosa.

Porque claro.

Claro que el hombre con quien discutía estrategias digitales todas las mañanas era el mismo con quien hablaba hasta la madrugada.

El mismo que entendía sus sarcasmos.

El mismo que la hacía sonreír mirando una pantalla.

Adrián la observó unos segundos más.

Y entonces apareció esa sonrisa pequeña y torcida que a ella ya empezaba a gustarle demasiado.

—Entonces… CoffeeLover.

Ella levantó lentamente la mirada.

—¿Sí, MrLogic?

Él dio un paso más cerca.

—¿Te gustaría finalmente tomar ese café fuera del chat?

Mariana arqueó apenas una ceja.

—Depende. ¿Piensas aparecer como el cirujano serio o como el hombre que persigue gatos con batas médicas?

Adrián soltó una risa real.

Cálida.

Desarmada.

—Ambos. Nunca se sabe qué puede necesitar una cita de emergencia.




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