Caramelos & Cenizas

Capítulo 05

Elian abrió los ojos. Le costó. Los párpados raspaban. Los hombros hundidos en el colchón. Ni siquiera miró la hora. Siempre la misma mierda: apenas amanecía y ya estaba despierto.

Giró la cabeza hacia el suelo.

Kiliam seguía ahí, dormido en el futón. Respiración acompasada, la manta hecha un desastre. Brazo bajo la almohada. Cabello castaño sobre la frente, despeinado. El ceño sin fruncir. La mandíbula sin esa tensión que siempre parecía a punto de romperse.

Apoyó la mejilla en el brazo. Contó las respiraciones. El pecho de Kiliam subía y bajaba, constante. Su propia respiración se acompasó sin que se lo pidiera. Los hombros dejaron de presionar contra el colchón.

La luz cambió de gris a blanco. Sonidos en el piso de abajo: agua corriendo, pasos de Seth. Las piernas empezaron a hormiguear. No supo si habían pasado cinco minutos o una hora.

Se incorporó despacio. El colchón crujió.

Kiliam frunció el ceño. Abrió los ojos.

—¿Qué haces?

La voz ronca, arrastrada.

—Voy a correr un maratón. ¿Quieres venir?

Parpadeó. Los ojos tardaron en enfocar. Elian sonrió.

—Podrías dormir un poco más.

—Sí, claro. Cerrar los ojos y confiar en no pasarme tres horas dando vueltas como un cadáver con espasmos.

Se quitó el pijama. Camiseta holgada. Jeans desgastados. Se vistió sin pensar.

Kiliam se sobó la cara. Se incorporó. Se estiró. Los músculos de los brazos se marcaron bajo la camiseta. Elian apartó la vista.

Kiliam empezó a doblar el futón para meterlo en el armario.

—¿Te vas?

—No. Me quedo un rato.

Elian alzó una ceja. Kiliam aparecía. Kiliam desaparecía. Nunca avisaba. Nunca pedía permiso.

Respiró. El aire entró más fácil que hacía un segundo.

—Por la tarde quedé con Alice. Pero antes necesito comprar pinturas.

Se detuvo. Botón a medio abrochar.

Alice.

Respiró. Siguió. Los dedos encontraron el siguiente botón. Luego el otro. Movimientos más rápidos de lo necesario.

—¿Pinturas otra vez? —se cruzó de brazos—. ¿Cuántos tubos de azul llevas ya? ¿Quince? ¿Veinte? Curioso. Compras y compras, pero nunca enseñas lo que pintas.

Kiliam ladeó la cabeza.

—No es necesario mostrarlo todo. ¿O esperas un pase VIP a mis pensamientos más profundos?

Chasqueó la lengua. Kiliam guardaba secretos. Él también.

—Como quieras.

Kiliam rio bajo. Se acercó.

Elian contó. Uno. Dos.

Kiliam se detuvo. Sesenta centímetros.

La distancia exacta: Elian distinguía las motas doradas en los ojos verdes. No sentía el calor de su cuerpo.

Nunca cincuenta y nueve. Nunca sesenta y uno.

Los ojos de Kiliam recorrieron su rostro. Pausaron en las ojeras. En las líneas de fatiga.

Las manos encontraron el borde de su camiseta. Los pies no se movieron. Mientras Kiliam mantuviera esos sesenta centímetros, podía quedarse ahí.

—Necesitas dormir.

Arqueó una ceja.

—Qué revelación. Nunca lo hubiera notado sin tu consejo médico.

—No es consejo, es observación. Luces como un zombie.

Elian rodó los ojos.

—Eres insoportable.

—Lo intento.

Sonrió. Se dirigió hacia la puerta.

—Bajemos a desayunar.

Lo siguió con la vista. Kiliam no había preguntado si durmió. No le ofreció consejos. No insistió.

Solo se quedó.

—•••—•••—•••—

El parque olía a tierra húmeda. A hojas cortadas. Un domingo de otoño. Liam respiró hondo. El peso seguía ahí. Hombros clavados hacia abajo.

Alice caminaba a su lado. Cabello rubio ceniza recogido. Ropa neutra, bien cortada. La mano rozaba la suya. Él la dejaba. Era lo más fácil. Hablaba de una galería en Lyon que planeaba visitar en verano.

—¿Irías conmigo? —preguntó. Se giró hacia él—. Si tu padre te dejara.

Parpadeó. Alice no hablaba de Johan. Nunca.

—Iría —respondió. Y era verdad.

Ella sonrió. Deslizó los dedos hasta su muñeca. Él no se apartó.

—¿Sabes? Me gustaría que hiciéramos algo menos Hartwell. Sin cenas de negocios. Sin sonrisas ensayadas para inversores. Sin mi madre preguntando si tu padre aprobó que saliéramos juntos.

—¿Cómo qué?

—No lo sé. Una escapada. Un día sin compromisos.

—Suena bien.

Alice asintió.

—Mi madre me preguntó ayer si íbamos a hacer algo con tu familia en Navidad. Le dije que los Hartwell no celebran juntos. Se rio. Le pareció absurdo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.