El balón golpeaba el asfalto. Seco. Irregular. Jess se lanzaba contra Vlad —metro y medio de furia pura— y él la esquivaba con esa media sonrisa de siempre. Seth apoyó el hombro contra la verja oxidada. Sintió el metal caliente contra la piel. La esquina de su boca se torció sola.
—¡Eso fue falta! —gritó Jess, señalándolo con el dedo.
—No te toqué —respondió Vlad, devolviéndole el balón.
Jess se volvió hacia el banco.
—¡¿Elian?! ¿Vas a dejar que este mentiroso me pisotee?
Elian estaba encogido en el banco. Tomándose su tiempo, como siempre. Pero Seth notó que no había sacado el libro. Solo el caramelo, que llevaba un rato sin abrir.
—No fue falta —murmuró al final.
Jess bufó. Vlad volvió al centro, provocándola.
Sábado por la tarde. Ahí estaban: molestándose, desafiándose, riéndose a su manera. Seth los miró desde la verja. Veía todo desde ahí: la torcedura mínima en el tobillo de Jess cuando cambiaba de dirección. La forma en que Vlad bajaba la mirada solo con ella. Elian de árbitro pasivo.
Jess gritando por una falta que no existió. Vlad devolviéndole el balón con esa paciencia infinita. Elian callado en su banco.
Jodidos. Rotos. Suyos. Y él no iba a ningún lado.
Los pelos de la nuca se le erizaron.
Seth giró la cabeza antes de saber por qué.
Ahí estaba Noah. Apoyado contra un árbol, cigarrillo entre los dedos. Humo subiendo en espiral lenta. Esa sonrisa torcida. Ojos grises fijos en la cancha. Demasiado lejos de su territorio.
No esperó. Caminó directo, paso firme, mandíbula trabada. Lo interceptó antes de que Noah diera un paso hacia la cancha.
—¿Se te perdió algo?
La voz le salió baja. Plana.
Noah alzó las manos, teatral.
—¿Eso le dices a todos los que respiran en tu perímetro, o soy especial?
Seth no se movió. Pelo castaño revuelto, camisa oscura arrugada. Anillos en cada dedo. Cicatriz en la mandíbula. Olor a tabaco rancio.
—No estás aquí por casualidad.
Noah rio por la nariz.
—Relájate, sargento. No estoy aquí por los chicos.
—¿Y eso debería tranquilizarme?
—Debería darte curiosidad.
Seth ladeó la cabeza.
—No me interesa. No te acerques a los chicos.
Noah lo miró un segundo más largo de lo necesario. La cadena barata brillaba contra su cuello.
—No estoy interesado en tus cachorros. Aunque el que oficia de árbitro me suena de algo.
Los hombros de Seth subieron. Dedos cerrados. Uñas contra palma.
Noah bajó la mirada. Un segundo. Dos. Seth siguió el movimiento. La nuca le ardía.
—Tus preguntas por los callejones están empezando a incomodar a la gente equivocada. Te estás metiendo en mierda espesa, cariño.
El aire se volvió denso. Había algo más en el tono de Noah. Algo que Seth no llegó a descifrar.
—¿Y por qué es tu problema?
—Porque me recuerdas a alguien. —La voz bajó. Casi un susurro—. Y no sé si eso me gusta.
Seth apretó la mandíbula. Algo en los ojos de Noah. Un hueco detrás de la sonrisa.
Detrás, la carcajada aguda de Jess cortó el aire. Había anotado. Celebraba con saltos exagerados, gritando como si la cancha fuera suya. Seth apenas prestaba atención. Noah giró la cabeza hacia la escena, ojos clavados en Vlad. Demasiado tiempo.
Vlad se giró justo entonces. Sus ojos encontraron los de Noah y se tensaron. Cada músculo alerta. La calma de Vlad, su sonrisa, se había esfumado. Reconocimiento. Advertencia silenciosa.
—¿Lo conoces?
Le salió más alto de lo que quería.
Noah no respondió. Sonrió. Un gesto que no llegaba a los ojos.
—La calle es pequeña, Seth. Muy pequeña.
Seth frunció el ceño.
—No te dije mi nombre.
Noah no negó. No afirmó. Metió las manos en los bolsillos.
Seth cerró la distancia. Pulso en las sienes.
Detrás, Jess reía. Vlad miraba. Elian, quieto en el banco.
Demasiado cerca de Noah.
—Escucha bien. Lejos de los chicos. Lejos de Vlad. Y guárdate tus juegos.
Noah se encogió de hombros. Dejó caer el cigarro al suelo. Lo pisó.
—No te estoy acosando. Solo te observo.
Seth se inclinó hacia adelante. Cuello rígido.
—No necesito tu atención.
—Eso es evidente. —Noah sonrió, con ese gesto roto—. Pero si cambias de opinión, puedo conseguirte cosas. Información. Nombres. Caminos. Menos suicidas que los tuyos.
Seth lo miró sin parpadear. Buscaba algo. Fisuras en esa sonrisa.