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Ximena desplegó las piernas de su caza variable al llegar a los restos del transporte. La explosión de los propulsores al desacelerar la nave casi al instante hicieron que varios pedazos de chatarra salieran volando en todas direcciones. Prism de inmediato se interpuso entre Fritz y el robot recién llegado, pero reconoció rápidamente el emblema de la NUNS y supo con seguridad que se trataba de los compañeros del Microniano.
—¡Fritz!
Un segundo caza llegó volando y se detuvo junto al primero. La voz de Camila sonó casi como un grito por el canal de comunicación general. —¿Estás bien? ¡Fritz!
—Está herido, tiene un brazo roto. —respondió la guerrera ayudando a levantar al investigador. —Necesita ir a una vaina, puede tener heridas internas.
—¿Dónde está…?
—Allí. —dijo Fritz con dificultad señalando con su brazo sano. —Lynn está herida en esa vaina.
Camila abrió un canal de comunicaciones con la Bramante mientras su compañera ayudaba a sujetar al joven investigador. —Objetivos asegurados, repito, objetivos asegurados, necesitamos evacuación médica urgente.
No recibió respuesta; en aquel momento las tres naves combinadas habían creado un campo de energía en sincronización que bloqueaba todo tipo de comunicaciones con el exterior. Sea cual sea el resultado de aquel desesperado ataque, el Escuadrón Delta así como los demás escuadrones de la Bramante y la Naginata estaban completamente solos allí.
—¡Establescan un perímetro defensivo! —gritó Ximena mientras abandonando la idea de recibir ayuda a la vez que más aviones comenzaban a llegar y se atrincheraban alrededor de la precaria plataforma formada por las enredaderas destrozadas que sujetaban lo que quedaba del transporte de la SDFN.
Los robots ocuparon sus posiciones y apuntaron sus armas en dirección a los titánicos oponentes que combatían ajenos a todo lo demás.
—¡Miren! —exclamó Fritz señalando con su brazo sano.
Camila apuntó la pantalla de reconocimiento hacia el epicentro de la batalla y quedó sorprendida por lo que vio. —Los escudos… los escudos están.
Enormes grietas de luz habían comenzado a aparecer frente al enorme robot y las dos fragatas que como dos enormes lanzas intentaban penetrar aquella barrera invencible. Ahora las burbujas de energía de las tres naves mostraban el mismo color y el mismo patrón de luces, gracias a los esfuerzos de Lucy, quien había logrado sincronizar los generadores en medio de la colosal batalla.
Aquello tampoco pasó desapercibido para Veiss; una docena de ojos se formaron de pronto entre las protuberancias de aquella colosal masa trenzada en lucha y observaron con alarma las enormes grietas que comenzaban a extenderse en forma acelerada.
—¡Debura! —gritó y aquel grito fué tan poderoso que hizo temblar a toda la estructura de pesadilla.
—Está aterrada. —dijo Owen comprendiendo que el escudo estaba a punto de caer. —¡Ahora o nunca! ¡Bramante, Naginata! ¡Prepárense para disparar! ¡Ustedes también, Capitán Hyle!
En la proa de ambas fragatas las compuertas que protegían a los poderosos cañones fijos se abrieron, mientras las nuevas torretas también giraban en posición de disparo.
—¡Alisten los cañones de rieles! ¡Misiles anti-nave listos a mi señal! —gritó Hyle sujetándose con una mano al panel de control mientras señalaba en dirección a Veiss.
—Preparados… aquí vamos. —dijo Lucy simultáneamente desde cada una de las representaciones holográficas de su cuerpo que se proyectaban simultáneamente en el puente de mando de las tres naves. —Avance a tres cuartos.
Los enormes motores de la SDFN se encendieron y comenzaron a empujar al enorme robot hacia adelante. La pared de luz frente a ellos pareció dudar un momento y lentamente comenzó a ceder, curvandose hacia el interior a medida que las grietas de luz se volvian cada vez más brillantes.
Los enormes ojos que Veiss había hecho aparecer frente a ellos se cerraron de golpe. Entonces la poderos superviviente de la Protocultura usó su última carta de victoria; toda la torre de material viviente, aquella mezcla de los restos de Veiss y el Devil R-11 se reconvirtió con una sacudida y un enorme rostro deforme y monstruoso apareció frente al punto donde las naves humanas de meltran estaban penetrando el escudo.
—Esa hija de puta va a usar al Devil de escudo. —dijo Zlyna comprendiendo la situación.
—Que se vayan al infierno los dos juntos. —respondió su Capitán.
El escudo colapsó ante el poderoso ataque y estalló como un gigantesco cristal de un millar de colores diferentes. El enorme robot penetró a toda velocidad con los dos “brazos” formados por las dos fragatas que, como dos enormes lanzas, se abalanzaron al encuentro del deforme ser oscuro que abrió su boca llena de dientes afilados ante aquel terrible ataque.
Zlyna lanzó el primer golpe usando la Naginata. La fragata del Capitan Shingo Sekai destrozó con facilidad los dientes de metal negro de la criatura y penetró varios centenares de metros dentro del cuerpo principal en medio de una brutal colisión.
—¡Fuego!
La Naginata abrió fuego a quemarropa dentro de la boca de la criatura y sus cañones de energía vomitaron una descarga de fuego y destrucción total. De pronto toda una sección del enorme cuerpo de la criatura desapareció por completo en medio de una explosión casi tan grande como la SDFN-13, quien de inmediato activó sus dañados retropropulsores y ayudada por la onda expansiva logró retroceder lo suficiente para que la Naginata saliera de entre el metal retorcido en el que se había convertido el Devil.
—Mierda, parece que Shingo está bien. —observó Jarvis con alivio al ver la dañada nave emerger de entre la chatarra; toda la proa de la Naginata había desaparecido y el casco estaba severamente dañando, pero la nave estaba en una sola pieza.
—Y ahora es nuestro turno. —dijo Boris mientras se ajustaba el casco de combate sobre su cabeza.