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Con una explosión de luz, los motores del VF-171 hicieron que el caza variable se detuviera justo frente a las desafiantes meltrans, quienes contemplaban sin temor a la mismísima muerte.
—¡ALTO! —gritó Camila haciendo que su caza se transformara en robot y abriendo brazos y piernas del mismo se interpuso entre aquel maligno ojo y su indefensa presa.
—Unidad Aliada en línea de fuego, ataque abortado. —recitó la enorme figura sin cambiar el tono de voz.
La piloto del caza aún estaba temblando cuando el enorme ojo se cerró lentamente frente a ella. El sudor caía abundante por su rostro y el sistema de soporte vital del traje de vuelo hacía lo posible por disminuir la anormal frecuencia cardiaca de la piloto.
Mientras tanto en la Bramante, Owen sintió que volvía a respirar después de casi una eternidad. —Buen trabajo, Delta Dos. —dijo limpiándose el sudor de la frente.
—¿Qué rayos está pasando ahora? —preguntó el Capitán Sekai desde la pantalla. —¿Esa cosa no era nuestra aliada?
—Fue un error bajar la guardia. —reconoció Owen reprimiendo la ira. —Lucy…. esa IA está actuando de forma extraña… ¿Es posible que…?
Owen se volteó hacia su oficial de Sistemas y comprendió el porqué del silencio del oficial. Boris estaba inclinado sobre su terminal, completamente absorbido en su tarea mientras varias pantallas se desplegaban a su alrededor y sus manos se movían sobre el teclado a una velocidad increíble. —Te daremos todo el tiempo que necesites. —dijo el Capitán de la Bramante mientras se volvía hacia la pantalla. —Delta Dos. ¿Cómo está la situación allí?
—La meltran Hyle está muy malherida. —informó la piloto recuperando un poco la calma tras el pico de adrenalina que había sufrido momentos antes. —Pero viva.
Antes que Owen pudiera preguntar algo más, Gabriel informó que Delta Uno se estaba aproximando a la nave.
—Envíen a Mack y el equipo de seguridad al hangar. —ordenó. —Aseguren a Veiss y vuelvan a poner la alerta de combate… no sabemos qué pueda pasar ahora.
—Entendido. —respondió el Oficial de Comunicaciones.
Mientras tanto, en la cubierta de vuelo del hangar, los blindados del grupo de operaciones especiales se pusieron en marcha. Mack iba sentado junto a la torreta del vehículo que abría la marcha mientras se acercaban a la zona de aterrizaje. Pronto distinguieron al robot de Ximena que se acercaba al escudo de entrada del hangar llevando aquella esfera luminosa en una de sus manos. —¡Todos listos, quiero un perímetro alrededor del lugar en el que aterrice ese caza! —gritó Mack haciendo un gesto con el brazo. —¡Estén alertas, no sabemos lo que pueda hacer esa cosa!
Pasaron junto a la meltran llamada Prism, quien en esos momentos se encontraba en cuclillas atendiendo a un dolorido Von Neumann. El joven estaba sentado en el piso del hangar con su espalda apoyada en la pared de metal, se había quitado el casco y por la expresión de su rostro aún experimentaba un intenso dolor. —¿Qué está pasando? —preguntó en lengua meltran mientras miraba confundida los pequeños vehículos que pasaban junto a ella.
—¡Eh! ¡Grandota! — gritó de repente alguien desde abajo y la meltran inclinó la cabeza hacia el Micrón que parecía estar llamándola.
—¿Qué… ¿Qué quieres? —preguntó confundida.
—Soy el Médico en Jefe de esta nave. —dijo Niccola haciendo un saludo hacia su colega. —Ayúdame con esa vaina, quiero ver como está nuestra gatita. —dijo señalando en dirección al aparato que habían trasladado hacia una de las bahías de rearme de los cazas variables equipadas con grúas y herramientas especializadas.
—¿Ga-tita? —preguntó la guerrera sin comprender demasiado, pero dada la prisa con la que el Micrón salió en dirección a la vaina de sanación, no tuvo tiempo de hacer más preguntas. Se incorporó lentamente y observó como los dos de los VF-11 en modo robot que la habían estado observando desde que llegara allí se ponian alertas y se disponían a seguirla. Aquello hizo que soltara un chasquido de fastidio, pero guardó silencio y siguió al Microniano hasta donde habían instalado la vaina.
El Doctor Niccola había subido a una pequeña plataforma de mantenimiento y un operario lo elevó usando el brazo telescópico de la grúa mientras la gigante se acercaba lentamente. Una vez posicionado sobre la vaina, el facultativo utilizó los comandos que tenía frente a él para mover la plataforma con más precisión. —¿Es usted médica? —preguntó en perfecto Zentradi señalando el botiquín de primeros auxilios que la meltran llevaba colgando de su traje de vuelo.
—Recibí instrucción básica a bordo de la Mainstream. —respondió la guerrera. —Con respecto a la vaina, todas las Meltran sabemos operarlas. —agregó.
—Me sirve. —respondió satisfecho Niccola señalando la maltrecha vaina. —Parece que esta cosa recibió algo de castigo. ¿Puedes ver el registro de los datos vitales de la Cadete Lynn?
Prism se inclinó sobre el panel de control y lanzó un gruñido. —La pantalla de monitoreo está rota. —dijo pasando el dedo por el cristal agrietado. —Pero estas máquinas son completamente autónomas; no tengo ninguna duda que ha seguido funcionando a pesar de todos estos golpes.
—Ni modo, habrá que abrirla y revisar a la gatita por nosotros mismos. —observó el médico suspirando.
—Tendremos que usar la apertura manual, los botones ya no funcionan. —explicó la meltran golpeando el tablero de control tras lo cual rodeó la vaina por un lado y tras agacharse accionó una palanca debajo del marco de la compuerta. Un profundo “CLACK” resonó en el hangar y todos miraron nerviosos a la gigante que examinaba con gravedad las juntas de metal que marcaban el contorno de la compuerta. —Debura, la puerta no se ha levantado.
—Ustedes dos, ayudenla. —ordenó Niccola volviéndose hacia los dos robots que hacían guardia detrás de la meltran. Los pilotos comprendieron el gesto del hombre y tras colgar los rifles en sus respectivos anclajes se colocaron a ambos lados de la vaina para poder levantarla.