Hoy acompañe a mi tío a sacar su incapacidad.
Puede sonar como una actividad aburrida, algo rutinario y sin importancia, pero para mí fue uno de los mejores momentos que he tenido en semanas.
Pase horas con él hablando de muchas cosas. Entre conversación y conversación termine contándole sobre el medicamento que empecé a tomar. Cuando vio la emoción con la que hablaba, se emocionó también. Me escuchó con atención, como si de verdad creyera en mi.
Y no voy a mentir.
Necesitaba eso.
Necesitaba sentir que alguien creía que todavía hay algo bueno esperándome adelante.
Después le conté algo que llevo tiempo pensando: que me gustaría trabajar donde él, mi abuelito y mis tíos han trabajado durante años.
Entonces me dijo algo que no esperaba.
Que cuando terminara mis estudios podría acomodarme en la Secretaría de Comunicaciónes y Transportes.
Fue una frase simple.
Pero para alguien que lleva tanto tiempo sintiendose perdida, escuchar hablar del futuro fue como ver una luz encendida al final del túnel.
Por unas horas me sentí tranquila.
Por unas horas deje de pensar en todo lo que duele.
Por unas horas deje de pensar en Nicolás.
Pero solo fueron unas horas.
Porque siempre vuelvo a él.
No importa cuánto lo intente.
No importa cuántas distracciones aparezcan.
No importa cuántas personas entren o salgan de mi vida.
Siempre termino regresando al mismo nombre.
Nicolás.
Y cada día que pasa siento que la esperanza se me escapa un poco más de las manos.
Ya no sé si va a volver.
Ya no se si alguna vez le importé tanto como él me importa a mí.
Ya no se nada.
Lo único que sé es que si mañana apareciera frente a mi, probablemente seguiría ahí.
Esperándolo.
Perdonandolo.
Queriéndolo.
Y eso es lo que más coraje me da.
A las 11:18 p.m. recibí mensajes de Kelan Haro y Arzhel Aston.
Estaban cerca de mi casa.
Querían que saliera con ellos.
Vi sus mensajes una y otra vez.
Me habría gustado aceptar.
Salir.
Distraerme.
Olvidarme un rato de todo.
Pero no podía.
Mi mamá descubrió hace tiempo que Kelan y yo llegamos a intercambiar fotos íntimas, así que después de eso la posibilidad de salir con él prácticamente desapareció.
Aún así, por un instante, una idea ridicula cruzó mi mente.
¿Que tal si Nicolás estaba con ellos?
¿Que tal si aparecía de repente?
¿Que tal si está vez si era él quien venía a buscarme?
Pero no.
Porque cuando se trata de Nicolás siempre termino imaginando escenarios que nunca ocurren. Y eso duele más de lo que me gustaría admitir.
Lo curioso es que está noche dos personas me buscaron.
Dos personas decidieron escribirme.
Dos personas pensaron en mi.
Y la única persona de la que yo quiera un mensaje...
No lo hizo.
Ahora son las 11:27 p.m. tengo los ojos llenos de lágrimas y el corazón hecho un desastre.
Porque Arzhel Me escribió.
Porque Kelan Me escribió.
Porque hay personas tocando la puerta de mi vida.
Pero la única puerta que sigo mirando...
Es la de Nicolás.
Y él sigue sin aparecer.