Hoy Kelan Haro Me escribió.
Estaba acostada en mi habitación, con la espalda recargada en la cabecera de la cama y el teléfono entre las manos. Afuera ya estaba oscureciendo y, sinceramente, había sido un día horrible. Uno de esos días en los que todo te irrita y ni siquiera sabes exactamente por que.
Bueno... Si sabía porque.
Nicolás Lome.
Siempre terminaba siendo Nicolás Lome.
La notificación apareció en la pantalla y suspiré al ver el nombre de Kelan.
-¿Y ahora que quiere?- murmuré para mí misma.
Abrí la conversación.
Error.
Porque no pasaron muchos mensajes antes de que volviera a lo mismo.
Fotos.
Otra vez.
Cerré los ojos por un momento y dejé caer la cabeza hacia atrás.
-Dios mio, Kelan... ¿De verdad no puedes hablar de otra cosa?
Susurré con cansancio.
No quería enviárselas.
De verdad que no.
Pero él seguía insistiendo una y otra vez, como si un “no” no fuera suficiente. Y había momentos los que me hablaba tan feo, con palabras tan desagradables, que terminaba mirando la pantalla con una mezcla de rabia e impotencia.
-¿Porque me hablas así?
Pregunté en voz baja, sabiendo perfectamente que no me iba a responder lo que realmente quería saber.
Porque la verdad era otra.
La verdad era que Kelan no me importaba.
La persona que me importaba era Nicolás.
Y eso era lo más estúpido de todo. Porque ni siquiera sabía nada de él. Absolutamente nada.
Me levanté de la cama y empecé a caminar por mi habitación
-¿Dónde estás, Nicolás?
-murmure, sintiendo ese ardor horrible en el pecho -.
¿Estás con alguien más?
¿Te estarás divirtiendo?
¿Estarás tomando?
¿Te acordarás de mi aunque sea un poquito?
Me detuve frente a la ventana.
-¿O ya me olvidaste?
La sola idea me hacía hervir de rabia.
Y lo peor era imaginarlo con Otras chicas.
No.
Ni siquiera quería pensarlo.
No, Carolina, deja de imaginar cosas que ni sabes que están pasando - me regañe a mi misma.
Pero mi Cabeza no se callaba.
Daba vueltas y vueltas.
Y entonces apareció ese pensamiento.
Ese pensamiento horrible.
Tal vez si Kelan recibía las fotos...
Tal vez si Nicolás llegaba a enterarse...
Tal vez sentiría algo.
Tal vez le dolería.
Tal vez se pondría celoso.
Tal vez...
-¿Que demonios estás pensando?
-Me dije a mi misma, soltando una pequeña risa amarga -. Estás loca.
Suspiré y me dejé caer nuevamente sobre la cama.
-No, no estás loca -Respondi en voz baja, como si estuviera discutiendo conmigo misma -.
Solo estás herida.
Porque si.
Lo estaba.
Y mucho.
Tenía ganas de llorar.
De gritar.
De enojarme con alguien.
Pero, ¿Con quién?
¿Con Nicolás por desaparecer?
¿Con Kelan por hacerme sentir incómoda y tratarme tan mal?
¿Conmigo por seguir pensando en Nicolás?
-Que ridicula eres- susurré
Mientras me tapaba el rostro con las manos y luego me eche a reír.
Una risa triste.
Porque sinceramente, ¿que se suponía que debía hacer?
¿Ir con mi mamá y decirle:
¿“Mamá, me siento horrible porque el chico con el que fui a acostar me elimino y ya no me habla, pero sigo hablando con uno de sus amigos que me pide fotos y encima me trata horrible ”?
No.
Definitivamente no.
Así que aquí estoy.
Guardandome todo.
Como siempre.
Y es extraño...
Porque Nicolás despertó en mi algo que ni siquiera conocía.
Ahora me veo jugando con otros chicos.
Con Kelan.
Con quién sea.
No porque quiera algo con ellos.
Ni porque quiera intimar con alguien más.
Porque no.
La única persona con la que he tenido intimidad ha sido Nicolás, y sinceramente no me nace hacerlo con nadie más.
Solo...
Solo quiero dejar a los demás con las ganas.
Sí, se que está mal.
Lo sé perfectamente.
-Eso es cruel, Carolina.
-Ya lo sé.
-Entonces, ¿porque lo harías?
-Porque no quiero sentirme vacía.
-Porque Necesito distraerme.
-Porque Necesito dejar de pensar.
-Porque Me estoy volviendo loca.
-Porque me quema imaginarte.
-porque me mata pensar que quizás estes con alguien más mientras yo sigo aquí...
Hablando sola en mi habitación.
Abrazando una almohada.
Esperando algo que probablemente nunca va a pasar.
Y aún así...
Aunque pudiera jugar con Kelan.
Aunque pudiera jugar con cientos de chicos.
Aunque todos ellos me buscarán.
La verdad seguiría siendo la misma.
Mi corazón...
Mi estúpido y terco corazón...
Siempre será de Nicolás.
Y odió admitirlo.
Porque es precisamente eso...
Lo que más me duele.