Carta a Santa

Capítulo 1. Un deadline traicionero y una coincidencia inusual

Capítulo 1. Un deadline traicionero y una coincidencia inusual

Serguii salió de la oficina furioso como el demonio. ¡Mira que arruinar el proyecto de esa manera!

— ¡Vagos! ¡Incompetentes! ¡No pueden hacer nada bien! —se enfurecía el hombre. El cierre para la publicidad de la subasta benéfica de Año Nuevo estaba a la vuelta de la esquina, y sus empleados habían presentado hoy cuatro propuestas que no solo no lo impresionaron, ¡sino que despertaron al dragón que llevaba dentro! ¡Ni una sola idea digna! Una parecía plagiada de un anuncio de Coca-Cola, la segunda parecía publicidad de diamantes, la tercera promocionaba por todos lados a la hija de la contadora jefa de la firma, y la cuarta, directamente, no trataba de nada.

— ¡Los voy a despedir a todos, maldita sea! ¡A todos! ¿Qué se supone que le muestre a la gente? La subasta es pronto, aún hay que hacer carteles y folletos, ¡y él no tiene ni la idea, mucho menos la imagen!

— ¡Santa! ¡Santa! —escuchó Serguii una vocecita infantil y miró a su alrededor.

El hombre reaccionó a esa palabra porque su apellido era Santenko. Desde los tiempos de la escuela todos habían empezado a llamarlo Santa, y el apodo se le quedó grabado. Todos sus amigos lo llamaban Santa. Pero que un niño pequeño se dirigiera a él así en medio de la calle, era la primera vez. Serguii miró a su alrededor esperando confeti y gritos de "¡Es una broma!", pero no vio a nadie.

— Este año decidí entregar la carta personalmente —balbuceó el pequeño—. El año pasado mi deseo no se cumplió del todo; solo le trajiste botas nuevas a Ilonka y a mí caramelos en lugar del Lego, pero fue mi culpa. Es que rompí el jarrón y no lo confesé —añadió el niño en un susurro.

Serguii estaba de pie en medio de la calle parpadeando. ¿Quién era este? ¿Qué quería?

— Perdona, no entiendo —intentó decir el hombre con suavidad, pues no quería descargar sus emociones negativas sobre el niño.

— Pero gracias por lo de mi abuela. Este año casi no se enfermó. Solo que le cuesta estar con nosotros. Ten, toma la carta. Ahí está la dirección del remitente —dijo el pequeño con mucha seriedad—. Estaré esperando.

El niño le puso un sobre en las manos a Serguii y salió corriendo.

— ¡Vaya cosa! Niños extraños abordándolo en la calle. Menos mal que no dicen que es su padre. ¿O quizás no es tan bueno?

Serguii subió al coche, se pasó la mano por la cara y lanzó la carta dentro de la carpeta con documentos. ¡Tenía que descansar, porque este día no era normal, era una auténtica locura!



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En el texto hay: santa claus, nochebuena, milagro

Editado: 14.03.2026

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