Cartas a Ina (#1)

Capítulo 12

Will

El aire afuera del consultorio se siente distinto, más frío. O quizás soy yo.

La puerta se cierra detrás de mí con un clic suave después de despedirse del guardia de seguridad de la entrada y por un segundo me quedo quieto, como si mi cuerpo todavía no hubiera decidido si seguir adelante o volver atrás con la doctora y vomitar todos los oscuros sentimientos que tengo.

<<Spoiler: no vamos a volver. Ya hiciste suficiente el ridículo emocional por hoy.

Exhalo por la nariz y bajo los escalones, entonces la veo. O creo verla.

Una figura al otro lado de la calle, en la esquina, medio oculta detrás de un poste. Cabello blanco, postura pequeña, esa forma de inclinar la cabeza que reconocerían en una multitud. El corazón me da un salto.

Alaska.

Parpadeo y ya no está. El espacio queda vacío, ocupado solo por una señora con bolsas del supermercado que claramente no mide ni de cerca lo mismo.

<<Wow. Felicitaciones. Nuevo nivel desbloqueado: alucinaciones románticas.

Aprieto la mandíbula y me paso una mano por el cabello. Podría jurar que incluso ví la camioneta de Aaron.

>>Estoy cansado, eso es todo.

Cansado y con la cabeza llena de mierda, camino hasta donde dejé la bicicleta, la saco del soporte y me subo sin pensar demasiado.

El movimiento ayuda. Siempre ayuda. El viento en la cara, el ruido de la ciudad, las piernas trabajando. Todo eso mantiene a raya lo que sea que esté intentando abrirse paso en mi cabeza.

El trayecto hasta casa es más lento de lo normal. No porque no pueda ir rápido, sino porque no quiero. Tengo tiempo.

<<Qué poético. Te falta llorar bajo la lluvia y completamos la escena dramática.

>>Cállate.

Seis canciones después, la bicicleta queda apoyada contra la pared del garaje y entro, pero no hay nadie. Lo sé incluso antes de comprobarlo.

La casa tiene otra energía cuando está vacía. Más hueca, fría.

—¿Hola? —digo igual, por costumbre.
Silencio.

Camino hacia la cocina buscando algo de agua en la heladera cuando veo la nota pegada con imanes de dinosaurios.

"Victoria en danza.
Víctor en básquet.
Simón y Sean en fútbol.
Sofía en la guardería.
Tía uno y tía dos trabajando.
Volvemos temprano.
Te queremos."

Me quedo mirando la nota unos segundos más de lo necesario, como si hubiera algo más escrito que no estoy viendo.

<<Falta uno en esa lista ¿No?

Falto yo.

Todos tienen algo, un lugar al que ir, algo que hacer, yo no. Aprieto la mandíbula porque no es que no quiera hacer nada.

Es peor.

Quiero ocupar la mente, quiero cansarme, quiero dejar de pensar. Quiero ser útil, pero no sé en qué.

<<Interesante. El gran problema existencial: demasiado espacio libre para pensar en ti mismo.

Paso una mano por mi cara y me alejo de la encimera. Por un segundo me quedo en medio del living, sin moverme. Y ahí está: Ese pequeño sacudón. No es miedo, es incomodidad. Como si el silencio fuera demasiado grande para una sola persona.

<<Oh, no. El chico rudo no soporta estar solo. Qué tragedia.

—No es eso.

<<Claro. Es solo que sin ruido no puedes distraerte de ti mismo y afrontar la mierda que intentas esconder.

Aprieto los dientes ignorándolo, abro la heladera sin hambre, la cierro. Voy al living otra vez y me dejo caer en el sillón. El reloj hace tic-tac y de pronto ese sonido parece demasiado fuerte.

<<¿Sabes qué es lo divertido? Que puedes llenar esta casa con gente, ruido, risas, pero igual no te podés escapar de la realidad.

Me inclino hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas, me agarró la cabeza tirando de la punta de los pelos. Y entonces vuelve, Esa frase, clara, precisa, como si la doctora siguiera sentada frente a mí.

Eso no es lo que hace alguien destinado a repetir la violencia…

Aprieto los dientes.

Eso es exactamente lo que hace alguien que quiere romper el ciclo.

Exhalo lento, no debería importarme tanto, es solo una frase.

<<Pero no lo es, lo sabes.

—Lo se. —le respondo con un suspiro de derrota, mientras siento ese nudo tan característico en la garganta.

Los consejos de la Dra. Prescott siempre se ha sentido como una grieta. Como una pequeña filtración de luz en un lugar donde no debería haber nada más que oscuridad. Pero ahora mismo se siente menos como una grieta y más como un maldito hueco en el pecho por donde quieren salir todas las emociones a la vez.

<<Cuidado. Eso se parece peligrosamente a la esperanza.

—Cállate.

Romper el ciclo. La idea suena imposible, pero no absurda y eso ya es demasiado.

Frunzo el ceño, sintiendo las palabras en la punta de la lengua queriendo salir. —No soy...— No termino la frase.

<<¿No eres qué?

Silencio, miro el piso intentado que las palabras salgan y que pueda creermelas.

—No soy como él. — Las palabras salen más bajas de lo que esperaba, pero más firmes también.

<<No eres él, yo lo se, tu familia lo sabe, hasta la Pachamama lo sabe, solo es necesario que tú también te lo creas...

El celular vibra sobre la mesa.

<<Salvado por la campana.

—¿Hola? — Respondo sin siquiera ver quién era.

—Will… —la voz de mi tía Olivia llega del otro lado—. ¿Estás en casa?

—Sí. Acabo de llegar.

—Bien. ¿Podrías hacerme un favor? Voy a tener que quedarme un poco más en la oficina, tengo papeleo que cerrar y se me hizo tarde.

—No te preocupes tía ¿Que paso?

—¿Podrías ir a buscar a tus hermanos? El auto está en la entrada, Aaron pasó a buscarme antes. Usalo. María se encarga de buscar a los gemelos cuando sale del hospital con Sofia.




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