Cartas a Ina (#1)

Capítulo 14

Will

Los créditos empiezan a subir por la pantalla, durante unos segundos nadie se mueve.Harper está terminando unas palomitas, Brandon discute con Logan sobre cuál canción fue mejor, Marcos sigue intentando convencer a Valentín de que podría sobrevivir en un circo, y Aaron White sigue profundamente dormido.

La pantalla se oscurece, es entonces cuando Aaron abre los ojos. Se despereza lentamente, se acomoda en el sillón y suelta un suspiro satisfecho.

—Buena película.

El silencio dura aproximadamente dos segundos, después todo el living explota.

—¡Te dormiste! —dice Brandon.

—¡A los quince minutos! —añade Alaska desde el otro extremo del sofá.

Aaron la señala inmediatamente.

—Objeción.

—¿Objeción a qué?

—A tu acusación.

—Papá. — alaska luce realmente indignada pero divertida.

—Alaska. — dice Aaron imitando el tono agudo de su hija.

—Te dormiste.

—No me dormí.

—Roncastes. — añade Valentín.

—Medité profundamente. — les retruca él.

Jerry se atraganta de la risa, yo me llevo una mano a la cara.

<<Y este hombre arresta a los criminales.

Aaron se incorpora como si acabara de recibir una ofensa imperdonable. —He visto esta película tantas veces que podría interpretarla yo mismo.

—No puedes. —dice Sharon.

—Claro que puedo.

—No puedes. — repite Harper.

—Podría ser Hugh Jackman.

—Papá, por favor no. — súplica Alaska.

—Podría.

<<Corre.

>>¿Qué? ¿Por qué?

<<Ya verás.

Aaron se pone de pie, se acomoda la camiseta, endereza los hombros, cruzando las manos detrás de la espalda. Y de golpe deja de parecer el padre ridículo que se quedó dormido viendo una película.

Ahora parece un agente federal, uno bastante extraño, pero agente federal al fin.

—Atención. — su voz intenta parecerse a la de un sargento, pero puedo notar el deje de diversión en él.

Las conversaciones empiezan a apagarse.

Aaron asiente una sola vez.—Hora de indicaciones.

Alaska deja caer la cabeza contra el respaldo .—Oh, no.

—Oh, sí. — Aaron señala directamente a Brandon, Logan y Jerry. —Los tres mosqueteros. — Los tres levantan la cabeza al mismo tiempo. —Jardín. Mesas. Sillas. Quiero todo listo para la cena.

—Sí, señor. —responden al unísono, haciendo una seña militar con sus manos en la frente.

Aaron gira hacia Valentín y Marcos. —Dúo dinámico.

—Presente. —dicen ambos, levantándose de un salto.

—Acabo de enviarles la lista de compras. — Valentín ya está sacando el teléfono. —Usen la tarjeta familiar.

—Entendido, señor, sí señor.

Aaron sigue repartiendo tareas como si estuviera organizando una operación internacional. —Sharon, vienes conmigo. Tenemos que buscar a Megan en el instituto y pasar por la óptica, por tus nuevos lentes de contacto.

Sharon levanta el pulgar.

Después Aaron mira hacia el sofá, hacia Alaska y después hacia mí.

Eso y su sonrisa del gato Cheshire, son una mala señal—Ustedes dos hacen el postre.

—¿Qué? —decimos al mismo tiempo.

—Postre. — repite más despacio, como si fueran niños. —Además, Will, necesito que los lleves al Walmart al Dúo.

Asiento. —Claro.

Aaron parece satisfecho.

<<Los acaba de emparejar descaradamente. ¿Quién es? ¿Cupido?

Aaron mira finalmente a Harper. —Cariño.

—No. — ella ya está a medio camino de huir, cuando pasa junto a mi y la tomó de la cintura, tirando hacia mi regazo, sujetándola con fuerza con ambos brazos, como un cinturón.

Ella mira sobre su hombro y juro que si las miradas apuñalaran, ya estaría desangrandome. — Traidor. — me susurra ella

— Si yo no puedo huir, tu menos, cariño. — le sonrio sabiendo que más tarde me hará pagar esto.

—Todavía no dije nada. — habla Aaron.

—Ya sé que voy a odiarlo. — dice Harper, ya resignada a que la suelte.

—Quedas a cargo de todos estos.

Harper observa el living lleno de adolescentes, uego vuelve a mirar a su padre—Voy a necesitar refuerzos militares, el permiso de amenzarlos y un pago generoso.

—Te pagaré con amor paternal.

—Eso vale menos que un cupón vencido.

Aaron choca las palmas dos veces. —Perfecto. Todos saben qué hacer. — dice mientras empieza a subir las escaleras, como si acabara de coordinar una misión secreta.

La puerta de arriba se cierra, dejándonos con tres segundos exactos de silencio antes que todo el mundo empiece a moverse al mismo tiempo.

Yo libero a la loca rojita de mi regazo y trato de huir antes de que me golpee. No lo logre, porque siento el latigazo de su mano en mi brazo.

Alaska sigue sentada en el sofá, le doy un pequeño golpe con el hombro.

—Bueno, cocinera…— Ella gira la cabeza y ve como habro Google. —Busquemos un postre que tenga pocas probabilidades de matar a alguien. — La sonrisa que aparece en su cara es pequeña, pero real. Está volviendo a sentirse como ella misma.

—Qué considerado.

—Soy conocido por mi increíble sentido de la responsabilidad.

Ella rueda los ojos, pero no borra esa sonrisa tan preciosa que me comería a besos.

Empiezo a deslizar recetas al azar hasta que una idea me golpea.

—Esperá... ¿Recuerdas las trufas de chocolate que hiciste para el cumpleaños de la tía Olivia?

Alaska asiente. — También le hice un lemon pie.

—El mejor lemon pie que probé en mi vida.

Una sombra de orgullo aparece en su expresión. —¿Sabés cocinar? — pregunta mientras busca algo en sus notas del telefono.

Me encojo de hombros.—Sé seguir instrucciones. — Eso consigue una sonrisa un poco más grande. — Así que hoy estaras tu al mando, señorita Alas. — me levanto completamente y le ofrezco ambas manos.—Vamos.

Alaska las observa un instante antes de tomarlas, tiro suavemente de ella para ayudarla a levantarse y cuando se pone de pie quedamos demasiado cerca. Mi mirada baja sola hasta encontrar sus ojos.




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