Cartas de otoño

Capitulo 9: Grietas que traspasan la luz.

🎧Happier Than Ever - Billie Eilish

Elisa.

El aire en la enfermería olía a desinfectante y a secretos. El algodón que Rael pasaba con suavidad sobre mi labio partido ardía, pero un fuego distinto al de la rabia. Era un ardor consciente, avergonzado.

—No tenías que hacer esto —murmuré, evitando su mirada. Sentía el peso de su bondad. ¿Por qué él, de entre todos, estaba aquí?

—Claro que sí —respondió su voz, tranquila como un lago en calma. Alguien tenía que asegurarse de que esa pelea no te dejara herida.

Sus dedos, cuidadosos y firmes, terminaron de colocar la curita. Por un instante, su mano rozó mi mejilla. Fue un contacto eléctrico, tan breve que pudo ser accidental, pero que dejó un calor persistente en mi piel.

—¿Y tu tía? —preguntó, guardando el botiquín.

—Estará esperando en el auto. Decepcionada, supongo. —Suspiré, sintiendo el peso del regaño que se avecinaba—. Pero prefiero eso mil veces a él…

Por instinto cubrí mi boca con mis manos, dije algo que no tenía que decir…

Rael solo asintió, como si lo entendiera todo sin necesidad de palabras.

—Oye, Elisa —dijo, de pronto más serio—. Todo este problema... Fue intenso. Necesito... bueno, me gustaría hablar contigo en otro lado. Donde podamos estar los dos a solas. ¿Te gustaría... ir por un helado o algo, después de clases mañana?

Mi corazón dio un vuelco. Era una cita. Una cita real. La primera en mi vida.

Y como siempre mi cabeza ya estaba imaginando mil escenarios románticos posibles. Aunque no todo lo ve ni a mi era colores y pasteles, la imagen de Arek, con su mirada llena de odio y dolor, intentó colarse en mi mente, pero la aparté con fuerza. Él era el caos. Rael era... la calma.

—Me encantaría —dije, y esta vez logré sostener su mirada. Una sonrisa genuina, la primera en todo el día, se asomó en mis labios.

El viaje a casa con mi tía fue en un silencio denso. No era un silencio de enfado, sino de preocupación.

—Nunca creí que fueras capaz de algo así, Elisa —dijo por fin, con la vista fija en la carretera—. Sé que ese chico te provocó, pero la violencia nunca es la respuesta.

—Lo sé, tía. Lo siento —murmuré, y era verdad. No me arrepentía de haber peleado con Arek, pero sí de haberle dado el poder de sacar lo peor de mí.

—Mi hermano lo sabe, y… bueno me exigió llevarte con él.

El mundo se detuvo por un segundo.

—¿Cómo?—dije pasmada, aterrada de cuál sería mi futuro al cruzar la puerta de esa casa.

—Intenté razonar con él por el teléfono, pero… simplemente no pude—. A veces no sé qué me da más rabia, si las acciones de ese chico o la indiferencia de tu propio padre—decía mi tía casi al borde de las lágrimas.

Un nudo se formó en mi garganta. No era sorpresa, pero no sabía cuánto más podría soportar esta situación; tal vez en el momento en que deje este mundo él me dejaría en paz, sería libre al fin.

Esa noche, al llegar a aquella casa solo podía temblar, mi tía aunque quisiera hacer más por mi le era imposible, no había nadie para intervenir por mi, simplemente entre, mi futuro ya estaba decidido.

—¡MALDITA IMBÉCIL!—gritó enfadado mi padre.

—¡TE PEDÍ UNA SOLA COSA, SOLO TENIAS QUE SER UNA PERSONA TRANQUILA Y ESTUDIOSA, NI SIQUIERA SIRVES, NO SE PORQUE NACISTE!

—¡YA NO TE SOPORTO! ¿CÓMO PUDE CREER QUE DEJARIAS DE SER UNA BUENA PARA NADA?

Era inevitable, sabía que pasaría, pero no pude llorar, mi terror a él era más grande que cualquier cosa.

De repente solo pude ver venir golpe tras golpe, no podía ver con que me golpeaba al principio, solo hasta que mi nublada mente se hizo clara por la dura realidad, pude ver que era una escoba.

Cada golpe era doloroso, el no era estúpido, sabia que tenia que golpearme en lugares que no se notarán.

No pude hacer nada, mis ganas de luchar se acobardaron al final, ya no podía ser la misma si esto seguía así.

Antes de quedar inconsciente vi algo que no podía creer, después de mucho tiempo vi como mi madre recuperaba la chispa que creía perdida, ella solo se interpuso y comenzó a gritarle, no podía diferenciar sus palabras, simplemente caí.

Cuando desperté la vi, podía verla como acariciaba mi pelo con una mirada perdida. Yo ni siquiera tenía fuerzas para hablar, solo cerré mis ojos y esperé la mañana.

No podía tomar un rumbo diferente, quería seguir viva, no me quería perder a mi misma, seguir adelante me abrirá el camino que anhelo. Tomé mis cosas para la escuela y me dirigí a ella sin mirar atrás.

El ambiente en la Preparatoria Aurora era diferente. Las miradas que había sobre mí, no eran solo de burla. Parecía haber respeto, incluso un poco de temor. Le había plantado cara al "líder innato" y había sobrevivido. Arek no asistió a la escuela. Un rumor sordo decía que su padre lo había castigado severamente. Un escalofrío me recorrió la espalda al recordar la mirada de ese hombre.

La ansiedad por la cita de la tarde era un enjambre de mariposas en mi estómago. ¿Y si me equivoqué? ¿Y si todo era una broma elaborada?

La incertidumbre reinaba en mi.

Mis queridas amigas como siempre estaba ahí otra mi, aunque ahora solo me podía limitar a escuchar cada una de sus quejas y regaños por la pelea de ayer.

La hora de la salida era inevitable, mi mente solo estaba procesando en cómo no hablar de más y decir alguna tontería como era mi costumbre.

Mis amigas poco a poco se despedían y se iban, solo quedaba yo y mi ansiedad constante a su llegada.

Rael apareció, no lo había visto en todo el día, pero parecía que lo veía como la primera vez, bello y claro como una nota musical.

—¿Estás lista Elisa?—dijo con voz calmada mientras sonreía.

Solo pude asentir mientras él sujetaba mi mano y caminábamos juntos.

La heladería era pequeña y acogedora, con luces cálidas y el dulce aroma del waffle recién hecho.

Nos sentamos en un rincón, incómodo al parecer.




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