Cartas de otoño

Capitulo 11: Piezas que faltan.

El tiempo de pensar en tomar acción era poco, la calma que se perpetuaba ahora pronto sería plantada. Mi determinación de encontrar respuestas era como una picazón bajo la piel. No podía ignorarla. El sábado, la oportunidad se presentó con una simple orden de mi madre.

—Elisa, el clóset del pasillo necesita una limpieza. Saca todo y separa lo que sirva.

El clóset alto, ese que siempre permanecía cerrado. Mi corazón aceleró su ritmo.

Al abrirlo, el olor a polvo y naftalina me envolvió. No tenía idea de lo que implicaba limpiarlo, pero cobraría sentido si encontraba aunque fue la más mínima pista.

Entre mantas viejas y chaquetas fuera de temporada, mis manos tocaron una superficie de cartón. Era una caja, más pequeña de lo que imaginaba, y sorprendentemente ligera.

No había un gran tesoro de secretos, solo un puñado de ecos.

Lo primero que encontré fue una fotografía de aquellos años en ese entonces. Estaban en la playa. Mi madre, con un vestido flojo que no lograba ocultar su vientre redondo, reía con la cabeza hacia atrás. Mi padre la miraba, y en sus ojos no había rastro del hombre que ahora conocía. Había algo más... ¿admiración? ¿Incluso amor? La imagen era tan ajena que un nudo se formó en mi garganta. En su muñeca, relucía un reloj plateado con una esfera de un azul profundo.

No pude evitar sentir nostalgia por una alguna razón, extrañaba aquellas sonrisas, una pequeña lágrima no evito salir. Después de limpiarla simplemente seguí buscando.

Debajo, un pequeño objeto envuelto en un paño suave. Al desenvolverlo, encontré un sonajero de plata, un poco opaco. Estaba grabado con una fecha: el día de mi nacimiento. Y unas iniciales: E.S. Elisa Sevilla. Lo sostuve en mi mano. Era la prueba de que, en algún momento, mi llegada fue esperada, incluso celebrada.

La esperanza en mi brotaba, era imposible negar que no me amaban.

Fue al guardar la foto y el sonajero cuando lo vi. En el fondo de la caja, medio escondido bajo un trozo de tela de felpa azul, había otro sonajero.

Era idéntico al mío. Misma plata. Mismo diseño. Misma fecha grabada.

Pero sus iniciales no eran E.S.

Mis dedos que empezaban a temblar, lo sostuve. Las letras, desgastadas pero legibles, formaban dos letras: A.S.

A.S.

La caja se me cayó de las manos, esparciendo su contenido en el suelo. El sonajero de plata rodó hasta perderse bajo la cama. Por instinto solo pude buscar con mi mano bajo la cama para sacarlo, bastaron algunos segundos para tomarlo y tenerlo de nuevo en mis manos. Solo me quedé allí, de rodillas, mirando el sonajero con mis iniciales en una mano, y el espacio vacío donde había estado el otro.

Dos sonajeros. Fechas idénticas. Iniciales diferentes.

No hacía falta que me lo dijeran. La verdad me golpeó con el peso de una losa.

No había estado sola.

Una vez, hubo otro. Un fantasma con iniciales. A.S.

La revelación no vino con gritos ni con llanto, sino con un silencio denso y frío que llenó la habitación. No era el "qué" lo que me aterrorizaba ahora, sino el "quién" y el "por qué ya no está".

Mi madre apareció en la puerta, alertada por el ruido.

—¡ELISA!—grito mientras madre.

Su grito me congeló de repente no estaba a salvo, otra vez mis acciones precipitadas me tomaban como consecuencia.

Mi madre sin dudarlo me dio una cachetada cargada de ira, podía ver en su mirada una abrumadora ola de tristeza, culpa y rencor.

—¡¿CÓMO TE ATREVES A TOCAR COSAS QUE NO SON TUYAS?!

—ERES UNA NIÑA IDIOTA, ¿O QUE TE PASA?—grito aun mas exaltada

No respondí nuevamente.

Ella solo tomó la caja, se dio vuelta y se fue, dejándome sola con el eco de A.S. y la certeza de que algunas grietas en el mundo son demasiado hondas para dejar pasar la luz.

Me levanté tan solo un momento después, seguía impactada, la mirada rencorosa de mi madre me perseguía.

Pensé: ¿en serio solo por eso recibo odio e indiferencia?. ¿Acaso hay algo más?

Sabía que el misterio era como un rompecabezas, aun había piezas perdidas, rencores antiguos, y lágrimas contenidas.

Como siempre la noche en mi habitación era perturbadora, Tobias a mi lado solo dormía con tranquilidad.

El otoño nos enseña que hasta en la pérdida más profunda puede brotar una belleza única; como las hojas que se tiñen de rojo y oro justo antes de caer, así descubrí que mi historia estuvo siempre marcada por la sombra de tu ausencia, un color que ahora añade profundidad a mi vida, me da sentido.

La mañana fue más silenciosa de lo usual, Tobias lamía mi mano en señal de su compasión, yo solo podía ver a la ventana pensando en que más secretos podía ocultar el otoño, cuantas hojas caídas tendría que ver para descubrir la verdad.

La Preparatoria Aurora, emitía su típica vibra, sabía a lo que venía, el examen con el profesor Ivan estaba cerca.

—¡Eli!, estudiaste ¿verdad?—dijo Dayna mientras entrelazadas su brazo con el mío.

—Bueno… veras…—respondí nerviosamente.

Sabía que era mi obligación pero todo lo que pasó el fin de semana me dejó pensando hasta el punto de perder la noción del tiempo, venía dispuesta a aceptar mi futuro, no tendría una calificación pasable no solo por no estudiar, sino que también por no poner atención, siempre estaba perdida y en las nubes.

—¡¿QUE!?, ¡DE VERDAD TE MATARÉ SI TE ATREVES A REPROBAR!—exclamó Valeria.

—¿En serio, no estudiaste?, te envié el apunte para estudiar…—dijo Claris decepcionada.

—Lo siento por ti pero parece que tendrás que quedarte con los extras de física—Lamento Rowena, aunque pude sentir que lo decía con sarcasmo.

No había nada más que hacer, solo subimos las escaleras, y entramos al salón.

Cada minuto antes del examen era aterrador, mi corazón no paraba de latir nerviosamente. Mis neuronas no fueron a trabajar ese dia, todas estaban de vacaciones.

Ayn tenía esperanza en adivinar algunas respuestas sabía que Claris me dejaría copiar su examen, pero si no lo hacía con cuidado me atraparon en el acto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.