🎧Family Line - Conan Gray
Elisa.
La imagen de mi padre y mi tía, jóvenes y con miradas de enamorados, se quemaba en mi mente. No quería creer lo que podía ver, si era cierta, ¿por que lo hicieron?, no soportaba la idea. Esa noche, en casa, cada sonido era un trueno. Mi padre estaba en el sofá, mirando la televisión sin verla. Ya no veía al hombre amargado que me golpeaba; veía al joven de la foto, al hermano que alguna vez había mirado a su hermana con devoción.
—Papá —dije, con una voz que apenas reconocía como mía—. ¿Qué tal era tu hermana Alejandra cuando eran jóvenes?
El efecto fue instantáneo. Su cuerpo se tensó como un resorte. Giró la cabeza lentamente, y sus ojos no mostraron enfado, sino una desconfianza profunda y antigua.
—¿Por qué esa pregunta?—su voz era un hilo delgado, cargado de una sospecha que iba más allá de mi simple curiosidad.
—No sé...sólo pensé que…
—No pienses—cortó él, volviendo la mirada a la pantalla—. Algunos recuerdos es mejor dejarlos pudrirse.
No era solo frialdad. Fue doloroso. Un dolor tan rancio que había mutado en rencor. Esa reacción confirmó todo. La foto no mentía.
Al día siguiente, busqué a Alexia. La encontré en un rincón del patio de la escuela, y sin rodeos, le solté la verdad.
—Creo que… vi algo que no debía—le dije, y vi cómo sus ojos se abrían de par en par—. Encontré una foto de tu mamá y mi papá... no como hermanos.
Para mi sorpresa, Alexia parecía tener sus propias sospechas, aunque parecía negar la realidad. Bajó la voz.
—Mamá...siempre ha sido muy reservada con ese tiempo. Pero hay una caja —confesó—. En lo alto de su closet, detrás de unos baúles viejos, pide ver una pequeña caja sellada, como si… quisiera ocultar algo…
Una vez, de pequeña, la toqué y se enfadó muchísimo. Me dijo que ahí guardaba sus secretos y que no tenía que cargar con su peso…
Era la pista que necesitábamos.
—Alexia, debemos saber que hay en esa caja, creo que con lo que dijimos es más que necesario y… obvio…—dije triste, de pensar que las sospechas se hacían cada vez más en realidad.
—Bien, no lo quiero seguir negando, ya no quiero que me sigan mintiendo, y menos mi mamá…—respondió decidida.
Esa tarde, en la casa de mi tía, con el pretexto de buscar un libro, Alexia distrajo a su madre mientras yo subía con la ayuda de un pequeño banco, a lo alto del closet. El polvo flotaba en el aire, espeso como los secretos. Allí, detrás de un baúl, encontré la caja sencilla, de la que hablaba Alexia, pero pesada por lo que contenía.
Al abrirla, el tiempo se detuvo.
Fotos: Más imágenes de ellos dos. En una, se tomaban de la mano detrás de un árbol. En otra, él le secaba una lágrima con una ternura que me partió el alma.
La Evidencia de la Infidelidad: Un boleto de autobús a una ciudad vecina, con una fecha de hace más de diecisiete años. Y una carta. La letra de mi padre, joven y llena de desesperación:
"Alejandra, lo nuestro es un error, pero no puedo arrepentirme. Perdóname, de verdad no quería que las cosas acabaran así. Nunca pensé que mi estupido acto de darte celos terminara así, no quería embarazarla, pero… creo que de verdad la amo, no quiero que tus esperanzas en mi crezcan, eras la luz que llego a mi oscuridad, nuestra infancia juntos era pura felicidad, sabia que eras una mujer hermosa, te fui conociendo, tus sentimientos eran genuinos. Quiero ser mejor para esos bebes. Espero encuentres a un hombre que de verdad te sepa apreciar, gracias por tu amor."
"Los bebés." Aiden y yo.
La revelación me golpeó.
En el fondo de la caja,mi mano tocó algo frío y metálico. Lo saqué. Eran dos pulseras de bebé del hospital, enlazadas entre sí. Una decía "Sevilla, Elisa". La otra, "Sevilla, Aiden".
Mi tía no solo sabía la verdad. Había guardado, como la reliquia más preciada y dolorosa, la prueba de que su sobrino, el hijo del hombre que amaba, había existido. Y con él, guardaba el secreto de una culpa compartida que había destruido a toda una familia.
Todo era una aberración, no lo podía creer, ellos… ellos… habían cometido incesto. Mi asco creció y con ello la traición, amaba a mi tía, era la persona que me había llenado de luz, así como lo hizo con papá.
Las lágrimas no fueron sorpresa, estaba decepcionada de ellos, en especial de mi tia.
Solo pude guardar las cosas. Me despedí de Alexia, pidiéndole hablar después con ella. Tenía que confrontarlo. La verdad no se podía negar.
Llegué a casa, estaba totalmente exaltada, mi mente no podía pensar con claridad. Mi padre aun no estaba en casa, ahí solo estaba mi madre, y como siempre con esa expresión vacía.
Tenía una corazonada, creo que mi madre sabía algo, su dolor podría ser por el acto aberrante de mi padre y tía, ella sabe algo, y lo ocultaba con todo el odio olvidado.
—Tu lo sabias ¿verdad?... acaso ¿todo esto es un juego para ti mama?—pregunte casi gritando.
No hubo respuesta de su parte, ella solo dio media vuelta y se dirigía a subir las escaleras.
—¡YA BASTA DE MENTIRAS!, ¡TU LO SABIAS!, SABIAS QUE LA TÍA ALEJANDRA Y PAPA ESTABAN EN UNA RELACIÓN. SABIAS QUE ELLOS TE VEÍAN LA CARA—grité desahogando todo lo que había guardado por años. —¡¿PORQUE NO PUEDEN DECIRME QUÉ FUE DE MI HERMANO?!, ¿QUE FUE DE AIDEN?
Aquellas gritos desesperados por fin había despertado algo
—Oh Elisa… ¿de verdad quieres saberlo?—dijo mientras se volteaba y me miraba con una sonrisa llena de incredulidad.
—Yo…
—¡ESA PUTA!, ¡ELLA Y EL IMBÉCIL ESE TUVIERAN LA CULPA DE TODO!
—SI TAN SOLO ELLOS NO ME HUBIERAN HECHO ESO, YO… NO TENDRÍA LA NECESIDAD DE ESTAR CON EL…
—¡POR SU CULPA PERDI A MI HIJO!— exclamó al fin.
—Tu también… ¿tuviste una aventura con alguien?—dije con incredulidad.
—Si ¿y que?, ellos empezaron todo esto, su enfermiza relación arruinó mi vida.
Ahora cada pieza del rompecabezas tomaba forma.
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Editado: 11.01.2026