🎧I Can't Handle Change - Roar
Elisa.
Las palabras de mi madre resonaban en la casa vacía, un eco envenenado de una guerra familiar que empezó antes de que yo naciera. "Por su culpa perdí a mi hijo." Yo ya no era su hija, solo era un testigo, un recordatorio de su duelo y su culpa.
-¿Y por eso me odias? -logré articular, con la voz rota-. ¿Por qué sobreviví y Aiden no?
Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió de golpe. Mi padre estaba ahí, con el rostro descompuesto por una ira que helaba la sangre. Lo había escuchado todo.
-¿De qué están hablando? -rugió, y su mirada, cargada de décadas de resentimiento, se clavó en mi madre-. ¿Perdiste a tu hijo? ¡Tú lo mataste con tus mentiras! ¡Siempre supiste lo nuestro! ¡Me engañaste y me dejaste seco! ¡Me hiciste dudar de mi propia sangre mientras lloraba a un hijo que SÍ era mío!
-¿Tuyos? -escupió mi madre, con una risa amarga-. ¡Esa perra de tu hermana te llenó la cabeza! ¡Siempre fuiste más suyo que mío! ¡Aiden murió por el estrés de cargar con vuestra asquerosa relación!
-¡CALLATE! -El grito de mi padre fue tan desgarrador que hizo vibrar los vidrios. Avanzó hacia ella, pero yo me interpuse.
-¡Ya basta! -grité, plantándome frente a él-. ¡Los dos tienen la culpa! ¡Ustedes y sus mentiras y su orgullo mataron a Aiden tanto como esa enfermedad! ¡Ustedes me hicieron creer que era un error! ¡Soy su hija! ¡Soy la hermana de Aiden! ¡Y ustedes me robaron hasta su memoria!
Mi padre se detuvo en seco. Por un segundo, vi algo distinto en sus ojos: no era ira, era dolor crudo. Pero fue solo un segundo. Su mano se alzó, y esta vez no fue un golpe rápido. Me agarró del brazo con fuerza brutal.
-Tú -susurró con odio-, tú, con tus preguntas y tus cartas... siempre reviviendo lo que debe estar muerto. Eres igual que ella. Traes la desgracia a esta casa.
Me sacudió con violencia, arrojándome contra la pared. El dolor en mi espalda fue agudo, pero el dolor en mi pecho fue infinitamente mayor.
-¡Lárgate! -rugió-. ¡Si tanto quieres saber de tu maldito hermano, vete a vivir con tu preciosa tía! ¡A ver si su "amor" puro te aguanta!
El silencio que siguió fue peor que los gritos. Mi madre me volvió la espalda, derrotada. Mi padre me señaló la puerta con un temblor incontrolable. No había nada más que decir. No había un solo lugar en ese infierno para mí.
Subí tambaleándome a mi habitación, agarré a Tobias y una mochila con lo esencial. Al pasar, vi la caja de las cartas bajo mi cama. Mi refugio. Mi prisión. Ya no quería llevármela. Que se pudriera con el resto de los secretos de esta casa.
🎧How Could You Leave Us - NF
Salí a la calle. La noche era fría, y no tenía adónde ir. Caminé sin rumbo, con Tobias en mis brazos, sintiendo cómo el peso de la verdad me aplastaba. ¿Ir a casa de mi tía? Después de lo que descubrí, su casa ya no era un refugio, era otro escenario del crimen. El asco y la traición hervían dentro de mí.
Sentada en un banco de un parque desierto, con el frío calándome los huesos, no pude contenerme. La rabia y el dolor me dominaron. Saqué mi teléfono y marqué el número de mi tía Alejandra.
El teléfono sonó dos veces antes de que contestara.
-¿Elisa? ¿Cariño, estás bien? -Su voz sonaba preocupada, pero para mí, ahora, sonaba falsa.
-¿Contenta? -escupí en el teléfono, con la voz temblorosa por el llanto y la furia-. ¿Estás contenta de haber destruido a tu propia familia? ¿De haber amado a tu propio hermano? ¡Qué asco me das! ¡Los dos me dan asco! ¡Por culpa de ustedes Aiden está muerto y yo... yo estoy más sola que nunca!
-Elisa, por favor, déjame explicarte... -su voz se quebró.
-¡No quiero explicaciones! ¡Ni las de él! ¡Odia a mi madre por infiel, pero ¿y ustedes? ¡Esto es mil veces peor! ¡Nunca quiero volver a verte! ¿Entiendes? ¡NUNCA!
Corté la llamada y arrojé el teléfono contra el suelo. Los sollozos me vencieron allí, en la oscuridad, abrazada a Tobias, completamente rota y sola. Pasé la noche tiritando en ese banco, vencida por el agotamiento físico y emocional, hasta que el primer rayo del amanecer me encontró adormilada y congelada.
La mañana llegó, el orgullo herido y la desesperación me llevaron de vuelta al infierno. No tenía a dónde más ir. Abrí la puerta de mi casa con la llave, sintiéndome una intrusa. Mis padres estaban en la cocina. Un silencio pesado y venenoso llenaba el aire. Nadie dijo una palabra. Subí directamente a mi habitación, me desplomé en la cama y me quedé dormida al instante, vencida por el agotamiento.
No sé cuánto tiempo pasó cuando un sonido me despertó de golpe. El timbre de la casa sonaba de forma insistente, estridente.
Oí pasos bajando las escaleras. La voz de mi padre, seca. -¿Sí?
Luego, un silencio. Un silencio tan profundo y largo que se hizo pesado. Subí las escaleras con el corazón en un puño, una corazonada helada recorriendo mi espalda.
Mi padre estaba junto al teléfono fijo de la pared, pálido como un fantasma. No colgaba. Sólo lo sostenía con la mano trémula.
-¿Qué pasa? -preguntó mi madre, saliendo de la cocina con el ceño fruncido.
Mi padre giró la cabeza lentamente. Sus ojos, vacíos, se posaron en mí. No había odio en ellos ahora. Sólo un shock absoluto.
-Era... la policía -dijo, con una voz que no era la suya-. Alejandra... -tragó saliva, incapaz de continuar.
-¿La tía? -pregunté, sintiendo cómo el suelo se abría bajo mis pies.
-Hubo un accidente anoche -logró decir, mirando el auricular como si le hubiera escupido veneno-. Su auto... salió de la carretera. Dicen que... que falleció en el acto.
El mundo entero se detuvo. El rencor, la rabia, el asco... todo se congeló y luego se hizo añicos. Solo quedó un vacío absoluto, un frío que quemaba.
"Nunca quiero volver a verte."
Esas fueron las últimas palabras que le dije.
Mi padre dejó el teléfono en su base. El clic final sonó como el golpe de una losa sobre una tumba. Se apoyó en la pared, hundiendo la cabeza en sus manos. Y por primera vez en mi vida, vi a Alexander Sevilla llorar.
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Editado: 11.01.2026