Cartas de otoño

Capítulo 21: Nuevas notas.

🎧The Night We Met - Lord Huron

Elisa.

El sonido de la campana de salida nunca me había parecido tan liberador, Rael me esperaba junto a mi locker, con esa sonrisa tímida que todavía lograba hacerme sonrojar.

—¿Puedo mostrarte algo? —preguntó, tomando mi mochila con naturalidad—. Es... algo importante para mí.

Asentí sin dudar, con una enorme curiosidad despertándose en mi interior. Caminamos en silencio por calles que no conocía, hasta llegar a una casa modesta con jardín descuidado, su casa.

—Mi mamá trabaja hasta tarde, y parece que mi hermana estará en el cibercafé—aclaró, como leyendo mi mente—. Así que tenemos privacidad.

Al abrir la puerta de su habitación, me quedé sin palabras; donde esperaba ver posters de bandas o deportistas, había guitarras acústicas y eléctricas apoyadas en soportes, partituras esparcidas sobre el escritorio, y un pequeño sistema de grabación semi-profesional.

—Nunca se lo mostré a nadie —confesó, pasando los dedos sobre las cuerdas de una guitarra acústica—. Después del divorcio de mis padres, esto se convirtió en el refugio de mi hermana y mio.

Se sentó en el borde de la cama y comenzó a tocar una melodía que fluía entre triste y esperanzadora. Los acordes llenaban la habitación, envolviéndome en una calma que no sentía desde... nunca.

—Es para ti —dijo sin dejar de tocar—. La compuse después de leer tu primera carta.

Algunas lágrimas caían sobre mi rostro, pero no tenían un sabor amargo, más bien uno nuevo y refrescante. Nadie había hecho algo así por mí, ni siquiera en mis fantasías más elaboradas había imaginado esto.

—Siempre quise formar una banda—continuó, dejando la guitarra a un lado—. Pero... el miedo a que se burlaran, al verme fracasar...

—¡Es increíble! —logré decir, encontrando por fin mi voz—. Y sé exactamente quién puede ayudarnos. Valeria toca la batería desde los doce años, se que aprendió por sí misma. ¡Y Rowena dibuja tan bien que podría hacer todo el arte para promocionar la banda!

Su rostro se iluminó, pero luego una sombra de duda lo nubló.

—Necesitaríamos un bajista... y un vocalista.

Sus ojos se posaron en mí, y supe lo que iba a decir antes de que lo dijera.

—¡Oh, no! —negué con la cabeza, retrocediendo instintivamente—. Yo tengo manos muy torpes cuando se trata de instrumentos, y ni siquiera cantó en la ducha.

—¿Cómo lo sabes si nunca lo has intentado?—desafió suavemente.

Rael.

La vi cerrarse como una almeja, esos miedos que conocía demasiado bien reflejados en sus ojos. Pero había algo en la forma en que hablaba, en la cadencia de su voz, que me decía que estaba equivocada acerca de su propio talento.

—Por lo menos prométeme que lo pensarás, serias una gran compositora, y claramente falta escuchar tu voz—rogué, tomando sus manos—. No tienes que decidir ahora.

Ella asintió débilmente, pero sabía que estaba asustada. El miedo era un viejo conocido para ambos.

Elisa.

Al llegar a casa, el contraste fue brutal, la magia de la habitación de Rael se desvaneció al cruzar el umbral de mi casa. Mi padre estaba en el sofá, con una botella medio vacía en la mano.

—¿Dónde estabas? —preguntó, su voz cargada de esa suspicacia que tanto odiaba.

—Estudiando con mis amigas —mentí, sintiendo cómo el peso regresaba a mis hombros.

—No me mientas —escupió—. Te vi con ese chico. ¿Ahora andas de noviecita? ¿Crees que tienes tiempo para esas tonterías?

—No son tonterías —respondí, con una voz más firme de la que creía posible—.
—¡Claro que lo son!, no eres más que una imbécil cabeza hueca. ¡Así no lograrás nada!—refutó.

—¡Ya no me importa! Estoy con Rael, él me hace feliz, más feliz de lo que estoy con ustedes.

Mi madre apareció en la puerta del pasillo, con esa mirada vacía que se había vuelto tan común.

—El amor duele —murmuró. Todos mienten. Todos abandonan.

—No esta vez —dije, y por primera vez, lo creí.

Subí a mi habitación sintiéndome extrañamente poderosa, tal vez enfrentarlos no era tan difícil como siempre había creído.

Arek.

Los vi llegar juntos a la escuela al día siguiente, sonriendo como idiotas. Ella llevaba una carpeta de partituras que no supe identificar, pero que inmediatamente asocié con él.

—Miren a los tortolitos —dije en voz lo suficientemente alta para que me escucharan—. ¿Ahora la princesa de Wattpad quiere ser groupie? O quizás está escribiendo un nuevo cuento sobre cómo conquistar al chico guitarrista de la escuela.

Ella ni siquiera me miró, simplemente siguió caminando, como si mis palabras fueran mosquitos molestos, eso me enfureció más que cualquier réplica.

—¿Qué pasa, Sevilla? ¿Tan enamorada que ya ni siquiera puedes responder? —persistir, bloqueando su camino—. ¿O es que tu nuevo noviecito no te deja hablar con otros hombres?

Rael se interpuso, pero fue ella quien habló.

—Arek, tu opinión me importa menos que la basura que pisé en la calle —dijo con una calma que me tomó por sorpresa—. Ahora, si no te importa, tenemos cosas más importantes que hacer que escuchar tus patéticos intentos por llamar la atención.

Se alejaron, dejándome con la boca semiabierta. ¿Desde cuándo Elisa Sevilla tenía agallas para hablar así?

Elisa.

El primer ensayo fue en el garaje de Valeria, ella tenía la razón cuando me dijo que se encargaría de ese asunto, al parecer el espacio que adaptó en su garaje era bueno, había un equipo anormalmente decente. Valeria en la batería era una revelación: golpes precisos, ritmo impecable, una energía que contagiaba todos.

Rowena llegó con unos sketches que nos dejaron sin palabras, había capturado nuestra esencia en trazos: Rael con su guitarra como un guerrero moderno, Valeria como una fuerza de la naturaleza detrás de la batería, y a mí... a mí me había dibujado con los ojos cerrados, cantando, con notas musicales saliendo de mis labios como si fueran estrellas.




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