Cartas de otoño

Capítulo 23: Un nuevo mundo.

🎧Blackbird - The Beatles

Elisa.

El amanecer llegó con los ecos de Aiden aún suspendidos en el aire de mi habitación. Las lágrimas se habían secado, pero su presencia permanecía, como una promesa susurrada en la penumbra. Tobias se acurrucaba en mis pies, un pequeño motor de consuelo contra el silencio que había regresado a la casa.

En el colegio, Rael me encontró en nuestro rincón habitual de la biblioteca, sus ojos recorrieron mi rostro, leyendo las huellas de la noche anterior sin necesidad de palabras.

—Soñé con él —confesé antes de que pudiera preguntar—. Con Aiden. Era... nosotros, pero diferente.

Rael tomó mi mano, sus dedos entrelazándose con los míos con una naturalidad que todavía me sorprendía. —¿Y qué te dijo tu hermano fantasma?

—Que merezco cantar —respondí, y por primera vez, las palabras no sonaron a traición—. Por los dos.

Después de aquella confesión, Rael y yo solo pudimos sostenernos de las manos como si fuera suficiente para calmar cada pena. Gracias a él me volvía cada vez más fuerte.

El ensayo esa tarde comenzó con una energía diferente, Valeria golpeaba los platillos con una furia contenida, Rowena había traído nuevos diseños donde todos éramos pájaros con alas rotas aprendiendo a volar, y Rael... Rael miraba su guitarra como si contuviera todos los secretos del universo.

—Tengo una idea —anunció, ajustando las cuerdas—. ¿Conocen a la cantante “Ado"?

Valeria dejó escapar un silbido. —¡Claro que sí! Su voz es muy buena y claro que sus tonos altos la hacen genial.

—Pensé que podríamos... adaptar uno de sus temas con la voz de Elisa, por ejemplo “New Genesis”—continuó Rael, su mirada encontrando la mía—. Tal vez no cambiar la letra pero sí hacerla nuestra.

Rowena ya estaba sacando sus lápices.—Por mi esta bien, es una idea genial creo que representa muchos temas sensibles y claro que la voz de Eli quedará perfecta.

—¿Enserio lo crees?, no creo poder compararme con una artista de alto nivel, yo solo soy una novata en todo esto—dije yo, sintiendo cómo las palabras llegaban antes de que pudiera pensarse—.

—Todos empezamos desde cero, no hay razón para confiar—respondió Rael con una sonrisa que derretía mis dudas y miedos.

Las siguientes horas fueron un torbellino de creatividad. Rael reescribía los acordes, Valeria adaptaba los ritmos complejos de la batería, y yo... yo encontraba la forma en que mis palabras salieran.

Adaptar la letra a nuestro idioma, ya era difícil pero querer interpretarla en nuestro contexto lo fue aún más. Quería que fuera liberadora, que representará el hecho de ser libres y seguir nuestros sueños sin caer.

"Que comience la nueva era…
Elijamos hoy, cambiar el mundo…
Un nuevo rumbo…
Dile adiós a todos nuestros oponentes, la metamorfosis llegará con nuestra música.
Que es nuestra magia…
Si cierras los ojos puedes ver el futuro, cada nota en mi hará que el sueño nunca termine. Va perpetuarlo, Ohhhh”

Sin sentirlo comencé a cantar en voz baja.

Rael detuvo su guitarra. —Eso... eso es tan genial y tan significativo, Elisa.

—Aunque aún es el inicio creo que representa nuestros sueños—respondí, sintiendo cómo el fantasma de Aiden asentía en algún lugar dentro de mí.

Valeria marcó el compás con sus baquetas. —¿Y el estribillo? Tiene que ser... catártico.

Cerrando los ojos, dejé que la música me guiara:

“¿Esto es real?, hay que jugar, y liberar la melodía que está en la cuerda floja.
Debo admitir que este lugar quiero olvidar, no despertar nunca del sueño.
¡Y ser libres!
La nueva genesis será, y crearemos…
¡Un nuevo mundo!
¡Elijamos nuestro futuro, que una nueva era cambie el mundo!
¡Qué cambié el rumbo, Ohhh!
¡Esa música inagotable, será realidad!
¡Con este sueño, cantemos juntos!
Puedes confiar en mí…”

¡Y ser libres!La nueva genesis será, y crearemos…¡Un nuevo mundo!¡Elijamos nuestro futuro, que una nueva era cambie el mundo!¡Qué cambié el rumbo, Ohhh!¡Esa música inagotable, será realidad!¡Con este sueño, cantemos juntos!Puedes confiar en mí…”

Cuando abrí los ojos, todos me miraban con una mezcla de asombro y algo cercano al respeto.

—Joder, Elisa —susurró Valeria—. ¿De dónde sacaste esa voz?

—De lo más profundo en mí—respondí, con una sonrisa avergonzada—. O bueno creo que es por todo lo que pasa…

El pequeño ensayo previo fue suficiente para que los ánimos siguieran a flote

Era hora de ensayar toda la canción, estaba nerviosa pero la confianza de todos me obligó a levantar la cabeza y seguir. Rael contó hasta cuatro, y el mundo se detuvo.

Valeria en la batería era una fuerza de la naturaleza, sus golpes como latidos de un corazón gigante. Rael en la guitarra tejía melodías que parecían sacadas de sueños olvidados. Y yo... yo cantaba.

Las lágrimas corrían por mis mejillas, pero esta vez no eran de dolor. Eran de liberación. En cada estrofa, sentía cómo el peso de los años se hacía más ligero, cómo las voces que me decían que no era suficiente se ahogaban en mi propio canto.

Al terminar, el silencio en el garaje era tan profundo que casi podía tocarse. Luego, Valeria lanzó sus baquetas al aire con un grito de triunfo, Rowena nos abrazó a todos a la vez, y Rael... Rael me miró como si yo fuera el milagro que nunca esperó encontrar.

—Esa —dijo, con la voz cargada de emoción—. Esa es nuestra canción.




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