🎧traitor - Olivia Rodrigo
La última semana de noviembre vestía la Preparatoria Aurora con un manto de urgencia dulce. El aire olía a invierno cercano y a promesas. En los pasillos, entre clase y clase, mis amigas tejían susurros como redes de seguridad a mi alrededor.
—Todo está listo para el viernes—dijo Claris, sus dedos entrelazados con los míos mientras caminábamos hacia el aula de literatura. Tu mamá no sospecha nada, ¿verdad?
—Mi madre no sospecha de nada que no esté dentro de su cabeza—respondí, y el sabor de la verdad era menos amargo de lo que solía ser.
Valeria saltaba a nuestro lado, incapaz de contener su energía.
—¡Alquilamos el backroom de 'La Tetera Roja'! Es pequeño, pero tiene un escenario diminuto y luces. Será perfecto.
Rowena asintió, deslizando un sketch hacia mí. Había dibujado nuestra banda en el escenario, conmigo al frente, los ojos cerrados y la boca abierta en un grito silencioso de música.
—Es tu regalo de cumpleaños avanzado—murmuró. Una prueba de sonido privada. Solo nosotros.
La emoción era un pájaro revoloteando en mi pecho. Dieciséis años, una banda, un escenario, aunque fuera minúsculo. Un público de cinco personas que eran mi mundo. Era más de lo que jamás había soñado escribir en mis cartas.
El ensayo de esa tarde fue eléctrico. Liam, el hermano de Valeria, había perdido parte de su timidez, y sus líneas de bajo ahora eran una columna vertebral sólida sobre la que podíamos construir. Valeria en la batería era una tormenta controlada, y Rael... Rael tejía melodías con su guitarra que parecían sacadas directamente de la luz de las estrellas.
Cuando terminamos de repasar "New Genesis", un silencio cargado nos envolvió. Sonabamos bien, de verdad, no como niños jugando, sino como algo que estaba a punto de convertirse en real.
—Tengo algo para ti—dijo Rael, su voz un poco ronca. Se acercó y abrió la mano. Sobre su palma descansaban dos colgantes de plata finamente trabajados. Uno era un sol radiante, con pequeños destellos grabados. El otro, una luna creciente, delicada y serena. Estaban unidos por una cadena casi invisible, como si pudieran separarse pero eligieron permanecer juntos.
—Es... es demasiado—logré balbucear, mis dedos temblando al tocarlos.
—El sol es para ti— susurró, tomando el colgante lunar y colgándoselo al cuello. Porque eres la luz que llegó a mi vida en medio de todo esto. Y la luna es para mí. Para recordarme reflejar tu luz, y brillar a tu lado incluso en tus noches más oscuras.
No pude contener las lágrimas. Eran cálidas, saladas, pero no dolorosas. Mientras él colocaba el sol alrededor de mi cuello, sentí su peso contra mi esternón, un ancla dulce, una promesa tangible.
—Es el regalo más hermoso que me han dado—susurré, y mis labios encontraron los suyos en un beso que sabía a futuro, a canciones por escribir, a caminos por recorrer juntos.
Valeria fingió un atragantamiento.
—¡Basta, que los menores de edad estan presentes!"
Liam se sonrojó hasta las orejas, pero sonreía.
Esa noche, en casa, el colgante del sol era un secreto ardiente bajo mi suéter. Mis padres cenaron en silencio, como siempre. Mi madre murmuró algo sobre los pájaros que migraban, mi padre refunfuñó sobre el trabajo. Pero yo llevaba un pequeño universo de luz contra mi piel, y por primera vez, su indiferencia no logró apagarlo.
La mañana de mi cumpleaños amaneció con un cielo gris perla, pero para mí, era dorado. Dieciseis años. La edad en que todo podía empezar o todo podía desmoronarse. Hoy, elegía creer en el comienzo.
Mis amigas me recibieron en la entrada de la escuela con globos, abrazos estridentes y una corona ridícula que decía "PRINCESA 16". Me la colocaron entre risas, y por una vez, no me sentí avergonzada, me sentí querida.
—El plan es el siguiente—explicó Dayna, rodeándome con un brazo. Después de clases, te llevamos a 'La Tetera Roja', todo está listo.
Rael se acercó por detrás y me tomó de la mano, su colgante lunar brillando junto al mío.
—Feliz cumpleaños, Eli— murmuró en mi oído, y un escalofrío de pura felicidad me recorrió la espalda.
Las horas de clase pasaron en un lento tic-tac de anticipación. Hasta los profesores parecían sonreír con complicidad. En el recreo, incluso Alexia me llamó por videollamada desde otro país, con una pancarta hecha a mano y los ojos brillantes. "¡Lo lograste, Eli! ¡Estoy tan orgullosa de ti!"
Era demasiada bondad, mi corazón, acostumbrado a la escasez, no sabía cómo manejar tanta abundancia.
La tarde llegó, y cuando empujaron la puerta de 'La Tetera Roja', el mundo estalló en un coro de "¡Sorpresa!". El lugar era minúsculo y acogedor, con paredes de ladrillo visto, mesitas bajas y un escenario no más grande que mi habitación, pero tenía luces, pequeños focos cálidos que creaban un círculo mágico en el centro.
Allí estaban. Claris, Dayna, Rowena, Valeria, Liam y Rael, mi familia, mi banda.
—¡Muchas gracias chicos!—reí, sintiendo cómo la felicidad me brotaba por los poros.
—El setlist, señorita cumpleañera—anunció Rael, entregándome un papel. Tres canciones. “New Genesis”, “Volveré”... y una sorpresa."
“Volveré” era la primera canción que había terminado por completo.La letra dice que aunque alguien parta, su espíritu regresará para cuidar a quien ama. Era la canción de Aiden y mía.
Nos subimos al escenario. Mis piernas temblaban, pero cuando mis dedos se cerraron alrededor del colgante solar, la calma regresó. Asentí a Valeria. Uno, dos, tres, cuatro...
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Editado: 11.01.2026