Cartas de otoño

Capítulo 26: Donde las palabras no alcanzan.

ATENCIÓN LECTORES, A PARTIR DE AQUÍ DEBEN SABER QUE LA MUSICA SERÁ UN RECURSO QUE LLENARA CIERTOS MOMENTOS DEL LOS EPISODIOS, POR LO QUE TRATEN DE ESCUCHAR LA MUSICA SEÑALA CON UN EMOJI DE AUDÍFONOS Y UN RELOJ. GRACIAS.

Elisa.

🎧The Loneliest - Måneskin

El silencio se había convertido en mi nueva realidad. Tres días después de mi cumpleaños, la casa era una tumba donde yo era la única habitante viva. Cada mañana despertaba con el peso del colgante solar contra mi pecho, un recordatorio cruel de todo lo que me habían arrebatado, mi padre había implementado lo que llamaba "un régimen de corrección": toque de queda inmediato después de clases, teléfono confiscado, y una vigilancia constante que me hacía sentir como un prisionero en mi propio hogar.

Mi padre era un carcelero frío e implacable, su mirada me seguía por la casa, calculando cada uno de mis movimientos. "¿A dónde vas?" era su pregunta constante, incluso cuando solo me dirigía al baño. Mi madre, por su parte, alternaba entre largos períodos de ausencia mental y comentarios cortantes que me dejaban sin aliento. "¿Ya terminaste de soñar, Elisa?" me preguntó esta mañana mientras desayunábamos en silencio, sus palabras resonaron en mi mente durante todo el día.

La Preparatoria Aurora, que antes era mi refugio, se había convertido en otro campo de batalla. Caminaba por los pasillos como un fantasma, evitando todo contacto visual, pero mis amigas no eran fáciles de evadir.

—¡Elisa!—escuché la voz de Claris detrás de mí antes de que pudiera escabullirme hacia mi aula. ¿Dónde te has metido? No contestas ningún mensaje.

Me volví lentamente, forzando una sonrisa que sentía tan falsa como mustia.
—Estoy bien, solo... un poco estresada con los estudios. Ya sabes, exámenes de final de semestre y todo eso.

Valeria me miró con escepticismo, cruzando los brazos.
—¿Desde cuándo te estresas por los estudios? ¿Y qué pasó con los ensayos? Rael está hecho un desastre—dijo preocupada.

El corazón se me encogió al escuchar su nombre.
—No puedo... tengo que concentrarme en la escuela. Mis padres...

—¿Tus padres qué?—insistió Dayna, uniéndose al grupo.

Antes de que pudiera responder, lo vi acercarse, era Rael, sus ojos, que normalmente brillaban con una luz cálida, ahora estaban nublados por la confusión y el dolor. Llevaba puesto su colgante lunar, y el destello plateado me golpeó como un reproche.

—Elisa—dijo suavemente, tomándome del brazo. Necesitamos hablar.

Me dejé llevar a un rincón tranquilo del pasillo, lejos de miradas curiosas. Sus dedos acariciaron mi mejilla, pero yo me aparté instintivamente.

—¿Qué está pasando?—preguntó, su voz quebrada. Desde tu cumpleaños... es como si hubieras desaparecido. Recibí tu mensaje, pero no entiendo. ¿Por qué me pides perdón?

Las lágrimas amenazaban con brotar, pero las contuve con fuerza.
–No puedo explicarlo, Rael, solo... no puedo verte más, no puedo estar en la banda.

—¿Tus padres?—susurró, y en sus ojos vi que lo entendía, pero no podía aceptarlo. Ellos no pueden decidir...

—Sí pueden hacerlo—interrumpí, mi voz más áspera de lo que pretendía. Y lo han hecho. Por favor, no me hagas esto más difícil.

Antes de que pudiera responder, giré sobre mis talones y me alejé rápidamente, sintiendo cómo su mirada me quemaba la espalda. Cada paso era una agonía, pero sabía que era necesario, no podía arrastrarlo a mi infierno particular.

En clase, me senté en mi asiento habitual, tratando de ser invisible. Noté que Arek me observaba desde dos filas más adelante. Su mirada era la misma de siempre: cargada de desprecio y una superioridad que me hacía hervir la sangre. Cuando nuestros ojos se encontraron por un instante, sus labios esbozaron una sonrisa burlona antes de volver a su cuaderno, como si supiera exactamente lo que estaba pasando y disfrutara de mi miseria.

El anuncio llegó durante la cuarta hora. El director habló por el sistema de altavoces sobre el "Concurso de Bandas de Invierno Aurora", con las eliminatorias comenzando la siguiente semana. Sentí un dolor agudo en el pecho, esto era lo que tanto habíamos esperado, y ahora no podría ser parte de ello.

Durante el recreo, me escondí en la biblioteca. Necesitaba un momento de paz, lejos de las miradas curiosas y las preguntas que no podía responder, pero la paz no estaba destinada para mí.

—Bueno, bueno, si no es la Princesa Wattpad—dijo una voz familiar justo detrás de mí.

Arek.

—Parece que tu cuento de hadas se está desmoronando—continuó.

No me volví, continuando con mi pretensión de leer.
—No tengo tiempo para tus juegos, Arek.

—¿Juegos?—se rió, moviéndose para ponerse frente a mí. Solo observo el espectáculo. La valiente cantante que se enfrentaba a todos ahora huye como una rata asustada, debe ser que la realidad finalmente te alcanzó.

Me levanté, tratando de ignorar cómo mis manos temblaban.
—Déjame en paz.

—¿Por qué? ¿Acaso tu noviecito no te protege más?–su sonrisa era venenosa. O tal vez finalmente entendiste tu lugar. No todos estamos destinados a ser protagonistas, Sevilla, algunos solo somos el público que se ríe de los que intentan demasiado.

Cada palabra era un cuchillo, pero lo que más dolía era que parte de mí temía que tuviera razón. ¿Estaba intentando demasiado? ¿Estaba destinada a ser solo una espectadora de mi propia vida?

—Al menos yo lo intento—logré decir, aunque mi voz sonaba débil. Tú solo sabes destruir.

—Destruir es más honesto que crear fantasías—replicó él, su mirada fría como el hielo. Pero no te preocupes, seguiré aquí para ver cómo caes. Es el mejor espectáculo que he tenido en años.

Se alejó con esa risa condescendiente que tan bien conocía, dejándome temblando de rabia e impotencia, lo odiaba, lo odiaba más que a nada en este mundo, porque en sus palabras siempre había un grano de verdad que me envenenaba por dentro.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.